Participación de las mujeres en la revolución rusa

'La participación de la mujer en los procesos revolucionarios' fue la Revolución Rusa, que se realizó en el hall de la Vicepresidencia del 7 al. Rabotnitsa, 16 Marchp. La Primera Guerra Mundial transformó el rol social de las mujeres en Rusia. La Revolución Rusa y el nacimiento de la URSS La revolución rusa sin duda marcó la historia de la humanidad. Ella no sólo demostró la capacidad política de la clase trabajadora para dirigir su destino, sino que entre otros grandes avances garantizó por primera vez en la historia la participación política plena a las mujeres más explotadas y oprimidas. Más de 100.000 personas, en su mayoría mujeres, chocaron contra la policía en los diferentes disturbios que se iniciaron por toda la ciudad. La Revolución Rusa acababa de comenzar. El incendio de febrero. La participación de las mujeres en la huelga que hizo estallar la revolución no era un hecho aislado. Disturbios en San Petersburgo (Petrogrado) el 17 de julio de 1917. Por lo tanto, podemos afirmar que las soldatki y las mujeres fueron uno de los pilares sobre los que se asentó la Revolución Rusa, con un papel mucho más importante en el periodo que transcurre entre 1914 y la revolución de octubre de 1917, donde ejercieron un protagonismo menor. Es vital recordar, un día como hoy, que ... Cuando se habla de la Revolución Rusa, el protagonismo suele ser de los hombres. Sin embargo, hubo mujeres que tuvieron un papel muy relevante antes, durante y después de la toma de poder ... Es un hecho claro e incontrovertible que, sin la participación de las mujeres, la Revolución de Octubre no hubiese podido llevar la Bandera Roja a la victoria. Alexandra Kollontai La densa red de opresión con que envuelve el capitalismo a la mujer trabajadora alcanza también a su papel en la lucha por la emancipación de la Humanidad. Motivo de conmemoración para nosotras, mujeres trabajadoras de todo el mundo, la Revolución Rusa está cumpliendo 90 anos. Cuando Lenin dijo que el Estado Obrero ruso hizo más por la mujer en algunos meses que todos los países capitalistas en décadas, lo que quería decir es que el Estado Obrero no esperó un minuto para resolver los problemas más apremiantes de las mujeres en el plano ... El papel de la mujer en la Revolución Rusa lo resume mejor Lenin, quien en una conversación con Klara Zetkin en 1920 dijo: 'las mujeres trabajadoras actuaron espléndidamente durante la ... Si bien en el calendario occidental el Día de la Mujer correspondía al 8 de marzo, el calendario que regía en Rusia en esa fecha, a la sazón el Juliano, se hallaba rezagado respecto del resto del mundo en 13 días. Por tanto, la Revolución de Febrero que se produjo en ese mes en A CIEN AÑOS DE LA REVOLUCIÓN RUSA Las mujeres y la revolución Rusa: nuestra tradición insurrecta. El siguiente artículo corresponde al especial '100 años de la Revolución Rusa', presente en la edición nº2 de la Revista Ideas de Izquierda.

LAS MENTIRAS DE LAS SANCIONES CONTRA RUSIA Y LA AGENDA IMPERIALISTA DE LA OTAN

2016.07.15 18:44 felipustero LAS MENTIRAS DE LAS SANCIONES CONTRA RUSIA Y LA AGENDA IMPERIALISTA DE LA OTAN

Washington presionó hace dos años a la Unión Europea para que aplicaran sanciones contra Rusia. El argumento para hacerlo fue, una vez más, falso. Ni Rusia invadió Ucrania, ni Crimea se anexionó por la fuerza. Dos años después se amplían las sanciones culpando a Rusia y a las Repúblicas Populares del este de Ucrania de no cumplir los acuerdos de Minsk. Hagamos un poco de memoria para poner en contexto las actuales circunstancias y desmontar las mentiras sobre las que se basan las sanciones económicas contra Rusia y la escalada militar de la OTAN en Europa:
EE.UU y la UE organizaron y apoyaron un golpe de Estado en Ucrania en 2014 dirigido por partidos políticos y grupos violentos y armados de ideología neonazi, hoy incrustados en el Estado y en el gobierno de Kiev [1]. Los ciudadanos de Crimea y Sebastopol no aceptaron el golpe neonazi del "Euromaidán", y temiendo ser víctimas de la represión de los neonazis instalados en Kiev debido a sus estrechos lazos culturales con Rusia (tal y como estaba ocurriendo ya en aquellos momentos con la población ruso-parlante en el resto de Ucrania), estos ciudadanos decidieron celebrar un referéndum que por una abrumadora mayoría del 96% aprobró la reintegración con su histórica "madre patria". Todo ello pacífica y democráticamente. Nadie desde Occidente ha podido a día de hoy demostrar lo contrario.
Existe desde el inicio del golpe de Estado en Ucrania un relato oficial difundido por los gobiernos y los grandes medios corporativos que denuncia el inicio de un imperialismo militar ruso que avanza hacia Europa a través de Ucrania. Se llegaron a utilizar imágenes falsas donde se podían ver tanques rusos penetrando, supuestamente, en territorio de Ucrania. Este miedo a la (inexistente) invasión rusa dio lugar, según este relato occidental, al origen de una "revolución popular" que buscaba alejarse de la dictadura rusa que les amenazaba, y acercarse a la democracia y la libertad que representa la Unión Europea: la llamada revolución del "Euromaidán" [2]. Sin embargo, a día de hoy, tampoco nadie desde Occidente ha podido verificar ni demostrar con imágenes reales o con pruebas contundentes esta versión de los hechos totalmente inventada, y que sirvió para justificar hace dos años el inicio de las sanciones económicas, financieras, comerciales y políticas contra Rusia.
¿Imperialismo ruso? Es evidente que Rusia, como cualquier otra potencia capitalista o Estado soberano, maneja su propia agenda internacional y se mueve en función de sus propios intereses económicos. Pero, a día de hoy, la realidad constatable muestra que no es Rusia sino EE.UU. quien mantiene 800 bases militares repartidas por todo el mundo, quien ha invadido y arrasado a 70 países (50 de ellos tras la Segunda Guerra Mundial) a lo largo de su historia, y quien actualmente tiene cercada militarmente a Rusia a través de la expansión de la OTAN en el este de Europa, saltándose por cierto todos los compromisos adquiridos por EE.UU. tras la caída de la Unión Soviética [3]. ¿Quién invade a quién? ¿Quién supone un verdadero peligro para la paz mundial?
Según el geógrafo canadiense Jules Dufour, “EEUU ha establecido su control sobre 191 gobiernos que son miembros de la ONU. La conquista, ocupación y supervisión de las diferentes regiones del mundo están apoyadas en una red de bases e instalaciones militares que cubre todo el planeta (continentes, océanos y espacio exterior). Todo esto pertenece al funcionamiento de un extenso imperio, cuyas dimensiones exactas no son siempre fácilmente reseñables. [4]
Recientemente el Consejo Europeo, siguiendo fielmente las órdenes de Washington, ha decidido continuar por ese camino y han decidido ampliar otros seis meses las sanciones contra la Federación de Rusia, hasta el 31 de enero de 2017. En este caso, para seguir justificando esta decisión suicida para la Unión Europea, se hace hincapié en que Rusia (y las repúblicas de Donetsk y Lugansk que según Washington están bajo su mandato) está incumpliendo los acuerdos de Minsk. De nuevo para justificar sus acciones se utilizan argumentos que no se sostienen con los datos en la mano. EE.UU y la UE saben de primera mano que el régimen ucraniano no ha cumplido con ninguno de los puntos más importantes de esos acuerdos firmados [5] en la capital bielorrusa, como el alto el fuego y la retirada de todas las unidades armadas y equipos militares extranjero de Ucrania, la reforma Constitucional que reconozca el estatus soberano de la regiones del Donbass, la celebración de elecciones locales, el fin de la represión así como indultos y amnistías para milicianos y ciudadanos del este, garantizar la ayuda humanitaria, la restauración de las relaciones socioeconómicas con Donbass para cumplir con el pago de pensiones, ayudas sociales, etc. Nada de esto se ha cumplido por parte del régimen ucraniano.
“Lavrov llamó la atención de [Kerry] al hecho de que la llegada de soldados de [EE.UU.] indica que Kiev ha violado sus compromisos de retirar todas las unidades extranjeras y equipos militares del territorio de Ucrania”, reza el comunicado lanzado al respecto por la Cancillería Rusa. Días antes, cerca de 300 paracaidistas estadounidenses de la 173ª brigada aerotransportada llegaron a la ciudad occidental de Ucrania de Yavoriv para la Operación Guardián Sin Miedo que tiene como objetivo entrenar a la Guardia Nacional de Ucrania. [Hispan TV, 23/4/2015]
Casi un año y medio después Ucrania sigue utilizando su artillería pesada para bombardear las regiones independientes del Donbass, aprovechando que las milicias populares habían retrocedido y reducido sus actividades siguiendo precisamente lo firmado en los acuerdos de Minsk [6]. Siguen muriendo civiles inocentes en el este de Ucrania a causa de los bombardeos del régimen ucraniano y la situación humanitaria sigue siendo grave en Donbass [7]. En algunas ocasiones las agencias de noticas y los medios corporativos occidentales recogen estos sucesos, aunque lo hacen de forma secundaria y sin darles la repercusión que se merecen, con la intención de mantener vivo su relato manipulado de los hechos desde el inicio donde Rusia (y los "pro-rusos") es presentada como la potencia invasora y una amenaza para la paz en Europa.
Al menos cinco civiles, entre ellos una mujer embarazada, murieron y otros ocho resultaron heridos hoy en un ataque de las fuerzas ucranianas contra un puesto de control de la autoproclamada república popular de Donetsk (RPD), en el este de Ucrania, denunció la jefatura de las milicias prorrusas. [agencia EFE, 27 de abril de 2016]
EE.UU. continúa utilizando al fascismo en Ucrania como método para mantener la tensión y así justificar la escalada militar contra Rusia, tal y como ha hecho a lo largo de la historia en diferentes puntos del planeta [8]. Es Ucrania quien sabotea los acuerdos de Minsk [9]. Ni el régimen de Kiev ni el de Washington pretenden rebajar la tensión en la zona, puesto que el escenario de una región en paz en el este de Ucrania no sería útil a sus intereses geopolíticos, enfocados en aislar a Rusia romper sus vínculos con Europa. Al igual que ocurre en Oriente Medio y norte de África, EE.UU pretende eternizar los problemas y la desestabilización para justificar así su presencia militar y su intervención en esos países. Todo ello, como siempre, con la complicidad y la participación criminal de la Unión Europea y el resto de la OTAN.
Lo paradójico del asunto de las sanciones económicas es que con los datos en la mano dichas sanciones están perjudicando más a Europa que a Rusia o que al propio EE.UU. [10]. El resultado de estas sanciones para Europa son un mayor agravamiento de su crisis particular y una mayor dependencia de la UE hacia EE.UU, que es precisamente lo que Washington pretende conseguir. No olvidemos que EE.UU y la UE tienen pendiente de aprobar un gigantesco Tratado de Libre Comercio entre ambos bloques atlánticos. Por su parte la Federación de Rusia también ha impuesto sanciones a la UE vetando las importaciones de muchos de sus productos, sobre todo en el sector primario. Además Rusia, debido a las sanciones que sufre, se ha visto obligada a fortalecer sus sectores productivos y a diversificar su economía y sus relaciones comerciales, principalmente hacia Asia y también América Latina, lo cual beneficiará económicamente a Rusia a medio y largo plazo.
Los gobiernos neoliberales europeos, atados y sometidos históricamente a Washington, son al mismo tiempo conscientes del peligro que supone enfrentarse a una potencia energética, económica, nuclear, militar, política y diplomática como Rusia, de ahí que algunos gobernantes (como Hollande, que ha dicho a su llegada a la cumbre de la OTAN en Varsovia, que "Rusia no es un enemigo ni una amenaza") estén aplicando un doble discurso y que algunos países se opongan a las sanciones (Chipre se ha negado a seguir aplicando sanciones contra Rusia). En este sentido hay que señalar que Rusia y Alemania continúan adelante, a pesar de las enormes trabas impuestas por Washington y algunos países europeos, con la construcción del gasoducto North Stream 2, que llevará el gas ruso directamente desde Víborg (Rusia) hasta Greifswald (Alemania) a través del mar Báltico evitando así su paso por Ucrania, lo que supondrá un nuevo varapalo geoestratégico para EE.UU. en su intento de aislar a Rusia y romper sus vínculos con Europa.
Rusia es el eje fundamental junto a China del bloque de los BRICS y de la Organización para la Cooperación de Shanghái (la OCS, una organización militar, política y económica a la que se acaban de incorporar nada menos que India y Pakistán), así como de otros muchos organismos financieros, económicos y políticos que pretenden arrebatar la histórica hegemonía mundial a EE.UU. Organismos como por ejemplo el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras (BAII) que busca desplazar al Banco Mundial y al FMI, dominados por Washington, y del que ya forman parte países europeos como Alemania, Francia, Italia, España o Reino Unido. La puesta en funcionamiento de este organismo financiero fue calificada en abril de 2015 por Larry Summers, ex secretario del Departamento del Tesoro de EE.UU. durante el gobierno de Clinton, como uno de los episodios más dramáticos para la hegemonía norteamericana:
“El mes pasado puede ser recordado como el momento en que Estados Unidos perdió su papel como garante del sistema económico mundial”. [11]
Una vez más hay que resaltar que es ésta pérdida de la hegemonía mundial que se está desarrollando a pasos agigantados - un hecho que nadie niega salvo los fundamentalistas de la globalización capitalista y del imperialismo yanqui - lo que explica la intervención directa o indirecta (a través de grupos terroristas y de mercenarios) de EE.UU-OTAN en acontecimientos como la guerra de invasión contra Libia y más tarde contra Siria, los golpes de estado (golpes suaves) en Ucrania y más recientemente en Brasil, la sanciones y la guerra económica contra Rusia y Venezuela... o la escalada militar de EE.UU. en Europa del este y en Asia oriental.
La reciente cumbre de la OTAN (el brazo armado del poder económico occidental) celebrada en Varsovia el pasado 8 y 9 de julio no ha dejado lugar a dudas: "es el mayor refuerzo de la defensa colectiva de la OTAN desde la Guerra Fría", según lo definió su Secretario General Jens Stoltenberg. Toda una declaración de intenciones que evidencia que EE.UU y la OTAN utilizarán la fuerza y la guerra contra aquellos países (Rusia-China, principalmente, así como sus aliados) que están planteando la construcción de un Nuevo Orden Mundial multipolar basado en otros principios diferentes a los actuales desafiando la hegemonía de Washington. La amenaza de la OTAN es clara y sus destinatarios también [12].
España ha tenido un papel muy destacado en esta cumbre y en la escalada militar que EE.UU. está implementando contra Rusia en Europa. El Pentágono ha revelado que pretende convertir su base militar de Rota (Cádiz), donde EE.UU. ya tiene desplegado su escudo antimisiles, en uno de sus tres principales recintos militares en todo el mundo. En un documento llamado "Global in route strategy" el Pentágono pide elevar la categoría de la base española del nivel Tier II al nivel Tier I, el máximo posible dentro de su clasificación. Por otro lado, el presidente en funciones de España, Mariano Rajoy, afirmó durante su intervención en la cumbre de la OTAN celebrada en Varsovia, que España "apoya decididamente la nueva presencia avanzada en el flanco oriental" y que espera que "pronto podamos anunciar una contribución española". También añadió que España está incrementando el gasto y la inversión militar, tal y como EE.UU. está exigiendo a sus aliados de la OTAN [información de Hispan TV, 8/7/2016].
Y todo esto, queridos lectores, estas decisiones de gran calado para el país, son tomadas por un gobierno y un presidente en funciones, sin que antes se haya producido un debate en el Congreso de los Diputados, sin que exista siquiera un debate en los grandes medios de comunicación, y sin que los ciudadanos españoles se enteren de nada de lo que está ocurriendo y de las implicaciones que esto conlleva. Absolutamente nada.
“Rota puede ser el ancla de la ruta por el Atlántico central. Proponemos que su estatus sea elevado a Tier I porque, entre otros motivos, prevemos un aumento de las operaciones de movilidad destinadas a África”, recomienda el Pentágono. [agencia Sputnik, 6/7/2016]
Parece claro que los propietarios de las grandes corporaciones financieras e industriales occidentales, que son quienes dirigen realmente a los gobiernos títeres de la OTAN, a los organismos internacionales y a los medios corporativos de su propiedad, están dispuestos a seguir haciendo negocio sobre los cadáveres de miles de personas y la reconstrucción de cientos de ciudades y pueblos destruidos por ellos mismos. El negocio de la guerra, la "ayuda humanitaria", la reconstrucción, la Deuda Pública impuesta sobre los países arrasados... parecen ser muy rentables.
En resumen, las sanciones contra Rusia se basan en mentiras y falsedades, y sólo perjudican a una Unión Europea en crisis permanente que sigue fielmente las órdenes de un imperio en decadencia que conduce premeditadamente a Europa hacia el abismo para no perder su histórico dominio sobre el continente.
http://adolfof.blogspot.com.es/2016/07/las-mentiras-de-las-sanciones-contra.html
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2016.06.07 03:19 ShaunaDorothy Del boicot electoral al pacto CNTE-AMLO - Trotskismo vs. populismo radical sobre la democracia burguesa ¡Defender a la CNTE! ¡Romper con AMLO! ¡Por un partido obrero! (Noviembre de 2015)

https://archive.is/gGFsh
Espartaco No. 44 Noviembre de 2015
La indignación masiva tras la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa en septiembre de 2014 intersecó el descontento ante la creciente miseria, la enorme desigualdad, la represión constante y la sucesión de “reformas” dirigidas contra la clase obrera y todos los pobres —como la reforma educativa—. En los meses previos a las elecciones intermedias del 7 de junio, las acciones a tomar por parte de los opositores al gobierno fueron el centro del debate en asambleas de estudiantes y profesores, en la prensa burguesa e incluso en programas de televisión. Bajo estas circunstancias el llamado de la CNTE, los normalistas y los padres de los desaparecidos por el boicot electoral encontró eco.
Por su parte, el gobierno trataba de convencer a la población de que las elecciones son el único medio para efectuar un cambio. Pero mientras el INE emitía comunicados en los que se declaraba “por paz y libertad”, Peña Nieto despachaba a miles de elementos adicionales del ejército, la marina y la policía federal para ocupar Oaxaca, Guerrero, Chiapas y Michoacán. El día de los comicios hubo decenas de detenidos entre los boicotistas. Un ataque contra manifestantes en Tlapa, Guerrero, dejó un maestro muerto y varios lesionados. La venganza contra el magisterio siguió con órdenes de aprehensión contra al menos 19 maestros.
Aun así, los combativos profesores llevaron a cabo un paro nacional magisterial a mediados de octubre contra la reforma educativa; la SEP anunció sanciones contra más de 85 mil maestros que se unieron al paro, y cuatro de ellos fueron detenidos el 29 de octubre mientras participaban en un plantón en Oaxaca y fueron enviados al penal de alta seguridad del Altiplano. Nosotros decimos: ¡Libertad inmediata a todos los maestros detenidos!
Varias de las protestas del último año en torno a Ayotzinapa han tenido un carácter masivo; sin embargo, en la medida en que se puede hablar de un movimiento, éste es extremadamente heterogéneo: desde organizaciones religiosas y elementos de la pequeña burguesía urbana acomodada hasta activistas izquierdistas, campesinos, maestros y estudiantes rurales pobres. La clase obrera no se ha movilizado sino como individuos atomizados, excepto por trabajadores universitarios (STUNAM, SITUAM) y ocasionales contingentes de telefonistas.
Impresionados por la magnitud de algunas de las movilizaciones, muchos activistas, dirigentes magisteriales y otros hablan continuamente de la “crisis política”. Al menos hasta hace unos meses, muchos discurrían sobre la inminente caída de Peña Nieto debido a su “ilegitimidad” y a la “descomposición del estado”. A pesar del descontento evidente y del llamado al boicot electoral de la CNTE y sus aliados, en las elecciones de junio —donde se eligieron nuevos diputados federales, nueve gobernadores y una miríada de cargos locales—, el PRI se consolidó como la primera fuerza política al nivel nacional; casi un tercio de quienes votaron lo hicieron por este partido. El PRI ganó el “carro completo” en varios estados.
En cuanto a las elecciones de diputados federales, en muchos de los principales centros industriales del país —como Cuautitlán Izcalli y Tultitlán en el Estado de México, todos los municipios de la zona conurbada de Monterrey, León y Silao en Guanajuato, Tepeapulco (Ciudad Sahagún) en Hidalgo, la zona conurbada de Puebla y la de Querétaro— ganaron el PAN o el PRI, en algunos casos arrasando en las votaciones.
El PRD burgués parece ir en picada, habiendo obtenido la segunda votación más baja de su historia con poco más del 10 por ciento de los votos. De manera significativa, el PRD pasó a ser segunda fuerza en su bastión histórico, la Ciudad de México, donde fue derrotado por el Morena de AMLO, que ha surgido como pieza de recambio del desacreditado PRD para mantener el descontento dentro de los límites de la democracia burguesa electorera.
Si bien se mostró cierto hartazgo con los partidos burgueses tradicionales (PRI, PAN, PRD), éste no necesariamente estuvo encaminado en una dirección izquierdista. En la competencia para la gubernatura de Nuevo León, por ejemplo, arrasó un candidato “independiente”, Jaime Rodríguez “El Bronco”, en realidad un priísta de carrera (más de tres décadas en el PRI) que renunció a su viejo partido apenas unos meses antes de la elección. “El Bronco” es un populista de derecha con una pose de macho en la “guerra contra el crimen”, que alardea una imagen de kulak (campesino rico) “emprendedor” —en pocas palabras, un Fox regio—.
Sin duda, muchos izquierdistas deben estar decepcionados por estos resultados y por el escaso efecto del movimiento por el boicot electoral. De hecho, el nivel de participación —alrededor del 48 por ciento— fue el más alto para elecciones intermedias en casi dos décadas, e incluso el voto nulo fue más bajo que en 2009. Si uno no sale del marco de la democracia burguesa, parecería que Peña Nieto y el PRI están perfectamente “legitimados”. Se necesita romper ese marco; el camino hacia delante se encuentra en los métodos de la lucha de clases, una perspectiva que depende del combate por un nuevo tipo de dirigencia obrera. En el curso de esa lucha, será posible forjar un partido obrero revolucionario, como los bolcheviques de Lenin y Trotsky, que sea el tribuno de todos los oprimidos en el camino hacia nuevas revoluciones de Octubre.
¡Romper con AMLO y el Morena burgués!
El principal obstáculo para la movilización del poder de la clase obrera en México es el populismo nacionalista burgués. Con López Obrador como su principal representante en México —o el difunto Hugo Chávez en Venezuela—, el populismo es simplemente una política alternativa para administrar el capitalismo. Con el objetivo de borrar toda distinción de clases, la ideología nacional-populista manipula la realidad del yugo imperialista sobre los países neocoloniales y la justa aspiración de las masas por la emancipación nacional. Así, el nacionalismo burgués sirve como el principal cemento ideológico para mantener al proletariado atado a la burguesía. El imperialismo es un sistema de dominación y explotación mundial; la economía mexicana entera está subordinada a los imperialistas, y ningún ala de la burguesía nacional es capaz de romper con ellos. Lo más que buscan los populistas burgueses es renegociar los términos de su propia subordinación con sus amos imperialistas, buscando apoyo en el proletariado local. A través de concesiones a obreros y oprimidos y mediante retórica “antineoliberal”, el populismo fortalece las ataduras de los explotados con sus explotadores en casa y ayuda a perpetuar este brutal régimen.
La perspectiva política de la mayoría de las organizaciones de la izquierda mexicana parte de la misma negación populista de la división fundamental de la sociedad en dos clases antagónicas con intereses irreconciliables: el proletariado y la burguesía. El populismo sustituye este entendimiento científico con una división simplista entre pobres y ricos, y oscurece el papel central de la clase obrera como el agente fundamental del cambio social. El programa populista se reduce pues a reformas democráticas dentro del marco capitalista y es nacionalmente estrecho. Así, independientemente de su combatividad e intenciones, los populistas radicales terminan orbitando inevitablemente en torno al PRD o, ahora, al Morena de AMLO.
Uno de los casos más ejemplíficos es el de la Sección XXII de la CNTE-SNTE en Oaxaca, que ha soportado estoicamente los embates gubernamentales y ha llevado a cabo múltiples paros y movilizaciones en la última década. En 2006, en el punto más álgido de la lucha de la APPO (Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca), organizada e impulsada por la Sección XXII, los maestros llamaron por un voto de castigo al PRI y al PAN en las elecciones federales, es decir (y no veladamente), un voto por el PRD y su candidato AMLO. Ahora, tras llamar por el boicot en las elecciones intermedias la Sección XXII ha concertado, según diversas fuentes, una alianza electoral con el Morena burgués para el 2016.
Los actuales dirigentes de la clase obrera —trátese de las grotescamente serviles burocracias priístas o las venales burocracias supuestamente “independientes” y en realidad atadas al PRD o al Morena burgueses— no buscan más, en el mejor de los casos, que mejorar las condiciones de explotación de la clase obrera bajo el capitalismo. Atando a los obreros a sus enemigos acérrimos, los falsos dirigentes sindicales malgastan el poder social del proletariado ante la ofensiva patronal.
La democracia burguesa, un engaño para explotados y oprimidos
La democracia capitalista es una de las formas políticas que asume la dictadura de la burguesía. Bajo este sistema, la clase obrera se ve reducida políticamente a individuos atomizados. La burguesía puede manipular eficazmente al electorado gracias a su control sobre los medios de comunicación, el sistema educativo y otras instituciones que forman la opinión pública. En todas las democracias capitalistas, los funcionarios del gobierno, elegidos o no, están esencialmente en el bolsillo de los bancos y las grandes corporaciones.
En 1888, Paul Lafargue, el yerno de Marx, definió así la “democracia” actual:
“El parlamentarismo es un sistema gubernamental que da al pueblo la ilusión de que rige por sí mismo los destinos del país, cuando realmente todo el poder está concentrado en manos de la burguesía, y ni siquiera de toda la burguesía, sino de algunas capas sociales ligadas a esa clase...
“En la sociedad burguesa, cuanto más considerable es el patrimonio social, menor es el número de los que se lo apropian. Lo mismo ocurre con el poder: a medida que crece la masa de ciudadanos que gozan de derechos políticos y de gobernantes nombrados por elección, el poder efectivo se concentra y llega a ser el monopolio de un grupo de personalidades cada vez más reducido”.
—citado en Trotsky, Terrorismo y comunismo (Anti-Kautsky), 1920
La democracia parlamentaria —que existe principalmente en los países imperialistas ricos y que en el Tercer Mundo es una delgada capa de revestimiento a la brutalidad policiaco-militar cotidiana— le da al grueso de la población la oportunidad de decidir cada cierto número de años qué representante de la clase dominante va a reprimirla. Como explicó Lenin en su polémica de 1918 La revolución proletaria y el renegado Kautsky:
“No hay ningún estado, ni siquiera el más democrático, cuya constitución no presente algún resquicio o salvedad que permita a la burguesía lanzar las tropas contra los obreros, declarar el estado de guerra, etc., ‘en caso de alteración del orden’ y, en realidad, en caso de que la clase explotada ‘altere’ su situación de esclava e intente hacer algo que no sea propio de esclavos”.
Estrategia y tácticas en torno a las elecciones
El entendimiento marxista de que la democracia tiene un carácter de clase no excluye que los comunistas tomen parte en elecciones. Sin embargo, nuestra actitud hacia éstas emana de nuestro fin estratégico: la conquista del poder estatal por el proletariado mediante la revolución socialista. Así, los espartaquistas apoyamos la participación de la clase obrera en la política, pero esto no significa escoger entre las candidaturas que nos presenta la burguesía. Nos oponemos por principio a votar por cualquier partido burgués —PRI, PAN, PRD, Morena y sus satélites—. Independientemente de las formas, sus candidatos defienden la propiedad privada de los medios de producción, y no actuarán contra sus propios intereses —la preservación de este sistema de explotación—. Estamos por la participa- ción independiente de los obreros. En este momento, no existe en México un partido obrero, ni un candidato que trace siquiera una tenue línea de clases. Bajo estas circunstancias no podemos más que hacer propaganda marxista en la lucha por quitar los obstáculos ideológicos en el camino al futuro partido independiente del proletariado.
Los comunistas podemos participar, como opositores, en los parlamentos y otros cuerpos legislativos como tribunos revolucionarios de la clase obrera, es decir, no con el fin del “trabajo práctico” legislativo reformista, sino para la agitación y la propaganda revolucionarias, para convencer a los obreros y campesinos de que el parlamento —esa institución hostil del enemigo de clase— merece ser disuelto por ellos mismos.
Por otro lado, nos oponemos a que los marxistas se postulen para puestos ejecutivos del estado capitalista —como presidente, gobernador, alcalde, etc.— y, evidentemente, a que los ocupen. A diferencia del parlamento, el poder ejecutivo no puede ofrecer ninguna tribuna para la agitación y la propaganda revolucionarias. La autoridad ejecutiva manda sobre los “destacamentos especiales de hombres armados” que conforman el núcleo del aparato estatal; la destrucción revolucionaria de ese estado implica necesariamente un ajuste de cuentas con el ejecutivo. El problema con postularse para puestos ejecutivos es que presta legitimidad a las concepciones dominantes y reformistas respecto al estado —la ilusión de que el estado burgués puede ponerse al servicio de la clase obrera—. Todo nuestro propósito es llevar a los obreros el entendimiento de que en cualquier revolución socialista el estado burgués debe ser destruido y remplazado por la dictadura del proletariado. Participar en elecciones para puestos ejecutivos representa, pues, un obstáculo a nuestra meta estratégica.
¡Por un gobierno obrero y campesino!
Lo que distingue a la clase obrera, independientemente de su nivel de vida, de otras capas de la sociedad, como los campesinos, es que los obreros son los agentes directos de la producción. La clase obrera produce la mayoría de los bienes y servicios que hacen funcionar a la sociedad, lo cual le da un enorme poder social. No siendo dueña más que de su propia fuerza de trabajo, la clase obrera no tiene interés alguno en la conservación del orden burgués. Así, el poder social obrero puede utilizarse no sólo para echar atrás ataques particulares, sino para poner fin a todo el sistema capitalista inhumano centrado en la búsqueda de ganancias.
En su lucha contra el capitalismo, el proletariado tiene un interés vivo en erigirse como el dirigente de todos los explotados y oprimidos —los campesinos pobres, la pequeña burguesía urbana arruinada, las mujeres, los indígenas, los homosexuales y otras minorías—, pero para que esto sea posible es necesario luchar por la independencia de clase del movimiento obrero frente a todas las alas de la burguesía nacional. Ésta es la esencia programática de la teoría de la revolución permanente, que explica que las aspiraciones de los obreros y campesinos —los derechos democráticos y nacionales y la emancipación social— sólo pueden conseguirse mediante una revolución proletaria que destruya al estado burgués y establezca la dictadura del proletariado apoyada por el campesinado —un gobierno obrero y campesino— sobre la base de la colectivización de los medios de producción. La revolución debe extenderse internacionalmente, especialmente a los países capitalistas avanzados, pues una economía planificada internacionalmente es el único medio a través del cual se podrá comenzar a eliminar realmente la escasez y la miseria que aquejan hoy al grueso aplastante de la humanidad.
Lo que escribió Trotsky en su artículo de 1939, “Tres concepciones de la Revolución Rusa”, tiene total vigencia para el mundo subdesarrollado hoy día:
“La victoria total de la revolución democrática en Rusia es inconcebible de otra manera que a través de la dictadura del proletariado apoyada en el campesinado. La dictadura del proletariado, que inevitablemente pondrá a la orden del día no sólo tareas democráticas sino también socialistas, dará al mismo tiempo un poderoso impulso a la revolución socialista internacional. Sólo el triunfo del proletariado en Occidente evitará la restauración burguesa y permitirá construir el socialismo hasta sus últimas consecuencias”.
Asamblea constituyente y “poder popular” vs. poder soviético
El llamado por el “poder popular” representa la perspectiva nacional-populista imperante entre quienes se han movilizado contra el gobierno en el último año, en tanto que borra la división de la sociedad en clases a favor de la abstracción del “pueblo”. Por otro lado, el renovado uso de la consigna por una asamblea constituyente da concreción al ansiado “poder popular”. Ésta es la terminología en boga para expresar la ilusión en la reforma democrática del estado capitalista.
Los espartaquistas nos oponemos, como cuestión de principios, al llamado por una asamblea constituyente; la razón fundamental es que se trata de un gobierno burgués. La noción de una “asamblea constituyente revolucionaria” tiene raíz en el periodo en que la burguesía era una clase revolucionaria enfrentada con el orden feudal, y evoca en particular a la Gran Revolución Francesa. Para finales del siglo XIX, el advenimiento del imperialismo significó que el periodo revolucionario de la burguesía había quedado atrás al nivel global. Dado el carácter reaccionario de la burguesía en nuestra época imperialista, no puede haber un parlamento burgués revolucionario.
Al imaginar que los explotados y oprimidos participarán efectivamente en la administración estatal —el “poder popular”— por medio de una asamblea constituyente, estos izquierdistas hacen abstracción del poder real en la sociedad burguesa, que no está en el parlamento, sino en la bolsa y en los bancos, con su ejército y su policía armados hasta los dientes —el núcleo del estado al lado de los tribunales y las cárceles—. Pasan por alto también una verdad innegable: la clase obrera y los pobres no tendrán ningún poder efectivo en tanto que se mantenga la dictadura del capital, en tanto que la economía entera esté destinada a engordar los bolsillos de unos cuantos capitalistas.
Sólo la revolución socialista integrará genuinamente a la clase obrera y sus aliados en la administración estatal. Los soviets o consejos —surgidos en Rusia en 1905 y de nuevo en 1917 como los organismos de lucha del proletariado y el campesinado— son los órganos de la democracia obrera, las asambleas donde los obreros y campesinos discuten y toman las decisiones de la política y la administración de los bienes del estado obrero. La democracia soviética es un tipo de democracia más elevado, una forma de la dictadura del proletariado, una forma de dirigir el estado sin la burguesía y contra la burguesía.
Corrigiendo nuestra posición sobre el boicot
El llamado por el boicot a las elecciones del 7 de junio tenía como demandas centrales la presentación con vida de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa y la derogación de la reforma educativa. Dependiendo de las posibilidades percibidas y la perspectiva política propia, el boicot significaba para muchos un simple llamado a no votar o a anular su voto, en tanto que para otros, centrados en la CNTE de los estados de Oaxaca, Guerrero y Chiapas, era un llamado explícito a impedir las elecciones. Tras la negativa de la CNTE a apoyar a AMLO en las elecciones, en un volante fechado el 30 de abril (“¡Ni un voto a los partidos de la burguesía!”), escribimos:
“El llamado por el boicot...es tanto una protesta contra la brutalidad estatal como una expresión del hastío con los partidos electoreros y el circo electoral entero... Los espartaquistas nos solidarizamos con el boicot. Para nosotros, el llamar a no votar en este país no es nada nuevo... Todos los partidos involucrados en la contienda electoral son partidos de la burguesía. Por esta razón fundamental, llamamos a la clase obrera y a todos los explotados y oprimidos a no votar”.
El problema fundamental con estas líneas es que confunden nuestra oposición principista a votar por partidos burgueses con el boicot electoral de la CNTE y sus aliados, una acción coyuntural basada en el hartazgo con la represión y corrupción del PRI, el PAN y el PRD. Ante la inmovilidad de los sindicatos más poderosos —dirigidos por burocracias perredistas o priístas— y el empeño del gobierno en imponer su reforma educativa cueste lo que cueste, las a menudo combativas acciones de la CNTE —que tiene un poder social sumamente escaso— son un reflejo no de un entendimiento clasista, sino de rabia muy justificada y desesperación. Nuestra perspectiva de lucha por la independencia política del movimiento obrero respecto de la burguesía y su estado está contrapuesta a la política dominante en la CNTE y el heterogéneo movimiento de Ayotzinapa; haberlas amalgamado significó embellecer la conciencia actual de las masas en lucha.
Por otro lado, para los marxistas el boicot electoral, entendido como una táctica activa, puede ser un método legítimo y a veces esencial de lucha. Pero, como sucede con cualquier otra táctica, su aplicabilidad debe buscarse en las condiciones objetivas. Para nosotros, el boicot activo significa una ofensiva obrera generalizada —incluyendo huelgas políticas, manifestaciones y otras acciones— contra las instituciones de la democracia burguesa; es una antesala y preparación consciente de la insurrección. Una táctica como ésa sólo tiene posibilidades de triunfar en el contexto de un nivel cualitativamente más alto de lucha de clases del que ha existido en México en muchas décadas, quizá en toda su historia.
En 1907, Lenin argumentó poderosamente contra la aplicación de la táctica del boicot electoral activo en Rusia, que estaba siendo impulsada, irónicamente, por el magisterio y sus dirigentes populistas del partido socialrevolucionario (eserista). La Revolución de 1905 había sido derrotada, y el movimiento obrero ruso luchaba por reagruparse y sobreponerse a la desmoralización en medio de la persecución policiaca, las ejecuciones y la pobreza agudizada por cierres patronales. El boicot, argumentó Lenin, es una negativa a reconocer el viejo régimen, no en palabras sino en hechos:
“Resulta, pues, evidente la relación entre el boicot y un amplio ascenso revolucionario. El boicot es un medio de lucha de lo más decidido, un medio de lucha que no niega las formas orgánicas de una institución determinada, sino la existencia misma de tal institución. El boicot es una franca declaración de guerra al viejo poder, un ataque directo contra él. No cabe ni hablar siquiera de éxito del boicot fuera de un amplio ascenso revolucionario, fuera de una agitación de masas que en todas partes desborde la vieja legalidad”.
—“Contra el boicot”, julio de 1907
Si bien la perspectiva de los maestros mexicanos se mantiene dentro del marco democrático-burgués, y sus objetivos al llamar por impedir las elecciones eran limitados, este intento significaba un enfrentamiento directo con las fuerzas represivas del estado capitalista. En las circunstancias del México actual, el llamado a impedir las elecciones no podía haber triunfado sin la movilización de la clase obrera. Las acciones contra las elecciones se redujeron a algunos municipios principalmente en tres estados rurales del país. Unas 600 casillas de votación no se instalaron o se cerraron por diversos motivos en todo México, de un total de cerca de 150 mil. El saldo, por otro lado, fue de decenas de detenidos y lesionados en enfrentamientos con la policía, además de un maestro asesinado. Correctamente defendimos —y defendemos hoy— a la CNTE contra la represión estatal y los plumíferos de la burguesía escandalizados por la injuria a la sacrosanta democracia, pero debimos haber argumentado y advertido francamente contra el uso de esta táctica bajo las condiciones actuales.
El cinismo “radical” del Grupo Internacionalista
El Grupo Internacionalista (GI) se dedica a ensalzar las luchas existentes, adaptándose al populismo radical y a la falsa conciencia actual de los trabajadores. A lo largo de sus casi 20 años de existencia, el GI ha procurado embellecer a la burocracia de la CNTE —y a las demás burocracias perredistas o del Morena— al inventar una distinción de clase entre esta dirigencia “genuina” y el resto del SNTE, el cual, debido a su subordinación al PRI, sería “el enemigo de clase”. Entusiasmado por el llamado al boicot de la CNTE, el GI veía en las movilizaciones heterogéneas y políticamente amorfas del último año, así como en las acciones del magisterio, “la peor crisis de ‘gobernabilidad’ burguesa del último medio siglo en México” (“México: ¡Repudiar las elecciones bajo la bota militar!”, internationalist.org, junio de 2015). Implicando que los maestros habían trascendido sus ilusiones en la reformabilidad de este sistema —y en particular cualquier ilusión en AMLO y cía.—, el artículo señala: “Como han podido comprobar los normalistas, profesores y trabajadores guerrerenses, todas las formaciones políticas burguesas son corresponsables de las matanzas y medidas de hambre”.
Eufórico, el GI llamaba por ir “del boicot electoral a la huelga nacional” y por generalizar la lucha “en una rebelión de los trabajadores del estado” de Oaxaca. El GI imagina que a fuerza de repetir sus llamados grandilocuentes, éstos se volverán realidad. La aproximación por encantamiento del GI recuerda la del viejo jefe galés Owen Glendower, según el recuento de Shakespeare en Enrique IV, durante una discusión con su joven primo Hotspur. Glendower aseguraba “Yo puedo evocar los espíritus del fondo del abismo”, a lo que Hotspur respondió: “También lo puedo yo y cualquier hombre puede hacerlo; falta saber si vienen, cuando los llamáis”.
Los espíritus del GI no vinieron. Ahora el GI descarga su decepción contra la dirección de la Sección XXII de la CNTE, a la cual culpa de todo y llega a calificar, sin mayor explicación, de “priísta” (“¡Derrotar la embestida contra la CNTE!”, internationalist.org, agosto de 2015) —¡pese a que acababa de concertar un pacto con AMLO!—. Lejos de tratar siquiera de analizar las razones del fiasco del boicot y la renovada ofensiva gubernamental, ¡el GI afirma de pasada que las elecciones del 7 de junio fueron “boicoteadas con gran efecto por los combativos profesores”! Al mismo tiempo, el GI se queja de que la Sección XXII retiró “los piquetes del aeropuerto, de las autopistas, de la refinería y la planta hidroeléctrica”; fustiga el “efecto desmovilizador” del repliegue magisterial y contrapone a los llamados de la CNTE por un paro nacional su propio y constante llamado por la “huelga nacional”.
Consideraciones como la cuestión de la dirigencia, el balance de fuerzas, la organización y la conciencia política de la clase obrera son de poca importancia para el fanfarrón y verbalmente aventurero GI, incluso al llamar por una “rebelión de los trabajadores” limitada a un solo estado abrumadoramente rural. Pero éstas son consideraciones cruciales para el magisterio o cualquier sindicato en lucha, y lo son para nosotros, dado que nuestro propósito es armar al proletariado con la conciencia y la dirección necesarias para librar una lucha victoriosa contra las fuerzas de la clase capitalista.
¡Forjar un partido obrero revolucionario!
Al nivel internacional, nos encontramos en un punto mínimo en la lucha de clases. La sociedad mexicana es históricamente volátil, ha habido lucha social muy significativa en el periodo reciente y el descontento es palpable. Por otro lado, salvo por algunas huelgas aisladas, la clase obrera industrial no ha flexionado sus músculos en mucho tiempo, y ha sufrido derrotas clave como la destrucción del otrora poderoso SME. No podemos saber cuándo estallará la lucha de clases ni cuál será la chispa que la detone. Al luchar por mantener nuestro programa completo y salvaguardar y cultivar las tradiciones revolucionarias del pasado, nos preparamos para el futuro estallido de lucha obrera. Es necesario intervenir en la lucha de clases y social con el programa del marxismo revolucionario, combatiendo para romper las ataduras ideológicas del proletariado con sus explotadores. La labor de los comunistas no es adaptarse a la conciencia existente, sino elevarla, diciendo la verdad a las masas con toda su complejidad.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/44/amlo.html
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2016.06.07 03:07 ShaunaDorothy Protestas en Hong Kong: Punta de lanza de la contrarrevolución capitalista ¡Expropiar a los magnates de Hong Kong! ¡Por la revolución política proletaria en China! (Marzo de 2015)

https://archive.is/phvdQ
Espartaco No. 43 Marzo de 2015
El siguiente artículo es una traducción de Workers Vanguard No. 1054 (17 de octubre), e incorpora una corrección al nombre de una publicación. El Movimiento Paraguas terminó a mediados de diciembre sin haber obtenido concesión alguna de parte del gobierno chino.
Los activistas por la “democracia” respaldados por el imperialismo, que buscan terminar con el control del Partido Comunista Chino (PCCh) sobre el enclave capitalista de Hong Kong, continúan bloqueando calles en algunas partes de la ciudad como lo han hecho desde finales de septiembre. Los manifestantes, conocidos como el Movimiento Paraguas, utilizando la exigencia de sufragio universal como cuña, buscan abrirle paso a los partidos capitalistas de Hong Kong para que ejerzan directamente el poder político. Está en interés de los trabajadores de todo el mundo oponerse a estas protestas. Si la burguesía de Hong Kong se hiciera con el poder político, la isla se convertiría en una plataforma para destruir el estado obrero burocráticamente deformado chino y abrir la China continental a la explotación capitalista desenfrenada.
Un coro de fuerzas reaccionarias, que abarca desde la Casa Blanca y Fox News hasta el Vaticano, ha expresado su apoyo a las exigencias del Movimiento Paraguas. En una reunión el 1° de octubre con el ministro de relaciones exteriores chino, Wang Yi, el secretario de estado estadounidense, John Kerry, subrayó el interés de Washington en las “elecciones libres” en Hong Kong. Gran Bretaña, que mantuvo la isla como colonia durante más de un siglo y medio sin la más mínima pretensión democrática, se sumó a esta exigencia; Nick Clegg, el viceprimer ministro, mandó llamar al embajador chino para expresarle su “consternación y alarma” ante la negativa de Beijing de darle “al pueblo de Hong Kong lo que tiene todo el derecho a esperar”. La “democracia” ha sido uno de los pretextos favoritos para las maquinaciones imperialistas, particularmente durante la Guerra Fría antisoviética. En el caso de las protestas de Hong Kong, sin embargo, los imperialistas han actuado con cierta reserva para no afectar su relación comercial con China.
China no es un país capitalista, aunque sus “reformas de mercado” han abierto las puertas a la inversión a gran escala de las compañías extranjeras y propiciado el surgimiento de una capa de capitalistas en la China continental. La economía china está estrechamente controlada por el régimen del PCCh; los sectores más importantes de la industria permanecen colectivizados y en manos del estado. El objetivo de los imperialistas es destruir el control del estado a través de la contrarrevolución capitalista. Para lograrlo, buscan intervenir económicamente en China y promueven fuerzas contrarrevolucionarias internas como el Movimiento Paraguas. La otra parte de esta estrategia es la presión militar que ejercen EE.UU. y aliados suyos como Japón, subrayada recientemente por una serie de provocaciones en el Mar de China Oriental y el Mar de China Meridional, por no mencionar los vuelos espías en la costa oriental china. La reacción de China ha sido bastante contenida. ¡Basta imaginar la histeria que desataría el gobierno estadounidense si la marina china fuera avistada a 80 kilómetros de las costas de California!
El Hong Kong capitalista representa una oportunidad dorada para que las potencias imperialistas fomenten un “cambio de régimen”. Y vaya que se han esforzado en hacerlo; Washington gasta cientos de miles de dólares al año en financiamientos del Departamento de Estado para desarrollar “instituciones democráticas” en el enclave y capacitar a jóvenes como activistas políticos. También han establecido operaciones de espionaje en Hong Kong, como la intervención de teléfonos celulares chinos operada por la NSA y revelada por Edward Snowden. El Movimiento Paraguas no es más que la última expresión de las manifestaciones “democráticas” anticomunistas que el imperialismo respalda desde que éstas iniciaron hace más de una década. Su exigencia actual de “elecciones libres” surge de la oposición al reciente plan de Beijing, según el cual el ejecutivo en jefe de Hong Kong será elegido a partir de una lista de candidatos aprobada por un comité bajo la influencia del PCCh.
En 1997, cuando Hong Kong regresó a ser parte de China después de estar bajo dominio británico, el PCCh se comprometió a mantener una economía capitalista en Hong Kong bajo el lema “un país, dos sistemas”, un proceso que también otorgó voz a los capitalistas locales en la selección del gobierno. Para los burócratas estalinistas de Beijing, este sistema tenía como objetivo promover la inversión extranjera en la China continental, demostrando a los capitalistas extranjeros que era seguro hacer negocios con China. Cuando tuvo lugar la transición, la Liga Comunista Internacional “se unió a las ovaciones mientras el Imperio Británico podrido perdía su última colonia importante”, pero advertimos que la continuación del capitalismo en Hong Kong era “un puñal dirigido a las conquistas remanentes de la Revolución China de 1949” (Espartaco No. 10, otoño-invierno de 1997). A diferencia de los capitalistas atomizados de la China continental, la burguesía de Hong Kong está políticamente organizada, con partidos que representan sus intereses de clase y una variedad de periódicos y demás medios de comunicación.
La oposición de la LCI al Movimiento Paraguas deriva de nuestra defensa militar incondicional del estado obrero chino contra el imperialismo y la contrarrevolución interna. Llamamos por la expropiación de la burguesía de Hong Kong, incluidas sus propiedades en la China continental. De igual forma, es necesario expropiar a los nuevos empresarios capitalistas en China y renegociar los términos de la inversión extranjera en el interés de los trabajadores. Estos objetivos, sin embargo, plantean la necesidad de la revolución política obrera para derrocar a la venal burocracia de Beijing, que actúa como un cáncer sobre el estado obrero y que, a través de sus políticas, ha envalentonado a las fuerzas favorables a la restauración del capitalismo en China.
Desde hace tiempo, los estalinistas de Beijing promueven la reunificación con Taiwán bajo la misma fórmula de “un país, dos sistemas” aplicada en Hong Kong. La burguesía de Taiwán, que opera bajo la protección militar directa del imperialismo estadounidense, estableció su gobierno sobre la isla después de huir de las fuerzas del PCCh de Mao Zedong. La reunificación con un Taiwán capitalista, por improbable que sea, ayudaría enormemente a las fuerzas de la restauración capitalista en la China continental, mucho más que en el caso de Hong Kong. Estamos por la reunificación revolucionaria: la revolución política proletaria en la República Popular China junto con la revolución socialista proletaria en Taiwán, que resultaría en la expropiación de la burguesía.
El que paga manda
En un útil y revelador reportaje sobre el Movimiento Paraguas aparecido en la revista New Eastern Outlook (1° de octubre), Tony Cartalucci escribe: “Basta identificar a los dirigentes, rastrear el dinero y examinar el modo en que los medios occidentales cubren estos sucesos para descubrir con certeza que, una vez más, Washington y Wall Street están trabajando duro para hacer que la isla china de Hong Kong sea tan difícil de gobernar para Beijing como sea posible”. En particular, Cartalucci detalla el papel de la National Endowment for Democracy (NED, Fundación Nacional para la Democracia), operada por el Departamento de Estado estadounidense —una fundación que estuvo metida hasta el cuello en el golpe, infestado de fascistas, en Ucrania [el año pasado]— y el National Democratic Institute (NDI, Instituto Nacional Demócrata, una subsidiaria de la NED). Las iglesias cristianas, con sus extensos y escabrosos antecedentes de organización de disidentes anticomunistas en los estados obreros deformados, también han jugado un papel prominente en el movimiento. Estas iglesias, herencia del colonialismo británico, constituyen una poderosa fuerza para la reacción social en Hong Kong, donde hay una iglesia prácticamente en cada calle.
El Movimiento Paraguas emergió de una huelga estudiantil del 22 de septiembre convocada por la Federación de Estudiantes de Hong Kong y una organización de estudiantes de secundaria y preparatoria llamada Escolarismo. Cada 1° de julio, la Federación de Estudiantes forma una parte significativa de las protestas contra el hecho de que la antigua colonia británica haya sido devuelta a China. Escolarismo es fundamentalmente la creación de Joshua Wong, de 18 años de edad, que se convirtió en activista político bajo la tutela de sus padres, militantes religiosos. (Su padre, un alto mando de la iglesia luterana, es un aguerrido opositor a los derechos homosexuales). Wong dio sus primeros pasos en la política, y se ganó la aprobación del NDI, organizando una campaña contra el temario escolar pro-Beijing, al que acusaba de ser “un lavado de cerebro”.
Otra fuerza en las protestas a favor de la “democracia” capitalista es la dirección de Occupy Central, que mantiene, desde hace tiempo, estrechos lazos con los imperialistas. El más celebrado de los fundadores de Occupy, el profesor de derecho Benny Tai, es un ponente habitual en los eventos patrocinados por la NED. Otros dirigentes incluyen a Chu Yiu-ming, un ministro de la iglesia bautista que ayudó a llevar disidentes procapitalistas a EE.UU. después de las protestas de 1989 en la Plaza Tiananmen de Beijing, y Martin Lee, presidente y fundador del capitalista Partido Demócrata de Hong Kong y ganador del Premio a la Democracia otorgado por la NED en 1997. En abril de 2014, Lee y la también dirigente de Occupy, Anson Chan, viajaron a Washington, donde se entrevistaron con [el vicepresidente] Joe Biden y [la congresista republicana] Nancy Pelosi. Otro líder de Occupy Central, el magnate de los medios Jimmy Lai, negó estar conspirando con EE.UU. después de que en mayo se reuniera por cinco horas en su yate privado con su “buen amigo”, el antiguo subsecretario de defensa estadounidense y neoconservador, Paul Wolfowitz (Standard de Hong Kong, 20 de junio).
Después de que la policía usara gas lacrimógeno y gas pimienta para desalojar a los estudiantes que habían bloqueado el área alrededor de las oficinas centrales del gobierno a finales de septiembre, la Confederación de Organizaciones Sindicales de Hong Kong (CTU) convocó a una huelga general de un día. Esta organización sindical, que representa fundamentalmente a maestros y oficinistas, forma parte de la tradición anticomunista de “sindicatos libres” respaldados por los imperialistas, en contraste con la Federación Sindical de Hong Kong, favorable a Beijing. Entre los patrones que respaldaron la huelga de la CTU se encuentra la compañía publicitaria McCann Worldgroup Hong Kong, que le hizo saber a sus empleados que “la compañía no castigará a nadie que apoye algo más importante que el trabajo” (South China Morning Post, 30 de septiembre).
No hay duda alguna acerca de la naturaleza reaccionaria de las protestas “democráticas”, dominadas por estudiantes y otros estratos pequeñoburgueses. Un manifestante le dijo al New York Times (7 de octubre) que prefería “ser gobernado por un país democrático”; su playera con la bandera británica, el delantal de carnicero de los antiguos gobernantes coloniales de Hong Kong, dejó en claro a qué se refería. Los manifestantes frecuentemente combinan el anticomunismo más descarado con el altivo desdén por los habitantes de la China continental, a los que se refieren despectivamente como una “plaga”.
Hong Kong: Maquiladora de “cuello blanco”
La Revolución China de 1949 tuvo una importancia histórica mundial. Cientos de millones de campesinos se levantaron y tomaron la tierra en la que sus ancestros habían sido explotados desde tiempos inmemoriales. La creación subsecuente de una economía colectivizada y centralmente planificada sentó las bases para un progreso social enorme. La revolución permitió un avance exponencial en la situación de la mujer respecto a la condición miserable en la que vivían, arraigada en prácticas confucianas como el matrimonio forzado. Una nación que había sido expoliada y dividida por las potencias extranjeras logró unificarse (con la excepción de Hong Kong, Taiwán y Macao) y liberarse del yugo imperialista.
Sin embargo, la dirección del PCCh de Mao Zedong, una casta burocrática montada sobre el estado obrero, hizo que la revolución estuviera deformada desde el inicio. A diferencia de la Revolución de Octubre rusa de 1917, llevada a cabo por un proletariado con conciencia de clase dirigido por el internacionalismo bolchevique de V.I. Lenin y León Trotsky, la Revolución China de 1949 fue el resultado de una guerra de guerrillas campesina dirigida por las fuerzas nacionalistas estalinistas de Mao. Los regímenes de Mao y sus sucesores (incluido el actual, Xi Jinping), modelados a partir de la burocracia estalinista que usurpó el poder político en la Unión Soviética en 1923-24, han predicado la noción profundamente antimarxista de que el socialismo, una sociedad igualitaria y sin clases, basada en la abundancia material, puede construirse en un solo país. En oposición a la perspectiva de la revolución obrera internacional, el “socialismo en un solo país” siempre ha significado acomodarse al imperialismo mundial.
Un ejemplo notorio es la actitud de la dirección del PCCh con respecto al dominio de Gran Bretaña sobre Hong Kong. Durante la guerra civil que antecedió a la Revolución de 1949, Mao ordenó que las fuerzas del PCCh se detuvieran frente al Río Shenzhen, que separa Hong Kong del continente. A cambio, Gran Bretaña estuvo entre los primeros países en reconocer a la República Popular China. En 1959, Mao declaró: “Es mejor que Hong Kong se mantenga como está... Su estado actual todavía nos es útil”. En 1967, comunistas y dirigentes sindicales en Hong Kong organizaron un movimiento de protesta contra el dominio británico, coronado por huelgas a gran escala a lo largo de más de ocho meses. Esta lucha fue traicionada por el régimen maoísta, que prefería mantener relaciones amistosas con los colonizadores imperialistas.
Al mantener Hong Kong como un centro del capital financiero, Beijing otorga a la población ciertas libertades políticas que le niega a la población de la China continental. Estas libertades van de la mano con la reputación de Hong Kong como maquiladora de “cuello blanco”, en la que los oficinistas trabajan frecuentemente doce horas para recibir el salario de ocho. En el periodo previo a 1997, Hong Kong era un centro del comercio y la industria ligera, donde los obreros sufrían una explotación brutal, eran obligados a vivir en condiciones horrendas y carecían de los derechos más básicos. El 80 por ciento de los empleos en la manufactura han desaparecido de la ciudad desde el inicio de la década de 1990, conforme los capitalistas de Hong Kong han trasladado sus operaciones a la China continental. En una de las ciudades más caras del mundo, repleta de tiendas de diseñador y hoteles de lujo, un quinto de la población vive debajo de la línea de pobreza oficial. Para la mayoría de los jóvenes el porvenir pinta muy mal. Pero, mientras tanto, muchos funcionarios corruptos del PCCh continúan enriqueciéndose gracias a sus conexiones con los operadores financieros de Hong Kong.
La situación desesperada de los más de 300 mil trabajadores domésticos de Hong Kong —97 por ciento de ellos provenientes de Indonesia y las Filipinas— subraya de manera especialmente aguda la división de clases en el territorio. Después de vivir por siete años en Hong Kong, otros inmigrantes reciben el derecho al voto. No sucede lo mismo con los trabajadores domésticos. Sin recurso alguno contra los patrones violentos o abusivos, los trabajadores domésticos despedidos deben abandonar el país en un plazo de dos semanas. Como explicaba un artículo de Al Jazeera (30 de septiembre): “Los manifestantes en Hong Kong exigen democracia, pero no para sus trabajadores domésticos”. Nuestra exigencia de expropiar a los magnates de Hong Kong traza una aguda línea de clases contra los manifestantes proimperialistas y hace concreto el llamado por defender y extender las conquistas de la Revolución de 1949.
¡Por la democracia obrera, no la contrarrevolución capitalista!
La democracia capitalista es, en realidad, una de las formas políticas que asume la dictadura de la burguesía. Bajo este sistema, la clase obrera se ve reducida políticamente a individuos atomizados. La burguesía puede manipular eficazmente al electorado gracias a su control sobre los medios de comunicación, el sistema educativo y otras instituciones que forman la opinión pública. En todas las democracias capitalistas, los funcionarios del gobierno, elegidos o no, están esencialmente en el bolsillo de los bancos y las grandes corporaciones.
La democracia parlamentaria, que existe principalmente en los países imperialistas ricos, le da al grueso de la población la oportunidad de decidir cada cierto número de años qué representante de la clase dominante va a reprimirla. Como explicó Lenin en su polémica de 1918 La revolución proletaria y el renegado Kautsky:
“Mil obstáculos impiden a las masas trabajadoras participar en el parlamento burgués (que nunca resuelve las cuestiones más importantes dentro de la democracia burguesa: las resuelven la Bolsa y los Bancos) y los obreros saben y sienten, ven y perciben perfectamente que el parlamento burgués es una institución extraña, un instrumento de opresión de los proletarios por la burguesía, la institución de una clase hostil, de la minoría de explotadores”.
Lenin también enfatizó: “No hay estado, incluso el más democrático, cuya constitución no ofrezca algún escape o reserva que permita a la burguesía lanzar las tropas contra los obreros, declarar el estado de guerra, etc. ‘en caso de alteración del orden’ —en realidad, en caso de que la clase explotada ‘altere’ su situación de esclava e intente hacer algo que no sea propio de esclavos—”.
En su campaña por destruir al estado obrero degenerado soviético y a sus aliados en el bloque oriental, los imperialistas promovieron toda clase de fuerzas contrarrevolucionarias que agitaban la bandera de la “democracia” contra el “totalitarismo” estalinista. Su propósito era derrocar a los regímenes comunistas como fuera, incluidas las elecciones libres en las que los campesinos y otras capas pequeñoburguesas pudieran ser movilizadas junto con sectores de obreros políticamente atrasados contra el estado obrero. Cuando los regímenes estalinistas se acercaban al punto del colapso terminal, las elecciones de 1989 en Polonia llevaron al poder a un gobierno contrarrevolucionario encabezado por Solidarność, cuya consolidación marcó la restauración del dominio capitalista. Un suceso decisivo en la reunificación capitalista de Alemania en la primavera de 1990 fueron las elecciones que ganó la Unión Democrática Cristiana, el partido gobernante del imperialismo alemán.
Al resquebrajarse frente a la ofensiva capitalista, las burocracias estalinistas demostraron que no eran una clase propietaria, sino una casta frágil y contradictoria que descansaba sobre el estado obrero. Una condición clave para la victoria de la contrarrevolución en Europa del Este, Europa Central y en la propia Unión Soviética en 1991-92 fue que la clase obrera, desmoralizada y atomizada después de décadas de mal gobierno estalinista, no actuó para detener las fuerzas de la restauración capitalista y tomar el poder político en su propio nombre. Estas contrarrevoluciones constituyeron una derrota histórica para los trabajadores al nivel mundial. Millones de obreros en los antiguos estados obreros perdieron sus empleos y las prestaciones que tenían garantizadas, los derechos de las mujeres retrocedieron (por ejemplo, con la prohibición del aborto en Polonia) y los pueblos de la antigua Unión Soviética y Yugoslavia se vieron desgarrados por masivos baños de sangre nacionalistas. Mientras tanto, EE.UU. y otras potencias imperialistas se sintieron envalentonadas para extender sus depredaciones alrededor del mundo y contra la población trabajadora en sus propios países.
En China, una contrarrevolución capitalista significaría regresar a la esclavitud imperialista y la destrucción de conquistas sociales históricas. En respuesta a las aspiraciones de los trabajadores tanto en Hong Kong como en el continente de obtener derechos democráticos y un gobierno que represente sus intereses, los trotskistas retomamos el modelo del estado obrero soviético durante sus primeros años. Como explicó Lenin en una polémica contra Kautsky, un enconado opositor a la Revolución de Octubre: “El Poder soviético es el primero del mundo (mejor dicho el segundo, porque la Comuna de París empezó a hacer lo mismo) que incorpora al gobierno a las masas, precisamente a las masas explotadas”.
Una revolución política obrera en China pondría las decisiones sobre el rumbo de la economía y la organización de la sociedad en manos de consejos electos de obreros y campesinos, acabando con los malos manejos y la corrupción de la burocracia. Bajo la dirección de la gigantesca clase obrera china, los sectores no proletarios, como el campesinado, tendrían de hecho una mayor voz mediante su representación en esos consejos de la que tienen en cualquier república capitalista. China ha dado pasos gigantescos en términos de urbanización e industria en las últimas décadas, acumulando al mismo tiempo enormes reservas financieras. Sin embargo, el desarrollo de China en todas las áreas, y particularmente en términos de su actualmente atrasada agricultura, depende crucialmente de la revolución proletaria en los países capitalistas avanzados, que abriría el camino a una economía planificada mundial basada en los niveles más altos de tecnología e industria. Esta perspectiva trotskista, cuya premisa es la defensa incondicional del estado obrero chino contra los imperialistas y los enemigos de clase internos, no tiene nada en común con el programa de contrarrevolución “democrática” del campo proimperialista.
Lamebotas de los demócratas capitalistas
Uno de los ejemplos más flagrantes del apoyo a la causa burguesa en Hong Kong es el de Socialist Action [Acción Socialista], que, al igual que Socialist Alternative [Alternativa Socialista] en EE.UU., forma parte del Comité por una Internacional de los Trabajadores (CIT) de Peter Taaffe. Esta organización, con una reputación falsa de trotskista, tiene una larga y deplorable historia de apoyo a la contrarrevolución capitalista en nombre de la oposición a la dictadura. En la Unión Soviética, entre agosto y septiembre de 1991, los antecesores del CIT en la tendencia Militante se sumaron a las fuerzas de la restauración capitalista en las barricadas de Boris Yeltsin en Moscú. En contraste, nuestra internacional trotskista distribuyó decenas de miles de volantes llamando a los obreros soviéticos a aplastar las fuerzas contrarrevolucionarias dirigidas por Yeltsin y respaldadas por la Casa Blanca de George H.W. Bush.
El CIT, que descarta a China como capitalista y autoritaria, se encuentra entre los porristas más rabiosos del Movimiento Paraguas. Un artículo en China Worker (30 de septiembre) del CIT describe entusiasta la posibilidad de que “la lucha por la democracia se extienda a toda China; la chispa inicial muy bien podría darla el movimiento que protesta en Hong Kong”. ¡El CIT comparte con el Departamento de Estado estadounidense su deseo ferviente de que el movimiento a favor de la “democracia” sea utilizado contra la “dictadura del PCCh” en la China continental!
El CIT sugiere que el Movimiento Paraguas puede convertirse en un nuevo Tiananmen, en referencia a la revuelta entre mayo y junio de 1989 que sacudió a la China continental. Los partidarios de la “democracia” en Hong Kong organizan cada junio una enorme conmemoración del aniversario del levantamiento de Tiananmen, pintándolo como una protesta estudiantil a favor de la democracia capitalista contra el malvado régimen comunista. Nada podría estar más lejos de la verdad.
Los acontecimientos de 1989 alrededor de la Plaza Tiananmen comenzaron con una protesta estudiantil a favor de mayores libertades políticas y contra la corrupción de los altos mandos de la burocracia. Inicialmente, a la protesta se sumaron obreros individuales, pero pronto se unieron contingentes organizados de fábricas y otros lugares de trabajo; la elevada inflación y la creciente desigualdad, causadas por el programa burocrático de construir el “socialismo” a través de las reformas de mercado, empujaron a los obreros a la acción. Aunque algunos jóvenes aspiraban a una democracia capitalista estilo occidental, las protestas estuvieron dominadas por el canto de La Internacional —el himno internacional de la clase obrera— y otras expresiones de conciencia prosocialista.
Varias organizaciones obreras que surgieron durante las protestas tenían las características de los órganos embrionarios del poder obrero. “Cuerpos de piquetes obreros” y grupos “dispuestos a morir” basados en las fábricas se organizaron para defender a los estudiantes de la represión, en abierto desafío al decreto de ley marcial del régimen de Deng Xiaoping. Los grupos obreros empezaron a asumir la responsabilidad de la seguridad pública después de que el gobierno de Beijing se desvaneciera y la policía desapareciera de las calles. La participación del proletariado chino en las protestas, tanto en Beijing como a lo largo del país, fue lo que las convirtió en una revolución política incipiente. Después de estar paralizado durante semanas, el régimen del PCCh desató una sangrienta represión en Beijing entre el 3 y el 4 de junio.
Los obreros demostraron enorme capacidad de lucha y establecieron lazos con los soldados, algunos de los cuales se negaron a disparar sobre los manifestantes. Pero, por sí solos, no pudieron llegar al entendimiento de que era necesaria una revolución política para deshacerse del dominio deformante de la burocracia del PCCh. Para que la clase obrera adquiera esta conciencia es indispensable la intervención de un partido marxista revolucionario.
Los imperialistas no se detendrán hasta que hayan destruido al estado obrero chino y estén nuevamente en total libertad de saquear al país. El orden mundial capitalista, dominado por los imperialistas, con su impulso por controlar mercados y reducir el salario y los niveles de vida de los obreros, es incompatible con el desarrollo hacia el socialismo. Para abrir ese camino son indispensables revoluciones obreras en Japón, EE.UU. y otros países capitalistas avanzados. Para hacer este programa realidad buscamos unir las luchas de los obreros en los centros imperialistas con la defensa de las conquistas ya obtenidas, incluidas las de la Revolución China de 1949.■
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2016.06.04 20:51 ShaunaDorothy El regreso del PRI y el #YoSoy132 electorero - Nuevo espectáculo del circo electoral - ¡Romper con AMLO y el PRD burgués! ¡Por un partido obrero (Septiembre de 2012)

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Espartaco No. 36 Septiembre de 2012
Tras dos sexenios de gobiernos del neocristero PAN, el PRI regresará a Los Pinos este 1º de diciembre. Según los resultados oficiales de las elecciones de julio, el candidato priísta, Enrique Peña Nieto, venció a su más cercano contrincante, López Obrador (entonces del PRD), por poco más de seis puntos porcentuales, y el PAN quedó relegado al tercer puesto, otro tanto por debajo del PRD. (El PANAL obtuvo menos del 3 por ciento de los votos.)
Antes de las elecciones, para explicar por qué los espartaquistas llamamos a no votar por los partidos de la burguesía —PRI, PAN, PRD, etc.—, escribimos:
“Todos los candidatos defienden la explotación capitalista y, por ende, no harán nada para combatir los males que son consecuencia de esa explotación. No importa quién gane en julio el puesto de presidente de México, seguirá el hambre, la represión, el desempleo, la opresión de la mujer y la miserable pobreza en el campo, la cual golpea principalmente a la población indígena”.
—“¡Ni un voto a los partidos burgueses!”, Espartaco No. 35, junio de 2012
Los llamados por parte de AMLO para invalidar las elecciones presidenciales se centraron en que el PRI excedió el límite permitido de gastos de campaña y en la “compra de votos”, es decir, las apelaciones al electorado a que voten por algún partido (en este caso el PRI) mediante la distribución de despensas, camisetas u otros artículos. Esto es simplemente el funcionamiento cotidiano de la democracia electoral burguesa. La democracia burguesa es siempre una farsa para las masas oprimidas a quienes les da la opción de escoger quién va a dirigir la maquinaria de represión contra ellas durante el siguiente periodo.
Como la mayoría de las elecciones en la historia de México, éstas estuvieron plagadas por irregularidades, violencia y fraude. Sin embargo, no hay evidencia de que la escala del fraude alterara el resultado. Aparentemente, de los que se molestaron en votar, más lo hicieron por Peña Nieto que por cualquier otro candidato. Nuestra oposición al PRI no se basa en su corrupción. Nos oponemos al PRI, al PAN y al PRD/AMLO como cuestión de principios, con base en nuestro programa proletario revolucionario, no con base en cuál partido burgués es más o menos fraudulento, corrupto o represivo.
El repunte del PRI se debe no tanto al apoyo masivo a las políticas de este pragmático partido burgués, sino al rechazo al PAN, principalmente debido a la desesperada situación económica y a la brutal “guerra contra el narco”. Así, el PAN perdió ante el PRI algunos de sus bastiones cristeros fundamentales, como el estado de Jalisco y la ciudad de León. Conforme quedaba claro que la candidata del PAN, Josefina Vázquez Mota, no tenía ninguna oportunidad de ganar y AMLO repuntaba —en buena medida impulsado por las protestas de #YoSoy132—, hasta el expresidente panista Vicente Fox dio su apoyo a Peña Nieto.
A lo largo de su campaña, López Obrador se esforzó por deshacerse de la falsa reputación de “radical” que le han dado sus oponentes del PRI y el PAN, especialmente mediante su ridícula retórica de la “república amorosa”, así como sus acuerdos con empresarios y sus insinuaciones a Carlos Slim, el hombre más rico del mundo, directamente. Con ello logró sumar a su campaña a algunos capitalistas norteños destacados, aunque el grueso del electorado del norte y occidente del país —lo que incluye las regiones históricamente más católicas y panistas— apoyó al PRI. Tras las elecciones, la negativa de AMLO a reconocer a Peña Nieto como “presidente electo” parece haber renovado las añejas fricciones dentro del PRD —cuya dirigencia ya ha reconocido a EPN—, y López Obrador se ha escindido. En cualquier caso, lo que es fundamental para la clase obrera es entender que el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) de AMLO es un partido burgués más, comprometido al mantenimiento de la explotación capitalista y hostil a los intereses del proletariado.
Elecciones de hambre y militarización
La crisis económica mundial y las políticas transparentemente antiobreras del régimen panista han sido ya un desastre para la población. A lo largo del sexenio, el salario mínimo aumentó apenas 28 por ciento —para llegar este año a unos miserables $62.33 por jornada laboral en la zona “A”, ¡la de salario más elevado!—. Entre tanto, los alimentos de la canasta básica aumentaron en más de 125 por ciento. Durante la primera quincena de agosto, el huevo, por ejemplo, subió 100 por ciento en el DF. Según las cifras siempre dudosas del INEGI, a mediados de 2012 el desempleo alcanzó 4.8 por ciento de la población económicamente activa; entre la población ocupada, ¡29.3 por ciento (14.2 millones de personas) labora en la “informalidad” y 8.9 por ciento (4.3 millones) se encuentra “subocupada”! Aunado a esto, la válvula de escape que representaba la migración a EE.UU. ha sido reducida por la falta de trabajos, las medidas antiinmigrantes del gobierno de Obama y el peligro que representa cruzar la frontera ante el acoso de las bandas criminales y las fuerzas policiaco-militares mexicanas y estadounidenses. Ahora, siguiendo el ejemplo de sus contrapartes en España y Grecia, entre otros, Calderón se está apresurando para hacer aprobar una nueva contrarreforma laboral que facilitaría despidos, generalizaría contratos temporales, impulsaría el outsourcing (subcontratación) y atacaría todo tipo de prestaciones elementales como la seguridad social. La legislación ataca aún más el derecho a la huelga y le da al estado nuevas herramientas para inmiscuirse en las finanzas y la vida interna de los sindicatos.
Esta situación permite incluso al corrupto y represivo PRI posar como un mal menor, a pesar de que Peña Nieto no promete más que austeridad disfrazada con declaraciones vagas y, eso sí, mayores privatizaciones —notablemente de Pemex, en torno a lo cual no ha sido vago en absoluto—. Nosotros decimos: ¡Abajo la privatización de Pemex y todo el sector energético! ¡Abajo la “reforma” laboral draconiana!
Por otro lado, existe un extendido hartazgo ante la brutalidad estatal/criminal que se ha agudizado en los últimos años mediante la “guerra contra el narco” de Calderón, la cual ha dejado más de 60 mil muertos. Esta “guerra” no tiene nada que ver con proteger a la población, sino con regimentarla, particularmente a la clase obrera.
La “guerra contra el narco” ha servido también para que el imperialismo estadounidense incremente el control que ejerce sobre “su patio trasero”; para 2010, la ayuda militar a México había aumentado ya siete veces a través del Plan Mérida. La “guerra contra el narco” ha servido a EE.UU. de la misma forma que ha utilizado la “guerra contra el terrorismo” en otros países: la presencia de personal militar y policial estadounidense en México cada vez es mayor, y los sobrevuelos de aviones drones son comunes. Ahora, se habla de un plan estadounidense independiente —al estilo de la ejecución de Bin Laden en 2011— para venir a capturar al famoso narco “Chapo” Guzmán en México. En este rubro también, Peña Nieto promete un cambio de “estrategia” que en realidad significa más de lo mismo para las masas mexicanas: aumentar las fuerzas policiales y reforzar los servicios de inteligencia especialmente en coordinación con EE.UU. y los países centroamericanos. Pero ello no ha sido suficiente para convencer a sus desconfiados amos imperialistas de que continuará esta “guerra contra el narco”. James Sensenbrenner, director del Subcomité de Crimen, Terrorismo y Seguridad Nacional del congreso de EE.UU., se queja de que durante los 71 años de gobierno priísta, el partido “minimizó la violencia al hacerse de la vista gorda con los cárteles”. Por otro lado, el temor ante la creciente “narcoviolencia” ha provocado una nostalgia por el viejo orden de cosas. Evocativamente, un graffiti mencionado en Proceso, en clara referencia a esta desesperante situación, decía: “Que se vayan los ineptos y que vuelvan los corruptos”.
Es tarea del movimiento obrero en su conjunto oponerse a la “guerra contra el narco”, cuyo fin es fortalecer los poderes represivos del estado capitalista. Los espartaquistas decimos: ¡Abajo la militarización de la “guerra contra el narco”! ¡FBI, DEA y todas las agencias policiacas y militares estadounidenses fuera de México! Llamamos por la despenalización de las drogas que, al eliminar las enormes ganancias que derivan de la naturaleza ilegal y clandestina del narcotráfico, reduciría el crimen y otras patologías sociales asociadas con éste. Nos oponemos también a las medidas del estado burgués que restringen o impiden que la población porte armas, lo cual limita los derechos de la población y garantiza el monopolio del estado y los criminales sobre las armas.
Revolución permanente vs. nacionalismo burgués
Desde los años 80, el PRI hizo a un lado su vieja política corporativista y nacionalista —identificada con el populismo de Lázaro Cárdenas— a favor de la “apertura” neoliberal, es decir, privatizaciones, ataques antisindicales y creciente subordinación política y económica al imperialismo estadounidense. Al mismo tiempo, este flexible partido burgués ha mantenido sus viejos nexos con sindicatos poderosos, como el petrolero y el SUTERM y la federación CTM. Desde 1988 (mediante el Frente Democrático Nacional), el PRD —fundado por viejos priístas, incluyendo al propio AMLO— surgió como una opción de recambio nacional-populista para mantener el descontento obrero dentro del marco de la política burguesa “democrática”. Ahora, el Morena —fundado a su vez por perredistas— podría tomar la estafeta populista, aunque quizá se mantenga como un simple apéndice del PRD.
Entre neoliberalismo y populismo nacionalista no hay opción para las masas trabajadoras —son políticas capitalistas que bien pueden ser esgrimidas por los mismos individuos según la coyuntura—. El PRD, igual que el PRI y el PAN, es un partido capitalista. A través de concesiones a los obreros y pobres y su retórica “antineoliberal”, el populismo perredista procura perpetuar este brutal régimen de explotación y opresión. Con todo y su retórica nacionalista, el PRD, como la burguesía mexicana en su conjunto, está atado por miles de lazos a sus amos imperialistas estadounidenses; de hecho, este partido ni siquiera se opone al TLC —ese tratado de rapiña imperialista contra México—, sino que sólo busca renegociar los términos de su propia subordinación a los imperialistas, para lo cual requiere apoyarse en la clase obrera.
Es necesario romper las ataduras que mantienen al proletariado subordinado a la burguesía supuestamente “progresista”, prominentemente la ideología del nacionalismo burgués, que oscurece la división de clases e impulsa la falacia de la identidad de intereses entre explotados y explotadores. Esta mentira no sólo encadena ideológicamente al proletariado mexicano a la burguesía nacional, sino que le impide también ver la división de clases más allá de las fronteras, especialmente en EE.UU. Pero el principal aliado potencial de la clase obrera mexicana es el poderoso proletariado estadounidense, que debe también romper con la “unidad nacional” impulsada por su “propia” burguesía. ¡Por lucha de clases conjunta en ambos lados de la frontera!
Con base en la experiencia de la Revolución Rusa de 1917, los espartaquistas luchamos por un gobierno obrero y campesino mediante la revolución socialista. En países de desarrollo capitalista atrasado como México, sólo la toma del poder por la clase obrera dirigida por un partido obrero revolucionario, arrastrando tras de sí a las masas campesinas y pequeñoburguesas urbanas depauperadas, puede conseguir la genuina emancipación nacional mediante la expropiación de la burguesía nacional, el repudio de la deuda externa y la extensión de la revolución internacionalmente. De igual forma, la revolución socialista remplazaría la democracia burguesa, que en realidad no es sino una burla para los obreros y los pobres, con la genuina democracia para los explotados y oprimidos, donde los obreros y los campesinos pobres dirigirían los destinos del país a través de los soviets o consejos.
Ante los efectos devastadores de la crisis económica mundial y los constantes ataques contra el ya de por sí raquítico nivel de vida de la clase obrera, los campesinos y los pobres urbanos, es necesario que el proletariado muestre su capacidad y determinación para luchar no sólo por su propia supervivencia, sino en nombre de todos los pobres y oprimidos. Ante la galopante carestía, llamamos por comités de vigilancia de precios, compuestos por delegados de las fábricas, los sindicatos, las cooperativas, las organizaciones campesinas y los pobres de la ciudad. Luchamos por una escala móvil de salarios que asegure aumento salarial en proporción al aumento de precios. Contra el desempleo masivo, es necesario luchar por una escala móvil de horas de trabajo para repartir el trabajo disponible, así como por un extenso programa de obras públicas. Ningún partido burgués llevará a cabo tales demandas. Estas reivindicaciones indispensables tienden un puente hacia la revolución socialista y la instauración de una economía planificada internacional, que, mediante la expropiación de los capitalistas, avoque la economía entera no ya a engrosar los bolsillos de un puñado de magnates, sino a la satisfacción de las necesidades de la población.

YoSoy132: Electorerismo pequeñoburgués al servicio del PRD

El movimiento #YoSoy132 se originó en mayo pasado en la Universidad Iberoamericana, cuando algunos estudiantes increparon a Peña Nieto más que justificadamente por la represión brutal en Atenco en 2006, cuando él era gobernador del Estado de México. Sin embargo, al declararse estrictamente “anti-Peña Nieto”, el movimiento le lava la cara no sólo al PRD —socio perenne de la represión capitalista—, sino también al PAN de la “guerra contra el narco”. Surgido de las elitistas universidades privadas del DF —varias de ellas católicas—, como la Ibero (jesuitas) y la Anáhuac (legionarios de Cristo), además del ITAM y el Tec de Monterrey, #YoSoy132 gozó de cierta “respetabilidad” al principio, y fue en ese contexto que el mismísimo Calderón endosó el movimiento.
Estudiantes de las universidades públicas pronto se unieron al 132, algunas de cuyas demandas son increíblemente estrechas y a menudo francamente ridículas, como concursos para que producciones estudiantiles puedan aparecer en televisión, “hacer del acceso a Internet un derecho constitucional” (en un país donde grandes masas aún carecen de electricidad y agua potable, por no hablar de servicio telefónico y computadora) y “transmisión en cadena nacional del debate de los candidatos a la presidencia”. Haciendo del voto un fetiche, el movimiento notablemente se declaró contra la abstención y el voto nulo, por ser “acciones ineficaces para avanzar en la construcción de nuestra democracia” —un slogan que trae a la memoria cualquier tedioso anuncio del IFE—. A lo largo de estos meses y con sus nexos con organizaciones como el SME y el FPDT (Atenco), el 132 ha adquirido un perfil político más tradicionalmente populista, “antineoliberal” y nacionalista, y la participación de estudiantes de universidades privadas ha menguado considerablemente (la declaración oficial de #YoSoy132 como “anti-Peña Nieto” a finales de mayo, por ejemplo, fue demasiado para la asamblea estudiantil del ITAM).

YoSoy132 es un movimiento amorfo, electorero y pequeñoburgués, emparentado políticamente con los Indignados españoles y los Ocupa estadounidenses, que tiene por objetivo la “democratización del país” mediante el ejercicio del voto y la “democratización de los medios de comunicación”; pese a su autodescripción como “apartidista”, ha actuado en los hechos y desde un principio como un apéndice de la campaña electoral de AMLO y el PRD burgués en el centro del país, sin por ello cerrar la puerta al PAN en otras regiones. Es una medida de las traiciones de los falsos dirigentes del movimiento obrero, subordinados al PRD y al PRI burgueses, el que las movilizaciones electoreras de un movimiento como el 132 (y las del PRD mismo) se hayan convertido en el centro de cualquier protesta contra los efectos más grotescos de la catástrofe económica.

Igual que sus contrapartes en Europa y EE.UU., #YoSoy132 disuelve al proletariado como uno más de los sectores del “pueblo”. Muy por el contrario, el proletariado, debido a su relación con los medios de producción, es la única clase con el poder social y el interés histórico para derrocar el capitalismo. No teniendo sino su fuerza de trabajo para vender, la clase obrera no tiene interés objetivo alguno en la conservación del régimen de la propiedad privada; su interés está en la colectivización de los medios de producción. La pequeña burguesía —esa capa heterogénea que incluye a los campesinos, los estudiantes, los profesionistas, etc.— es incapaz, por sí misma, de plantear un programa revolucionario propio: siempre sigue a una de las dos clases fundamentales del capitalismo —el proletariado o la burguesía—.
El embuste democrático
Los comunistas defendemos los derechos democráticos y entendemos que en países de desarrollo capitalista atrasado, como México, los anhelos democráticos de las masas —como la emancipación nacional, la revolución agraria y la democracia política— no pueden ser satisfechos bajo el capitalismo y son una fuerza motriz para la revolución socialista. Las ilusiones democráticas bajo el capitalismo, sin embargo, son suicidas. En este país no puede existir ninguna democracia burguesa estable. La debilidad de la burguesía mexicana, subordinada al imperialismo y temerosa del poderoso proletariado, no le permite ese lujo.
No existe, en la era de la decadencia imperialista, ninguna ala “progresista” de la burguesía, capaz de romper la subordinación al imperialismo. Los marxistas revolucionarios, basados en la perspectiva trotskista de la revolución permanente, no tenemos un programa democrático distinto de uno socialista. En la lucha por demandas democráticas, oponemos el proletariado a la burguesía por el simple hecho de que estas demandas sólo son realizables bajo la dictadura del proletariado.
El movimiento estudiantil #YoSoy132 se basa e impulsa ilusiones en abstracciones democráticas que hacen caso omiso de la división de la sociedad en clases. Exige “un cambio en el modelo de seguridad nacional”, reduciendo el “presupuesto a seguridad” para destinarlo a “gasto público, educación, cultura y salud”. Independientemente del “modelo de seguridad”, el estado capitalista seguirá siendo un instrumento de violencia organizada —que consiste, en su núcleo, de la policía, el ejército, los tribunales y las cárceles— para mantener el dominio de los explotadores. Esta maquinaria no puede ser reformada para servir a los intereses de los explotados y oprimidos; tiene que ser destruida y remplazada por un estado obrero.
La democracia tiene carácter de clase; la “democracia pura” es un embuste liberal para embaucar a los obreros y oprimidos al oscurecer la realidad de la dictadura del capital. Este engaño es particularmente eficaz en los países capitalistas avanzados, donde las burguesías imperialistas pueden mantener un sistema parlamentario más o menos estable. Éste es, en palabras del socialista francés Paul Lafargue (yerno de Marx), “un sistema de gobierno en el cual el pueblo adquiere la ilusión de que está controlando las fuerzas del país mismo, cuando, en realidad, el poder real se concentra en las manos de la burguesía —y ni siquiera de la burguesía entera, sino sólo de ciertos sectores de esa clase—”. En los países de desarrollo capitalista atrasado, esta fachada democrática es en extremo endeble e inestable. Pero, ya sea en países avanzados o atrasados:
“La democracia burguesa, pese a ser un gran avance histórico en comparación con el medioevo, sigue siendo siempre —y no puede dejar de serlo bajo el capitalismo— estrecha, truncada, falsa e hipócrita, un paraíso para los ricos y una trampa y un engaño para los explotados, para los pobres”.
—V.I. Lenin, La revolución proletaria y el renegado Kautsky
¡Educación gratuita y de calidad para todos! ¡Nacionalización de las escuelas privadas!
En un país donde una ínfima porción de la población tiene acceso a la educación superior y centenas de miles son rechazados cada año, consignas como “¡Educación gratuita y de calidad para todos!”, “¡Abajo los exámenes de admisión!” y, particularmente, “¡Por la nacionalización de las escuelas privadas!” deberían ser elementales. Las magníficas instalaciones de la Ibero, por ejemplo, podrían ponerse al servicio de miles de pobres del occidente de la Ciudad de México. Obviamente, #YoSoy132 nunca ha lanzado estos llamados. Al contrario, en una asamblea de junio, este elitista movimiento aprobó no incluir a jóvenes rechazados de las universidades públicas, ¡con el argumento de que no eran estudiantes! (Finalmente, en julio se le permitió al movimiento de rechazados participar en #YoSoy132.)
Pese a tales despliegues de arrogancia pequeñoburguesa, hay una ilusión extendida de que las universidades públicas, en particular la UNAM, son “islas democráticas” abstraídas de la sociedad, que son universidades “del pueblo”. Sin embargo, las universidades —públicas y privadas— constituyen un pilar importante de la sociedad capitalista al estar encargadas de entrenar al futuro personal administrativo, técnico e ideológico de la sociedad burguesa, y los capitalistas les asignan recursos en la medida en que sus prioridades lo requieren. Fuera de eso, no podría importarles menos la educación general de las grandes masas de los explotados y oprimidos. Nosotros decimos: ¡Abolir la rectoría! ¡Por el control de las universidades por parte de estudiantes, profesores y trabajadores! ¡Por estipendios para que los estudiantes subsistan! El conjunto de estos llamados apunta hacia la necesidad de la revolución socialista, la única manera de poner la educación y la cultura no sólo al alcance, sino también al servicio de las masas.
La LTS: Construyendo el “gran movimiento democrático” pequeñoburgués
El grueso de la izquierda mexicana ha hecho suya sin empacho la política liberal burguesa de #YoSoy132. Tal es el caso de la Liga de Trabajadores por el Socialismo-ContraCorriente (LTS-CC), la cual declaró presurosa que “¡Hoy más que nunca, todos somos #132!”.
La LTS, siendo completamente acrítica del seguidismo de #YoSoy132 a López Obrador, corre a lavarle la cara al movimiento, diciendo:
“Una de estas grandes lecciones, asumida en la huelga [de la UNAM] del ‘99, fue la necesidad de la independencia del movimiento estudiantil de los partidos del régimen, hacia donde apunta uno de los grandes acuerdos del movimiento #YoSoy132: que se declara ‘autónomo’ y ‘apartidista’”.
—Estrategia Obrera No. 97, 8 de junio de 2012
Pero el “apartidismo” del 132 es tan sincero como cualquier promesa de campaña priísta, e igual de sincera es la posición formal de la LTS de oposición a los partidos del capital. En los hechos, la LTS se sumó, a través del 132, a la campaña electoral de López Obrador.
La LTS comparte las ilusiones en la reforma democrática del estado y la “democratización de los medios de comunicación”, ejes centrales del programa de #YoSoy132, y pretende darles un giro “radical”:
“Por ello, es necesario que el movimiento #YoSoy132 incluya entre sus demandas la exigencia de que cualquier grupo de trabajadores, estudiantes o de organizaciones...tenga el derecho y los recursos solventados por el Estado, para publicar sus posiciones”.
—Ibíd.
En pocas palabras, la LTS quiere subsidio estatal. Sus demandas tienen base en la visión reformista del estado burgués como una entidad neutral por encima de las clases que debería apoyar a organizaciones “independientes” de la clase obrera. Pero el que paga los mariachis escoge el son. Por ello —y en tajante contraste con la práctica cotidiana de la seudoizquierda—, en la Liga Comunista Internacional nos oponemos, como cuestión de principios, a aceptar un solo centavo de financiamiento del estado capitalista, que es el comité ejecutivo del enemigo de clase.
La LTS exige también “la expropiación sin pago a los dueños de los grandes medios de comunicación, y que éstos funcionen bajo control de sus trabajadores”, en el contexto del dominio de la burguesía (¡ni por error mencionan la revolución socialista!). Ésta no es sino mera retórica vacía. Los medios masivos de comunicación bajo el capitalismo, ya sean de propiedad privada o estatal, sirven a los intereses de la burguesía y propagan su ideología. Es francamente ingenuo y ridículo pensar que pueden servir a los intereses de los oprimidos si no es en el contexto de una revolución socialista que expropie los medios de producción (y de comunicación) de manos de los capitalistas.
El GI sobre el 132 y los sindicatos: Un singular caso de amnesia
El Grupo Internacionalista (GI) es muy crítico de las ilusiones democratizantes del 132 —en el papel—. Pero del dicho al hecho... En la Convención Nacional Contra la Imposición llevada a cabo en Atenco en julio pasado —un evento dominado por el 132—, el líder mínimo local del GI intervino para hablar de la lucha universitaria y bla, bla, bla, ¡sin mencionar siquiera al movimiento #YoSoy132! Esta anécdota resume el funcionar cotidiano del GI: pronunciamientos a menudo grandilocuentes para ocultar una práctica reformista a la cola de los movimientos en boga.
Pero veamos más de cerca lo que el GI dice en el papel —o, más bien, lo que no dice—. En un artículo de junio, el GI le recordaba correctamente a los estudiantes perredistas del 132 que los tres partidos burgueses principales se han unido en la represión contra la clase obrera: “Éste fue el caso en Lázaro Cárdenas, Michoacán, cuando el 20 de abril [de 2006] las fuerzas federales panistas, las estatales perredistas y las municipales priístas orquestaron un ataque sangriento contra los trabajadores siderúrgicos en huelga” (El Internacionalista, junio de 2012). Lo que el GI omite es que, para ellos, esa lucha del sindicato minero contra el estado y la patronal —la lucha obrera más importante que hemos visto en décadas— no fue más que “un ajuste de cuentas dentro del régimen” (El Internacionalista, mayo de 2006), pues el sindicato minero es, según ellos, una organización patronal.
Todavía amnésico, el GI hace también referencia a la represión contra la huelga de la Sección XXII del SNTE en Oaxaca en 2006, pero no menciona que para ellos éste tampoco es un sindicato. Según el GI, todos los sindicatos priístas, e incluso los que han dejado de serlo, como el minero, son “el enemigo de clase” (El Internacionalista, mayo de 2001). En los hechos, para el GI los sindicatos subordinados al PRD son las únicas organizaciones obreras legítimas en México —¡una peculiar manera de trazar la línea de clases!—. La política del GI es demagogia rompesindicatos, digna de los Indignados, que descarta con un movimiento de la mano a poderosas agrupaciones obreras, como los mineros o petroleros. Aunque procura maquillar su línea con fraseología hueca sobre defender a “los obreros”, el GI se niega a defender a estos sindicatos contra los ataques del estado y la patronal. De hecho, su sección brasileña se estrenó en 1996 arrastrando a un sindicato ante los tribunales burgueses en una lucha interburocrática por la dirigencia del mismo (ver “El encubrimiento del IG en Brasil: Manos sucias, mentiras cínicas”, Espartaco No. 10, otoño-invierno de 1997).
El GI refleja y procura explotar los prejuicios pequeñoburgueses antisindicales imperantes en el medio estudiantil y el mal llamado movimiento “anticapitalista” —desde 132 hasta los Indignados y Ocupa—. En efecto, en las marchas y manifestaciones de 132 es común escuchar llamados por juicio a la odiada y corrupta lideresa del SNTE, Elba Esther Gordillo. Esto sólo puede significar apelaciones a que el estado burgués intervenga en el sindicato.
Los sindicatos son las organizaciones básicas para la defensa de los obreros contra los ataques constantes de la burguesía. Le permiten a los obreros tener salarios y prestaciones relativamente mejores y les brindan alguna protección contra los despidos arbitrarios y los abusos en general. Los sindicatos deben construirse y defenderse. Como lo mostraron el ejemplo del SME y tantos otros a lo largo de la historia, el interés del estado burgués no es la democracia sindical, sino maniatar y en última instancia destruir a los sindicatos. La grotesca “Maestra” y sus compinches, como todas las demás burocracias sindicales procapitalistas —independientemente del partido burgués al que apoyen—, deben ser echados mediante una lucha política, llevada a cabo por los trabajadores mismos, contra la subordinación de los sindicatos a los intereses nacionales y la búsqueda de ganancias de los gobernantes capitalistas. Sólo una lucha así podrá transformar a los sindicatos de agencias de negociación estrechas dentro del marco del capitalismo a órganos de lucha proletaria revolucionaria.
¡Forjar un partido obrero revolucionario!
En Lecciones de Octubre, Trotsky explicó que: “No puede triunfar la revolución proletaria sin el partido, aparte del partido, al encuentro del partido o por un sucedáneo del partido”. En contraste con el (ilusorio) apartidismo en boga, nosotros luchamos por forjar un partido obrero de vanguardia que agrupe a los obreros avanzados y la intelectualidad desclasada bajo un programa de lucha de clases revolucionario e internacionalista. Un partido bolchevique es el instrumento fundamental para llevar la conciencia política al proletariado, tan necesaria para que éste pueda realizar y consolidar la revolución socialista.
Es necesario intervenir en las luchas sociales y de clases con el programa del marxismo revolucionario, luchando por romper las cadenas que actualmente atan a los obreros y oprimidos, prominentemente al populismo de AMLO y el PRD burgués. Sólo así se podrá construir el partido leninista-trotskista que dirija a la clase obrera al poder. Ésta es una tarea enorme y no hay atajos, pero el Grupo Espartaquista de México y la Liga Comunista Internacional entera estamos comprometidos a ella. Estudiantes: ¡Únanse a la clase obrera para luchar! ¡Reforjar la IV Internacional, partido mundial de la revolución socialista!
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2016.06.04 12:32 ShaunaDorothy PRI, PAN, PRD, PANAL: ¡Ninguna opción para explotados y oprimidos! ¡Ni un voto a los partidos burgueses! AMLO: Caudillo populista del capital - ¡Forjar un partido obrero! (Junio de 2012)

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Espartaco No. 35 junio de 2012
Un mes antes de las elecciones presidenciales, parece que el Partido Acción Nacional (PAN) será un partido de “oposición” una vez más, y que el Partido Revolucionario Institucional (PRI), que gobernó México por siete décadas, podrá regresar a Los Pinos. Para la clase obrera, no hay candidato por el cual votar. Todos los candidatos —desde Josefina Vázquez Mota del gobernante PAN y Enrique Peña Nieto del PRI, hasta Andrés Manuel López Obrador del PRD populista burgués y Gabriel Quadri de la reaccionaria y algo bizarra Nueva Alianza— son igualmente enemigos de los intereses de los obreros y oprimidos. Todos los candidatos defienden la explotación capitalista y, por ende, no harán nada para combatir los males que son consecuencia de esa explotación. No importa quién gane en julio el puesto de presidente de México, seguirá el hambre, la represión, el desempleo, la opresión de la mujer y la miserable pobreza en el campo, la cual golpea principalmente a la población indígena.
Apoyamos la participación de la clase obrera en la política, pero eso no significa escoger entre las candidaturas que presenta la burguesía. Estamos por la participación independiente de los obreros. En este momento, no existe en México un partido obrero, ni un candidato que trace siquiera una tenue línea de clases. Bajo estas circunstancias no podemos más que hacer propaganda marxista en la lucha por quitar los obstáculos ideológicos en el camino al futuro partido independiente del proletariado.
Revolución obrera vs. reforma del estado burgués
Los marxistas revolucionarios nos oponemos por principio a postular candidatos para puestos ejecutivos del estado capitalista —por ejemplo el de presidente, alcalde o gobernador estatal—, sin excluir por adelantado darle apoyo crítico a otras organizaciones obreras en situaciones apropiadas. Esta posición fluye de nuestro entendimiento de que el estado capitalista existe para defender los intereses de la clase dominante. En su núcleo, el estado consiste en destacamentos de hombres armados —el ejército, la policía, los tribunales y las cárceles— que sirven para proteger el dominio de clase de la burguesía y su sistema de producción. Lejos de administrar el estado capitalista, los comunistas luchamos por destruirlo y remplazarlo con un estado obrero mediante la revolución socialista. Los diputados comunistas pueden participar, como opositores, en los parlamentos y otros cuerpos legislativos burgueses, actuando como tribunos revolucionarios de la clase obrera; pero asumir un puesto ejecutivo u obtener el control de una legislatura burguesa o un ayuntamiento municipal burgués exige tomar responsabilidad de la maquinaria del estado capitalista (ver: “Los principios marxistas y las tácticas electorales”, Spartacist [Edición en español] No. 36, noviembre de 2009).
En contraste, algunos falsos trotskistas aspiran a postularse para comandante en jefe del estado capitalista. La Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS) lamenta no poder participar: “Como en 2006, estas elecciones son profundamente antidemocráticas ya que los trabajadores y la izquierda estamos impedidos, por las leyes electorales, de participar con nuestros candidatos/as, algo que ni siquiera la oposición perredista denuncia” (Estrategia Obrera No. 94, abril de 2012). Ciertamente, no somos indiferentes a los derechos electorales —como notamos al oponernos al desafuero de López Obrador en 2005—, y nos oponemos a la legislación que limita la participación electoral a los partidos (burgueses) establecidos. Sin embargo, postularse para un puesto ejecutivo de cualquier nivel o asumirlo no es un escalón hacia la movilización revolucionaria de las masas obreras, sino que sirve para fortalecer las ilusiones prevalecientes en la posibilidad de poner el estado capitalista al servicio de los explotados y oprimidos y, con ello, para fortalecer las cadenas que atan al proletariado a su enemigo de clase.
El centrista Grupo Internacionalista (GI) se opone a nuestra línea principista e incluso no rechaza la posibilidad de asumir puestos ejecutivos “en caso de ser elegidos”, al menos en una situación revolucionaria. Al contrario de las afirmaciones de estos “cretinos ejecutivos”, si algo hay que aprender de la larga historia de derrotas y oportunidades desperdiciadas es que es precisamente en las situaciones revolucionarias cuando las ilusiones en el estado capitalista tienen un impacto más nocivo, al desviar la lucha de la clase obrera por la toma del poder hacia la mera presión a los administradores de la explotación capitalista (ver: “El GI y los puestos ejecutivos: El centrismo de las cloacas”, Espartaco No. 29, primavera de 2008).
Austeridad y represión capitalistas
Estas elecciones se dan en el contexto de una crisis económica mundial que ha golpeado con saña a la población y ha sido un factor clave en el declive de la popularidad del PAN. En América, sólo México y Honduras tienen tasas de pobreza que se incrementaron de 2009 a 2010. Incluso el gobierno, a través del CONEVAL, admite que 52 millones de mexicanos viven en la pobreza, y casi la mitad de ellos no tiene siquiera suficiente para comer. Josefina Vázquez Mota, en una propuesta obscena que hace recordar a María Antonieta (“¡Que coman pastel!”), les dice a las masas hambrientas que se las arreglen con...crédito.
Además, la creciente vigilancia en la frontera y las medidas antiinmigrantes en EE.UU. han minimizado la válvula de escape de la migración al vecino del norte, haciendo esta opción cada vez menos viable. El hecho de que tanta gente siga poniendo su vida en riesgo al cruzar el desierto para llegar a EE.UU. es simplemente una medida de la desesperación de las masas mexicanas.
Otro factor crucial en el desahucio del PAN ha sido la brutal “guerra contra el narco”, la cual ha cobrado, según cifras del gobierno, unas 47 mil 500 vidas. Esta “guerra” no tiene nada que ver con proteger a la población; es una justificación para fortalecer al estado y limitar aún más los derechos de la población. Y aunque los demás candidatos tratan de aprovecharse del extendido hartazgo con la brutalidad estatal/criminal, todos concuerdan en lo mismo: fortalecer, de una u otra forma, al estado burgués.
El PAN parece haber pensado que una mujer, por el solo hecho de serlo, podría ampliar su base sobre todo entre el electorado del centro del país. Pero como señala la historiadora Jocelyn H. Olcott, Vázquez Mota “hace campaña explícitamente como alguien que confirma los estereotipos convencionales de género en vez de desafiarlos”. En lo que concierne a la “guerra contra el narco”, Vázquez Mota promete no sólo continuar la política calderonista sino fortalecerla mediante la creación de una “Policía Nacional Militarizada” (Proceso, 20 de mayo de 2012).
Peña Nieto es bien conocido como un tecnócrata neoliberal y un represor brutal, el ejecutor principal de la sangrienta represión contra los campesinos de Atenco en 2006. Por su parte, López Obrador pugna por fortalecer “el trabajo de inteligencia y la profesionalización de la investigación”, es decir, reforzar a la policía secreta y los servicios de espionaje. En calidad de jefe de gobierno del DF, fue AMLO el primero en desatar la represión estatal contra los campesinos de Atenco, al dar rienda suelta a los granaderos contra una manifestación de los atenquenses en noviembre de 2001. Entre las principales comparsas de campaña de AMLO se encuentra nada menos que Manuel Bartlett, antiguo priísta —como AMLO mismo— y secretario de gobernación —es decir, policía en jefe al nivel federal— bajo Miguel de la Madrid en los años 80, y artífice del fraude electoral que dio la presidencia a Carlos Salinas de Gortari en 1988. Ahora, AMLO propone para secretario de educación a Juan Ramón de la Fuente, quien solicitó la movilización masiva de la PFP en febrero de 2000 para romper la combativa huelga estudiantil de la UNAM y encarcelar a cientos de estudiantes.
Para ser justos, en lo que concierne a medidas de austeridad y represión, los demás candidatos se han visto superados por el grotesco y peligroso Gabriel Quadri del PANAL, títere de “La Maestra” Elba Esther. Consciente de que no tiene nada que perder, Quadri dice sin tapujos que está simplemente por privatizarlo todo —desde Pemex y la CFE hasta el metro— y multiplicar las fuerzas policiacas por diez. Quadri se queja de que Fox y Calderón supuestamente desmantelaron el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN) al reorganizarlo y fingir hacerlo “transparente”. El bonapartista rabioso Quadri quisiera reforzar aún más estos cuerpos de “inteligencia” del estado, es decir, los que se encargan del espionaje contra la ciudadanía y deciden quiénes deben ser “desaparecidos”.
De 2006 a 2012
En el año electoral de 2006, la burguesía mexicana enfrentó una verdadera crisis política: el descontento social encontró cauce en luchas de clase y sociales masivas y combativas. Ya en 2005 más de 1.2 millones de personas se habían manifestado contra el intento por parte del PAN de descalificar a su principal oponente, López Obrador, a través del desafuero. El éxito de Fox en esta empresa habría significado un golpe contra el sufragio efectivo, la finísima capa de democracia que cubre a un México volátil y el derecho de la clase obrera a organizarse. A fin de cuentas, Fox y cía. recularon y recurrieron al medio más tradicional del fraude para meter a su hombre a Los Pinos.
Poco después de la combativa huelga de obreros siderúrgicos de Sicartsa en Michoacán —durante la cual los mineros-metalúrgicos resistieron exitosamente a las fuerzas del gobierno federal panista y el estatal perredista al costo de dos obreros muertos—, luego que los campesinos de Atenco eran abatidos a sangre y fuego, y mientras todavía estaba ocupado el centro de Oaxaca por maestros en huelga, el fraude electoral de julio de 2006 tocó un nervio. Más de dos millones de personas se manifestaron contra el fraude el 30 de julio. Luego AMLO armó un plantón en Reforma, que interfería con el tránsito en una sección importante de la ciudad. La ocupación de Oaxaca continuó hasta que fue aplastada por las fuerzas del estado en noviembre. En diciembre, Calderón hizo de su toma de protesta un apresurado evento (de cinco minutos) totalmente militarizado a causa de la enorme protesta que rodeaba San Lázaro. En enero de 2007, un alza de 40 por ciento en el precio de la tortilla, que pasó a ser conocida como el Tortillazo, hizo que la gente —encabezada por poderosos sindicatos obreros— saliera de nuevo en masa a las calles.
López Obrador desempeñó el papel más importante en la desactivación de esa situación potencialmente explosiva; valiéndose de su amplio apoyo entre las masas, se aseguró tempranamente de que las movilizaciones quedaran circunscritas en el marco de la política electoral burguesa. AMLO presenta los plantones como una postura racional para controlar a sus seguidores:
“Lo del plantón de Reforma y el Zócalo se hizo para evitar la violencia. Nos costó mucho, fuimos cuestionados mucho por eso, pero hay que decirles que si no hubiésemos tomado esa decisión hubiera habido muertos... Ayudamos para que podamos salvar a México” (Proceso, 19 de diciembre de 2011).
Aunque sus oponentes burgueses no se le muestren muy agradecidos, en esa ocasión el PRD desempeñó su papel histórico al disipar la furia de las masas, logrando regresar al México capitalista a una situación de relativa estabilidad.
Ahora, ya terminando el sexenio de Calderón, las luchas obreras han sido mucho más escasas y aisladas. El Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), históricamente uno de los sindicatos más combativos de México, ya no existe como un sindicato con fuerza social derivada de su conexión con los medios de producción y la industria, sino sólo como una organización de ex obreros que luchan por regresar a sus viejos trabajos. Están en esta posición de debilidad, tras la liquidación de Luz y Fuerza del Centro, porque fueron dejados morir solos por los demás sindicatos que podrían haber mostrado su poderío a través de acción huelguística en defensa del SME. Las burocracias sindicales procapitalistas, incluida la del propio SME, se limitaron en vano a ejercer presión sobre el gobierno mediante marchas y canalizaron el descontento hacia las ilusiones parlamentaristas, lo cual condujo a una derrota histórica para la clase obrera de México.
En la víspera de las elecciones presidenciales de 2006, AMLO —montado en la lucha social combativa— presentaba una cara un poco más de izquierda, y su lema de campaña era “Por el bien de todos, primero los pobres” (que de por sí recordaba a la teología de la liberación que los curas jesuitas impulsaban para arrear de vuelta a las ovejas que se apartaban del camino del señor y contemplaban peligrosas ideas radicales). Ahora, AMLO recurre a la cursilería risible de la “república amorosa”. No es que haya cambiado su naturaleza o siquiera su política en alguna forma fundamental (era un político burgués y lo sigue siendo), sino que considera que le conviene tener una imagen más “respetable”. Ahora trata ostentosamente de extender su mano hacia los hombres de negocios, no sea que alguien piense que es algún tipo de radical.
2012: Reacción clerical a la alza
El PAN —partido histórico de la reacción clerical— hace todo lo posible por impulsar sus prioridades religiosas oscurantistas. Hugo Valdemar, vocero de la Arquidiócesis de México, expresó esencialmente la posición del PAN al despotricar contra los derechos democráticos elementales del matrimonio gay y el aborto, reclamando que los perredistas “han creado leyes destructivas de la familia, que hacen un daño peor que el narcotráfico. Marcelo Ebrard y su partido el PRD, se han empeñado en destruirnos” (El Universal, 17 de agosto de 2010). En esta cruzada, el PAN no podía contar con mejor aliado que el mismísimo papa, quien fungió como orador principal en lo que fue, de hecho, el mitin de lanzamiento de la campaña panista en Guanajuato en marzo pasado.
Como parte de esta ofensiva clerical, la visita del papa a la cuna de la rebelión cristera sirvió también de contexto para el lanzamiento de la película Cristiada, protagonizada nada menos que por el gusano Andy García. Casi cada iglesia católica ostenta aún un cartel promoviendo esta bazofia en celuloide que celebra a los fundamentalistas católicos que se rebelaron, a las órdenes de la iglesia, contra las políticas jacobinas burguesas del gobierno de Plutarco Elías Calles en los años 20. Entre otras piadosas aficiones, los cristeros —declarados oficialmente santos por el Vaticano— gustaban de cortar orejas, especialmente de las maestras rurales que se identificaban con la ideología del gobierno federal.
La iglesia católica y el gobierno panista han estado trabajando juntos para ir minando la separación histórica entre la iglesia y el estado —ganada mediante la guerra civil de Reforma juarista— y para aumentar el papel de la iglesia en la vida pública. Las disputas coincidieron con la visita del papa, y en marzo se aprobó una enmienda al artículo 24 de la constitución que elimina algunas de las restricciones sobre las actividades de las instituciones religiosas (la enmienda ahora va a los estados para ratificación). Mientras la derecha clerical dice no querer cambiar el artículo 3° constitucional que establece que la “educación [impartida por el estado] será laica”, el senador del PAN Santiago Creel Miranda lo dejó muy claro: “la reforma [del artículo 24] es para que los padres de familia tengamos el derecho de determinar si nuestros hijos van a tener o no educación de carácter religiosa”.
Como escribimos en 2005 en respuesta al cambio de nombre de la avenida Benito Juárez García a Juan Pablo II, entonces recién fallecido:
“Juárez estableció la separación entre la iglesia y el estado y la educación laica y forzó la venta de los latifundios de la iglesia. El papa Pío IX declaró ‘nulas y sin valor’ las leyes juaristas y excomulgó al propio Juárez. Nosotros, como comunistas y ateos combativos, somos acérrimos defensores de este legado de Juárez y decimos: ¡Ni una lágrima, ni una calle para el papa de la contrarrevolución!”
—“¡Viva Juárez! ¡Abajo Wojtyla! ¡Por la separación de la iglesia y el estado!”, Espartaco No. 24, verano de 2005
Ninguno de los candidatos, ni sus partidos, es capaz de ofrecer una verdadera oposición al involucramiento de la iglesia en la vida política del país. Vázquez Mota, López Obrador y Peña Nieto asistieron a la misa que ofició el papa Ratzinger el 25 de marzo —por cierto, al pie del Cerro del Cubilete, el principal santuario cristero—, y luego los cuatro candidatos se reunieron individualmente con el pleno de los obispos mexicanos para definir sus posturas acerca de varias cuestiones sociales —y obtener su bendición—. Aunque AMLO procura no oponerse abiertamente a las leyes promulgadas por su partido en el DF que permiten el matrimonio gay y el aborto (el último sólo durante los primeros tres meses de embarazo), y que gozan de gran popularidad entre un sector importante de la población local, durante su audiencia en el episcopado, AMLO prometió a los obispos que, como presidente, sometería las leyes en torno al aborto y el matrimonio gay a plebiscito.
Como marxistas revolucionarios, defendemos las reformas sobre el aborto y el matrimonio (y divorcio) gay como derechos democráticos elementales. Al mismo tiempo, nos oponemos a las restricciones al aborto y a las penas de hasta seis meses de prisión a las mujeres que reciban un aborto después de los tres meses de embarazo, y de hasta tres años a quienes lo practiquen. ¡Plenos derechos democráticos para los homosexuales! ¡Aborto libre y gratuito en todo México! ¡Abajo el límite de doce semanas! ¡Abajo todas las penas!
Populistas y neoliberales
El burdo conservadurismo clerical y las políticas represivas y en general derechistas del PAN permiten al PRD —y hoy, en cierta medida, incluso al odiado PRI con Peña Nieto al frente— presentarse como una alternativa más amigable a las masas y como un vehículo para obtener ansiadas conquistas democráticas. La popularidad de AMLO deriva principalmente de su retórica antineoliberal, dirigida contra el fantasma de Salinas de Gortari, al tiempo que trata de mantener su asociación con Carlos Slim, el hombre más rico del mundo y el principal beneficiario de las privatizaciones salinistas, quien hoy propone aumentar la edad de jubilación (La Jornada, 18 de mayo). AMLO se declara contra la privatización del sector energético y en el DF llevó a cabo medidas como subsidios a los ancianos y las madres solteras.
Es necesario que la clase obrera rompa con AMLO, el PRD burgués y las diversas organizaciones asociadas con él. AMLO es la versión mexicana del populismo nacionalista que ha caracterizado a varios regímenes latinoamericanos en épocas recientes (prominentemente Hugo Chávez en Venezuela). Debido a la debilidad intrínseca de las burguesías de los países de desarrollo capitalista atrasado, en la medida en que la clase dominante nacional (o un sector de ella) intenta ofrecer alguna medida de resistencia al imperialismo, se tiene que apoyar en el proletariado, es decir, utilizarlo. Históricamente —como en los casos de Lázaro Cárdenas en México, Perón en Argentina o Nasser en Egipto—, las burguesías tercermundistas han recurrido al populismo nacionalista para ganar el apoyo de la poderosa clase obrera y colocarse en una mejor posición para renegociar los términos de su propia subordinación a los imperialistas. En este sentido, es revelador el hecho de que el PRD ni siquiera esté por echar abajo el TLCAN, principal vehículo actual de la subordinación económica de México a EE.UU. y también una de las principales causas de la devastación económica, especialmente en el campo. El PRD está simplemente por “renegociar” este tratado de rapiña imperialista.
El populismo nacionalista y el neoliberalismo son simplemente políticas alternativas del régimen capitalista, a menudo seguidas por el mismo individuo según lo dicten las exigencias del momento. Un ejemplo de esto lo da la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner, quien en los años 90 apoyó la privatización de la empresa estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF). En 2010, Argentina tuvo que importar petróleo por primera vez desde la privatización, y parece que la burguesía decidió usar otra táctica para asegurar su riqueza proveniente de la explotación de la clase obrera. Así, en mayo el gobierno de Fernández expropió (sólo) 51 por ciento de la petrolera YPF, enfureciendo a España y a la petrolera Repsol, que había comprado YPF. Defendemos esta expropiación como una medida de autodefensa llevada a cabo por un país dependiente, aunque, al contrario de las afirmaciones de toda una gama de nacionalistas e “izquierdistas”, no plantea un reto contra la propiedad privada capitalista y no tiene nada que ver con el socialismo —ni siquiera es particularmente izquierdista para estándares burgueses—.
He aquí el dilema de México, el cual señalamos al escribir en contra de la privatización de Pemex:
“Independientemente de lo que hagan con Pemex, de quién gobierne y bajo qué programa, el México capitalista seguirá siendo un productor de petróleo atrasado y subyugado por el imperialismo, sujeto a las crisis del mercado y las fluctuaciones enloquecidas de los precios del crudo. No se puede romper el yugo imperialista ni satisfacer las necesidades de la población bajo el capitalismo, menos cuando se basa principalmente en una industria extractiva en un país semicolonial”.
—“¡Abajo la reforma privatizadora de Pemex!”, Espartaco No. 30, invierno de 2008-2009
La solución estriba en desechar el marco de escoger “el mal menor” bajo el capitalismo y luchar por una revolución socialista. Nos guiamos por el entendimiento que estuvo detrás de la Revolución Rusa de 1917:
“La experiencia desde la Segunda Guerra Mundial ha validado totalmente la teoría trotskista de la revolución permanente que declara que en la época imperialista la revolución democrático-burguesa sólo puede ser completada por la dictadura del proletariado, apoyada por el campesinado. Los países coloniales y semicoloniales sólo pueden obtener su genuina emancipación nacional bajo la dirección del proletariado revolucionario. Para abrir el camino al socialismo, se requiere la extensión de la revolución a los países capitalistas avanzados”.
—“Declaración de principios y algunos elementos de programa” de la LCI, Spartacist (Edición en español) No. 29, agosto de 1998
“Izquierdistas” a la cola de AMLO y el PRD
Un argumento de los falsos marxistas que votan por AMLO es que hay que luchar contra el neoliberalismo. Esto tiene variantes, pero a fin de cuentas lo que significa es apoyar al ala supuestamente progresista de la burguesía como el mal menor. Según los que piensan así, esto es un paso en dirección de una revolución obrera, pero en realidad es un gran paso atrás. Una alianza de colaboración de clases es una derrota ideológica para el proletariado. El propósito histórico de formaciones burguesas de “izquierda” es apaciguar a la clase obrera y los oprimidos con migajas para que la explotación pueda continuar. Es suavizar los bordes ásperos del capitalismo para que parezca mejor a la vista de los explotados y que éstos no se levanten en su contra. Es la zanahoria en vez del garrote, aunque en una sociedad poco estable como México, hay bastante garrote también.
Varios grupos que se hacen llamar “trotskistas”, incluyendo al Partido Revolucionario de los Trabajadores y ambos bandos de la escisión de los seguidores del difunto laborista Ted Grant (Tendencia Marxista Militante e Izquierda Socialista), llaman a votar por López Obrador. El PRT, trata de dar a esta colaboración de clases una absurda cubierta “obrera” a través de la Organización Política del Pueblo y los Trabajadores (OPT), que no es más que un nuevo vehículo de campaña de AMLO (también está el Morena), para cuando quiere fingir que es algo diferente, más a la izquierda que el PRD. Los grantistas de la TMM y de la IS, que han estado dentro del PRD por 22 años, justifican su colaboración de clases diciendo que es trabajo entre las masas. Trabajo tal vez, pero ciertamente no revolucionario, ya que fortalecen las ilusiones de que con presión AMLO y/o el PRD pueden representar los intereses de los obreros y oprimidos.
Aunque nos pueda causar beneplácito el bochorno que ha tenido que enfrentar Peña Nieto ante las manifestaciones en su contra en el DF y los abucheos multitudinarios que recibió en la Ibero en mayo, no ayuda a los obreros y oprimidos oponerse al PRI para apoyar al PRD. En estas elecciones no hay opción para los obreros. Gane quien gane —Peña Nieto, López Obrador o Vázquez Mota—, la clase obrera enfrentará un fortalecimiento de la ofensiva capitalista contra sus conquistas y sus intereses. Los obreros estarán mejor preparados para las futuras batallas si no se dejan engañar por el PRD, si se niegan a votar por ese partido burgués (y sus satélites). Sobre todo, la clase obrera necesita una nueva dirección, una dirección revolucionaria. Luchamos para forjar el partido leninista que algún día dirigirá a los obreros en el derrocamiento victorioso del capitalismo. ¡Reforjar la IV Internacional, partido mundial de la revolución socialista! ¡Por la revolución socialista en toda América!
Luchando por el comunismo en el periodo postsoviético
La realidad es que la revolución proletaria y su extensión internacional son el único medio para dar solución a los problemas candentes de la clase obrera y los oprimidos. La revolución socialista internacional abriría el camino para el desarrollo de las fuerzas productivas para la satisfacción de las necesidades de la población —no ya para el grotesco enriquecimiento de unos cuantos—. Sentaría las bases para el advenimiento de una nueva sociedad sin clases, en la cual la explotación y la opresión serían cosa del pasado. En tal sociedad, se habrá vencido la escasez económica, lo cual llevará a la eliminación del trabajo asalariado (“de cada uno según su capacidad, a cada uno según su necesidad”). El trabajo enajenado habrá sido remplazado por el trabajo creativo, científico y cultural. El estado se habrá extinguido, de manera que el gobierno sobre los hombres será sustituido por la administración de las cosas. Y la familia habrá sido remplazada por instituciones colectivas para el trabajo doméstico y la crianza de los niños.
Hoy día, esta perspectiva comunista es ampliamente descartada como una mera utopía, en el mejor de los casos. Para entender mejor esta época, tenemos que ubicarla en el contexto de la contrarrevolución capitalista en la URSS, una derrota histórica para la clase obrera y los oprimidos. Ésta ha cambiado la relación de fuerzas a favor del imperialismo y también ha resultado en un retroceso en la conciencia. La adopción de la idea de la “muerte del comunismo” impulsada por los imperialistas significa no creer que sea posible una civilización comunista mundial en el sentido marxista.
Como señaló un camarada durante discusiones acerca de las condiciones ideológicas de nuestra época, nuestros oponentes en la izquierda no comparten nuestra perspectiva y objetivos históricos:
“La gran mayoría de quienes se consideran izquierdistas mayores a, digamos, 40 o 50 años consideran que es utópico pensar que pueda existir en el futuro una sociedad como la que se describe arriba. La abrumadora mayoría de los izquierdistas más jóvenes, representados, por ejemplo, en el medio de los ‘foros sociales’ [hoy los movimientos ‘ocupa’], en efecto ignoran el concepto marxista de una civilización comunista global y les resulta indiferente. Sus preocupaciones son defensivas y minimalistas —el apoyo a los derechos democráticos de los pueblos oprimidos (por ejemplo, los palestinos), el detener el desmantelamiento del ‘estado benefactor’ en Europa Occidental, el evitar que se degrade aún más el medio ambiente (calentamiento global)—”.
—“Critical Notes on the ‘Death of Communism’ and the Ideological Conditions of the Post-Soviet World”, [Notas críticas acerca de la “muerte del comunismo” y las condiciones ideológicas del mundo postsoviético] Workers Vanguard No. 949, 1° de enero de 2010
Es necesario pues nadar contra la corriente, interviniendo en las luchas de clases y sociales con un programa marxista revolucionario —es decir, trotskista—, para ganar a la vanguardia del proletariado y a una nueva capa de la juventud a la lucha por la revolución obrera. ¡Por nuevas revoluciones de Octubre alrededor del mundo! ¡Por un futuro comunista, la única solución a la miseria de este mundo!
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/35/elections.html
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2016.06.02 12:32 ShaunaDorothy Trotskismo vs. castrismo - A 50 años de la Revolución Cubana: ¡Defender a Cuba! ( 2 - 2 ) (Invierno de 2008-2009)

https://archive.is/rhukp
La lucha por la democracia obrera
El SWP y el S.U. fueron abiertos apologistas de la represión del gobierno de Castro contra la clase obrera e izquierdistas cubanos, incluyendo a los trotskistas. El SWP y el S.U. hicieron borrosa la diferencia cualitativa entre un estado obrero sano, en el cual la clase obrera posee el poder político, y uno deformado, en el que el poder político está en manos de una burocracia. Aunque en muy raras ocasiones dirigentes del SWP como Joseph Hansen reconocieron que las “formas de la democracia obrera” estaban ausentes, esto era visto como una pequeña imperfección, y en cualquier caso la “dinámica objetiva” obligaría “inevitablemente” a los castristas a ver la luz. Esto se reflejó en una declaración de Adolfo Gilly, un partidario de los pablistas mexicanos. Mientras afirmaba que “Cuba se ha visto influenciada por los métodos burocráticos y la falta de participación de los trabajadores que existen en otros países socialistas”, Gilly igual excusaba a la burocracia concluyendo que “no hay país alguno hoy donde haya mayor democracia que en Cuba” y que “es la presión desde abajo la que es decisiva en cada paso y la que termina por imponerse, ampliando así la senda misma de la Revolución Cubana” (Monthly Review, octubre de 1964). Bueno, ¡ya han pasado más de 40 años y aún seguimos esperando!
Convenientemente, el SWP y el S.U. trataron de echar toda la culpa del burocratismo estalinista a los cuadros del PSP, presentando particularmente a Castro y Guevara como “trotskistas inconscientes”. Por su parte, Socialist Action (febrero de 2008) afirma que “el Ché fue motivado por su concepto de la revolución permanente cuando dejó Cuba decidido a contribuir con la creación de ‘dos, tres, muchos Vietnams’.” Peter Taaffe, líder del Comité por una Internacional Obrera, afirmó recientemente que “Castro niega deliberadamente —de manera muy errónea, tal como Celia Hart ha indicado— que el Ché Guevara tuviera ‘simpatías trotskistas’.” Castro debe de saber. En su autobiografía (escrita con Ignacio Ramonet), Castro respondió a una pregunta del entrevistador sobre Guevara: “nunca le oí hablar realmente de Trotsky. Él era leninista y, en cierta forma, reconocía hasta algunos méritos de Stalin. En realidad, bueno, la industrialización y algunas de esas cosas” (Fidel Castro, biografía a dos voces, 2006).
Aunque Guevara haya sido un personaje valeroso que murió luchando por sus ideales, su guerrillerismo basado en el campesinado estaba en contraposición al leninismo y a la revolución permanente de Trotsky, que se basa en el internacionalismo proletario. Como explicamos en “La mística de la vía guerrillera” (WV No. 630, 6 de octubre de 1995):
“A pesar del espíritu revolucionario del grito de batalla contra el imperialismo de Guevara, su llamado por una guerra de guerrillas basada en el campesinado fue, desde muchos ángulos, un categórico rechazo del marxismo, del leninismo y de la lucha proletaria por el poder... Su programa político era fundamentalmente elitista en tanto que rechazaba abiertamente la necesidad de que los obreros expresen su voz y su poder a través de sus propios órganos clasistas, como los consejos obreros (soviets). Por el contrario, se suponía que las masas se iban a someter a la dirección de un grupo de intelectuales radicales pequeñoburgueses convertidos en guerrilleros que se autoproclamó y partió al monte.”
Debido a sus números, su ubicación en los centros urbanos de finanzas y manufactura, así como su posición estratégica con las manos puestas sobre los medios de producción, donde la experiencia común de los trabajadores crea la solidaridad y la organización, únicamente el proletariado tiene el poder social y el interés de clase para derrocar al capitalismo. Como una masa de pequeños productores de mercancías, el campesinado es una capa pequeñoburguesa cuyas condiciones de existencia dan origen a perspectivas estrechas. Su estrato inferior, los campesinos sin tierra, está más cercano a la clase obrera, mientras que su estrato superior está más inclinado hacia la burguesía. Su trabajo productivo se basa en la propiedad privada de parcelas de tierra; los campesinos no tienen un modo de producción independiente. El campesinado sigue al proletariado o a la burguesía.
Bajo las circunstancias más favorables que se puedan concebir, el campesinado pequeñoburgués sólo fue capaz de crear un estado obrero burocráticamente deformado. Con la destrucción del estado obrero degenerado de la Unión Soviética y, por consiguiente, sin un salvavidas disponible contra el cerco imperialista, la estrecha ventana histórica en la que las fuerzas pequeñoburguesas fueron capaces de derrocar el dominio capitalista en su territorio se ha cerrado en este periodo.
Guevara era despectivo con respecto a la democracia obrera. En su ensayo “El papel del partido marxista-leninista”, afirmó que los dirigentes guerrilleros en “las montañas” eran “ideológicamente proletarios”, mientras que aquellos en “los llanos” (es decir, en las ciudades) eran pequeñoburgueses. De lo anterior concluyó que “el Ejército Rebelde es el representante genuino de la revolución que triunfa”. La política de Guevara fue una vertiente particularmente idealista y voluntarista del estalinismo. En “El socialismo y el hombre en Cuba” (1965), sostuvo que la productividad de los trabajadores podría ser estimulada mejor a través de “incentivos morales” en lugar de incentivos materiales; desechó el deseo de los trabajadores de un nivel de vida digno, tachándolo de burgués. Rechazando una perspectiva proletaria revolucionaria internacionalista, Guevara aceptó el marco de “construir el socialismo” en una isla pequeña, pobre y asediada. Los trotskistas comprendemos que sólo la expansión de la revolución a los países capitalistas avanzados puede resolver el problema de la escasez material. Guevara explícitamente caracterizó la formación de la Oposición de Izquierda por Trotsky en contra de la usurpación política de la revolución por Stalin como “contrarrevolucionaria”.
El que una burocracia gubernamental sólo estuviera en proceso de formación hizo que Cuba inicialmente se encontrara más abierta a la intervención de trotskistas que en otros estados obreros deformados. Esto se reflejó en el hecho de que a un grupo trotskista se le permitió funcionar por un periodo. Tanto las milicias como los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) y los sindicatos tenían una base de masas. Se trataba de una apertura transitoria, pero que tenía que ser puesta a prueba. La RT dio así una formulación transitoria al programa de revolución política para Cuba, al llamar por “poner a los ministros de gobierno bajo la responsabilidad de las organizaciones democráticas de obreros y campesinos y hacerlos sustituibles por esas mismas organizaciones”.
Un parteaguas en el endurecimiento de la burocracia fue la detención de miembros de la organización trotskista cubana, el Partido Obrero Revolucionario (POR), parte de una tendencia internacional dirigida por Juan Posadas. En mayo de 1961, el gobierno de La Habana embargó el periódico del POR, Voz Proletaria, y destruyó las placas de impresión para una edición de La revolución permanente de Trotsky. En noviembre de 1963, cinco miembros dirigentes del POR fueron detenidos. Se les acusó de distribuir un periódico ilegal, de llamar por el derrocamiento del gobierno y de ser críticos contra Fidel Castro. Fueron sentenciados a condenas de hasta nueve años de prisión; al final, pasaron un año y medio o menos en la cárcel. Guevara fue confrontado con respecto a las detenciones por un partidario espartaquista durante un viaje a Cuba en 1964. Nuestro camarada señaló que las críticas de quienes defienden incondicionalmente la Revolución deben ser manejadas políticamente, en lugar de suprimir puntos de vista. Guevara respondió:
“Estoy de acuerdo con su declaración, pero los trotskistas cubanos no están dentro de la Revolución, son sólo ‘divisionistas’... No voy a decir que son agentes de la CIA —no lo sabemos—. No tienen historial de apoyo a la revolución.”
—“¡Libertad para los trotskistas cubanos!”, Spartacist (Edición en inglés) No. 3, enero-febrero de 1965
Se trataba de una calumnia deliberada. Los miembros del POR arrestados participaron en todas las actividades de la Revolución antes de 1959, cuando los estalinistas aún estaban a la espera de ver quién ganaría. Andrés Alfonso luchó desde la clandestinidad contra Batista, mientras que Ricardo Ferrera había luchado del lado del Ejército Rebelde desde los 16 años. El POR incluía miembros de los sindicatos, los CDRs y de las milicias que se movilizaron para defender a Cuba durante la crisis de los misiles en octubre de 1962. Guevara, el “trotskista inconsciente”, era en realidad un perseguidor consciente de trotskistas; atacó a los camaradas del POR en varias ocasiones en 1961 como parte de su impulso de lograr un solo partido unificado (estalinista) en Cuba.
A pesar de las diferencias políticas, la tendencia espartaquista fue la primera —fuera de los mismos posadistas— en defender a los trotskistas cubanos y llevar su caso a la atención mundial. Como buenos lamebotas de los castristas, los dirigentes del SWP no mencionaron una palabra acerca de los arrestos hasta después de que los miembros del POR fueron liberados, tras haber firmado una declaración capitulatoria en que aseguraban que disolverían su organización. El trato despreciable hacia los trotskistas cubanos de parte del SWP y otros hizo recordar el silencio de los pablistas con respecto al encarcelamiento de los trotskistas chinos por Mao años antes.
¡Por el internacionalismo proletario!
Uno de los principios básicos de la revolución permanente —y una línea divisoria profunda entre el trotskismo y el estalinismo— es la necesidad de extender la revolución en un país semicolonial hacia el mundo capitalista avanzado. Esto se deriva de la comprensión de la necesidad de una economía planificada al nivel internacional, incluyendo necesariamente a las sociedades más avanzadas económicamente. Los estados obreros se ven amenazados no sólo por la intervención militar imperialista, sino incluso de manera más crucial por la penetración económica imperialista y el nivel de productividad cualitativamente más alto en los países capitalistas avanzados.
Lenin afirmó: “En tanto que el capitalismo y el socialismo existan uno al lado del otro, no habrá paz alguna para nosotros. El uno o el otro triunfará en el largo plazo. Habrá una marcha fúnebre, ya sea para la República Soviética o para el capitalismo mundial” (citado en Historia de la Revolución Rusa de Trotsky). La catastrófica caída de la Unión Soviética, socavada por décadas de traición y mala administración estalinista, confirmó lo estéril de intentar construir el “socialismo en un solo país”. ¡Cuánto más se aplica todo esto a la pequeña Cuba!
Las nacionalistas burocracias estalinistas buscan sus propios acuerdos con los imperialistas, incluso al precio de otros estados obreros (como se reflejó con la escisión sino-soviética en los años 60). A cambio de la ayuda económica y militar soviética, Castro generalmente apoyó la política del Kremlin al nivel internacional. Pero el dirigente soviético Nikita Jruschov dejó perfectamente clara su voluntad de llegar a un trato por separado con el imperialismo de EE.UU. a costa de Cuba durante la crisis de los misiles en 1962, cuando, en respuesta a las amenazas de EE.UU., se retiraron los misiles soviéticos de Cuba. Una declaración de la RT en el momento denunciaba “el papel contrarrevolucionario” de los “burócratas del Kremlin” en la crisis de los misiles en Cuba y afirmó: “La falsa política de la dirigencia castrista, su bloque político con los estalinistas, ha socavado enormemente esta defensa” (“Declaración sobre la crisis cubana”, 30 de noviembre de 1962, reimpreso en Marxist Bulletin No. 3, I parte).
Contrario al mito propagado por muchos izquierdistas, la línea cubana no era más “internacionalista” cuando Guevara estaba vivo. Así, la delegación cubana a la conferencia de Punta del Este (Uruguay) en 1961, encabezada por el Ché Guevara, ofreció distensión a los imperialistas estadounidenses. Tal como menciona John Gerassi en The Great Fear in Latin America [El gran temor en América Latina] (1965), Guevara dijo: “No podemos prometer que no exportaremos nuestro ejemplo, como nos lo pide Estados Unidos, porque un ejemplo es cuestión de espíritu y un elemento espiritual puede cruzar las fronteras. Pero garantizaremos que no habrá envío de armas cubanas para ser usadas en la lucha de ningún país latinoamericano.”
El patrocinio del gobierno cubano a la guerra de guerrillas en algunas zonas de América Latina, principalmente en los años 1964-67, fue de hecho bastante selectivo. Los castristas apoyaron distintos regímenes “democráticos” nacionalistas burgueses en América Latina que imaginaron serían un contrapeso a los imperialistas. La política exterior de Cuba sigue la lógica del “socialismo en un solo país” de Stalin, es decir, se opone a la revolución internacional con la esperanza de apaciguar la hostilidad imperialista, al tiempo que impulsa regímenes capitalistas dispuestos a ser “amigos” del estado no-capitalista propio de los estalinistas. En particular, Castro apoyó los regímenes nacionalistas de Jânio Quadros y João Goulart en Brasil a comienzos de los años 60. En 1969, Castro saludó a la junta militar peruana como “un grupo de oficiales progresistas que desempeñan un papel revolucionario”.
Sin embargo, la mayor traición vino con el apoyo político de Fidel a la Unidad Popular de Salvador Allende en Chile. Repudiando la necesidad de una revolución en favor de la “vía parlamentaria al socialismo”, Castro dijo en 1971 que “nunca hubo contradicción alguna entre los conceptos de la Revolución Cubana y el camino seguido por el movimiento de izquierda y los partidos obreros en Chile”. La coalición de Allende con partidos capitalistas chilenos, el frente popular, desarmó políticamente a la clase trabajadora, a la cual se le pidió que depositara su confianza en el ejército “constitucionalista” y la burguesía “democrática”. El resultado de esta traición fue el sangriento golpe militar de Pinochet del 11 de septiembre de 1973 y la masacre de más de 30 mil sindicalistas, izquierdistas y otros.
Cuando las masas nicaragüenses aplastaron la dictadura de Somoza en 1979, el estado capitalista fue hecho añicos, y se abrió la posibilidad de una revolución social. Nosotros dijimos: “¡Defender, completar y extender la revolución nicaragüense!” Sin embargo, Castro aconsejó al gobierno sandinista en ese momento: “Eviten los errores iniciales que al principio cometimos en Cuba, el rechazo político del Occidente, los ataques frontales prematuros a la burguesía, el aislamiento económico.” Bajo una “economía mixta” y la presión de los “contras” apoyados por la CIA, la burguesía nicaragüense fue capaz de revalidar su control una década más tarde, derrotando a la revolución.
Hoy es el caudillo capitalista Hugo Chávez, en Venezuela, a quien Castro promueve como el nuevo revolucionario del siglo XXI. Para los que viven en la isla esto puede parecer atractivo. Se calcula que desde 2003, Chávez ha invertido cuatro mil millones de dólares en diversas áreas de la agricultura, la industria, los servicios y la infraestructura en Cuba. En 2006, el 35.4 por ciento del total del comercio de productos de Cuba se hizo con Venezuela. Al nivel nacional, conforme los precios del petróleo ascendían, Chávez desvió parte de las enormes ganancias para financiar una serie de medidas sociales.
Como marxistas, llamamos por la defensa militar del régimen de Chávez en el caso de un golpe patrocinado por EE.UU., como lo hicimos en 2002. Sin embargo, no damos apoyo político a Chávez. La izquierda reformista perpetúa la ilusión de que Venezuela es “socialista” o está en camino al socialismo. Sin embargo, hay una diferencia cualitativa entre Cuba y Venezuela. En Cuba se aplastó al estado burgués y se expropió a la burguesía como clase. Chávez llegó al poder a través de un proceso electoral burgués y gobierna a la cabeza de un estado capitalista. La burguesía venezolana está vivita y coleando, y los imperialistas siguen llevando a cabo un esplendoroso negocio con Venezuela. A pesar de que Chávez ha aumentado la presencia estatal en industrias como la del petróleo, la electricidad, la producción de acero y de cemento, estas nacionalizaciones, que se han dado poco a poco, no presentan un desafío a la propiedad privada capitalista. Típicamente, medidas como éstas han sido llevadas a cabo por otros populistas latinoamericanos como Lázaro Cárdenas en México en los años 30 y Juan Perón en Argentina en los 40 y 50, así como Gamal Abdel Nasser en Egipto también en los años 50. Un antiguo coronel del ejército, Chávez es un gobernante bonapartista que emplea medidas populistas no para efectuar sino más bien para desviar una revolución social —al vincular más firmemente a las masas desposeídas con el estado capitalista venezolano—.
Los izquierdistas pro-Castro suelen citar las intervenciones de Cuba en África como prueba de su internacionalismo. Tras el desvanecimiento del colonialismo portugués en África en 1974-75, Angola fue presa de una guerra de aniquilación mutua entre fuerzas nacionalistas rivales en la que los marxistas no tomamos lado. Pero cuando el ejército sudafricano del apartheid, apoyado por EE.UU., invadió Angola, Cuba envió tropas, apoyadas por los soviéticos, que lucharon al lado de los nacionalistas angoleños del MPLA y lograron aplastar a las fuerzas sudafricanas y a sus aliados en Angola. A pesar de que políticamente no apoyábamos al MPLA, militarmente nos pusimos de su lado, del de las fuerzas cubanas y de sus asesores soviéticos en lo que era una guerra indirecta contra los imperialistas estadounidenses.
Las batallas heroicas libradas por las tropas cubanas hicieron añicos el mito de la invencibilidad del ejército del apartheid, ayudando así a inspirar las revueltas de Soweto en 1976 y otras luchas de las masas negras oprimidas en Sudáfrica. Sin embargo, es importante señalar que el objetivo de los estalinistas cubanos y soviéticos nunca fue derrocar el capitalismo en África. Así como patrocinaron al régimen burgués corrupto del MPLA en Angola, Cuba y la URSS también apoyaron la brutal dictadura de Mengistu en Etiopía a principios de los años 70. En Sudáfrica, que cuenta con el mayor proletariado en el África subsahariana, los estalinistas han apoyado desde 1928 una alianza con el burgués Congreso Nacional Africano (CNA). Hoy en día, el régimen del apartheid ya no existe, pero las masas negras siguen siendo los de abajo con un régimen de neoapartheid administrado por el CNA, el Partido Comunista de Sudáfrica y los líderes de la federación sindical COSATU.
A pesar de que Cuba ha estado bajo el acecho militar del imperialismo estadounidense durante casi medio siglo, la autobiografía de Castro deja claro su apetito por una “tregua” a través de un ala “progresista” del imperialismo estadounidense —es decir, el Partido Demócrata—. Hay abundantes referencias favorables a los presidentes del Partido Demócrata. “Franklin Delano Roosevelt...es, a mi juicio, uno de los mejores estadistas que ha tenido” EE.UU. “Yo siempre tuve buena opinión de [Jimmy] Carter como un hombre de ética. Su política fue constructiva con relación a Cuba.” El entrevistador preguntó si Clinton (quien intensificó el embargo a Cuba en dos ocasiones) fue “más constructivo”; Castro respondió: “Sí, él no era particularmente agresivo. Pero Clinton heredó toda aquella comunidad, heredó todas las campañas que se han hecho contra Cuba y era muy poco lo que podía hacer para ayudar.” Incluso Kennedy —con todo y Bahía de Cochinos— es excusado: “creo que Kennedy fue un hombre de gran entusiasmo, muy inteligente, con carisma personal, que trataba de hacer cosas positivas...dio luz verde a la invasión de Playa Girón en 1961, pero esa operación no fue preparada por él, sino por el gobierno anterior de Eisenhower y Nixon.” Castro está siguiendo los pasos de los estalinistas del Kremlin y del Partido Comunista de EE.UU., quienes desde los tiempos de Roosevelt generalmente han apoyado al capitalista Partido Demócrata.
El mundo postsoviético
Siempre sensibles a la opinión pública pequeñoburguesa, los pablistas fueron abandonando su anterior entusiasmo por la guerra de guerrillas campesina con los primeros indicios de la Segunda Guerra Fría a fines de los años 70. Votaron por la instauración de los gobiernos de frente popular más vehementemente anticomunistas, como el del “socialista” francés Mitterrand en 1981. Haciendo eco de la campaña imperialista por “democracia” y “derechos humanos”, apoyaron a todos y cada uno de los oponentes del gobierno soviético. Esto incluyó el apoyo en los años 80 a la polaca Solidarność, punta de lanza de la contrarrevolución capitalista en Europa Oriental. En EE.UU., Socialist Action incluso adoptó el logotipo de Solidarność como rótulo en su periódico. El fallecido Ernest Mandel, dirigente del S.U., aclamó a estos reaccionarios clericales, que fueron respaldados por la CIA y el Vaticano, como “los mejores socialistas del mundo”.
En retrospectiva, el S.U. incluso elogió como “luchadores por la libertad” a los nazis estonios “Hermanos del Bosque” durante la Segunda Guerra Mundial. Grupos del S.U., así como la tendencia Militante de [Ted Grant,] Peter Taaffe y Alan Woods, aullaron junto a los lobos imperialistas en apoyo al golpe contrarrevolucionario de Boris Yeltsin en Moscú en 1991. Hoy, la izquierda reformista aclama al Dalai Lama, apoyado por la CIA, y al movimiento “Tíbet libre” en contra del estado obrero deformado chino.
Nosotros, en la Liga Comunista Internacional, luchamos hasta el final contra la contrarrevolución en lo que fue la Unión Soviética y Europa Central y Oriental, tal como Trotsky exigió a sus partidarios. En contraste con la negativa de los falsos trotskistas a defender a la URSS contra los muyajedines armados por la CIA tras la intervención soviética iniciada en diciembre de 1979, nosotros dijimos: “¡Viva el Ejército Rojo en Afganistán! ¡Extender las conquistas sociales de la Revolución de Octubre a los pueblos afganos!” En una declaración de 1991, llamamos a los obreros soviéticos a “derrotar la contrarrevolución de Yeltsin y Bush”, y exhortamos al proletariado a formar soviets bajo el programa del internacionalismo bolchevique. En Alemania Oriental (RDA) en 1989-90, mientras el régimen estalinista en desintegración del SED-PDS clamaba que la restauración capitalista debía ser realizada de una manera humana, nosotros, de manera única, nos opusimos a la reunificación capitalista. Llamamos por una Alemania roja soviética, a través de una revolución política en la RDA y una revolución socialista en Alemania Occidental. Iniciamos una movilización masiva, que luego fue apoyada por el SED-PDS, en el parque Treptow en Berlín, el 3 de enero de 1990, contra la profanación fascista de un memorial de guerra soviético y en defensa de la URSS y de la RDA. Era la primera vez que los trotskistas intervenían en una plataforma pública en un estado obrero desde la Oposición de Izquierda rusa de Trotsky a fines de los años 20.
La destrucción de la URSS tuvo consecuencias desastrosas para Cuba. La economía cubana estaba fuertemente subsidiada por la URSS, lo que llegó a representar hasta el 36 por ciento del ingreso nacional cubano en los años 80. La economía cubana sufrió una contracción dramática, con una disminución precipitada del 40 por ciento en la producción económica per cápita para 1993. Esto significó apagones, escasez de productos básicos y un periodo de estricto racionamiento de alimentos para la población cubana durante un lapso conocido como el “periodo especial en tiempo de paz”. En respuesta, el gobierno instituyó una serie de “reformas de mercado”, que incluía legalizar la posesión y el intercambio del dólar estadounidense. Esta “dolarización” condujo a una intensa y creciente diferencia en los ingresos de la población, lo que tuvo un impacto más fuerte en las mujeres y los negros cubanos. En los últimos años, el gobierno ha intentado reducir la dependencia en la inversión imperialista mediante la firma de nuevos acuerdos comerciales con la Venezuela de Chávez y con China. Pero la situación económica sigue siendo muy grave para la mayoría de los cubanos, quienes se ven obligados a recurrir al mercado negro incluso para adquirir muchos artículos de primera necesidad.
Tratando de aliviar el embargo estadounidense para facilitar la penetración económica a la isla, el ex presidente Carter viajó a Cuba en 2002. Durante su viaje, Carter empujó la campaña por el Proyecto Varela —lanzado por disidentes proimperialistas— que incluía demandas por el derecho a la empresa privada, amnistía para los presos políticos y “elecciones libres”.
El llamado a “elecciones libres” es un llamado a apoyar la “democracia burguesa” en contra del estado obrero cubano, es decir, por la contrarrevolución. Nosotros estamos a favor de la democracia obrera. Como nuestro partidario dejó claro a Guevara en 1964, estamos por el derecho de todas las tendencias que defiendan los logros de la Revolución Cubana a organizarse políticamente. La clase obrera debe ejercer su gobierno a través de los soviets. Condenamos a aquellos como Olivier Besancenot, portavoz prominente de la Ligue communiste révolutionnaire [Liga Comunista Revolucionaria] de Francia, sección líder del S.U., quien a principios de este año proclamó su apoyo a “elecciones libres” en Cuba.
Para mérito propio, el gobierno cubano apoya la causa de Mumia Abu-Jamal, el principal prisionero político en la antesala de la muerte en EE.UU. Sin embargo, el gobierno cubano aplica la pena de muerte, aunque recientemente Raúl Castro conmutó las penas de muerte de casi todos los reclusos condenados en Cuba. Nosotros nos oponemos a la pena capital como una cuestión de principios en Cuba y China, así como en los países capitalistas. Cuando tres secuestradores de una embarcación fueron ejecutados en 2003, los sicofantes pro-Castro de Socialist Action trataron de justificar este hecho señalando las ejecuciones llevadas a cabo por los bolcheviques durante la Guerra Civil [mientras que el Grupo Internacionalista —pablistas de la segunda generación— trató de justificarlo presentando el secuestro del bote como “una acción de guerra contrarrevolucionaria” (El Internacionalista en Internet, mayo de 2003)]. Nosotros respondimos [ver Espartaco No. 21, otoño-invierno de 2003]:
“Los marxistas —incluyendo a los bolcheviques— estamos opuestos a la bárbara institución de la pena capital. Los bolcheviques llevaron a cabo terror revolucionario en defensa del nuevo estado obrero, entendiendo que la guerra contra la contrarrevolución era un episodio temporal que necesitaría medidas temporales y drásticas. Pero el código penal fue una característica más permanente del estado obrero. Cuando la pena de muerte, en vez de ser un acto de guerra, fue hecha parte del código penal del país en 1922, se pretendía que ésta fuera una medida temporal... Y como tantas otras medidas empleadas temporalmente por el joven estado obrero, con la contrarrevolución política estalinista éstas fueron hechas permanentes y retorcidas hasta quedar convertidas en los opuestos más grotescos de lo que buscaban los bolcheviques.”
La ejecución de los secuestradores no fue un asunto de justicia sumaria por parte de un gobierno obrero en una situación de guerra civil. Sabemos muy bien que el régimen de Castro arremete con represión en contra de sus opositores prosocialistas, incluyendo militantes como los trotskistas en los años 60. Y fue en el nombre de “defender la revolución” que Castro ordenó la ejecución del general Ochoa en 1989, un héroe de la guerra de Angola, después de un juicio al estilo estalinista que hizo recordar las purgas de Moscú a fines de la década de 1930.
Apoyamos las medidas adoptadas en defensa de la Revolución Cubana, incluyendo el encarcelamiento de los “disidentes” que colaboran activamente con el imperialismo estadounidense. Pero no damos crédito a la capacidad de la burocracia para barrer con los contrarrevolucionarios. La invitación de Castro a Carter sólo sirvió para envalentonar a los reaccionarios, así como la continua búsqueda de una “tregua” con el imperialismo socava al estado obrero cubano. Los fundamentos de lo que escribimos en 1965 en nuestro artículo “¡Libertad para los trotskistas cubanos!” sigue siendo cierto hoy:
“La Revolución Cubana debe sustituir su actual ideología nacionalista de ‘coexistencia pacífica’...con una política exterior revolucionaria, una orientación a la revolución latinoamericana para construir concretamente y otorgar dirección al movimiento revolucionario en América Latina como parte de un movimiento mundial. Internamente, el establecimiento de una genuina democracia obrera, la construcción de soviets —consejos de obreros— órganos representativos electos de poder obrero, y la restauración de la rica vida interna es vital para cualquier movimiento revolucionario para derrotar a la burocracia.”
Los revolucionarios en EE.UU., el bastión del imperialismo mundial, tienen un deber especial de defender a Cuba contra la restauración capitalista y el imperialismo estadounidense. Luchamos por forjar un partido obrero revolucionario, sección de una IV Internacional reforjada, que lleve a la clase obrera multirracial de EE.UU. el entendimiento de que la defensa de la Revolución Cubana es parte integral de su lucha contra los explotadores capitalistas estadounidenses y de la lucha por la revolución socialista. ¡Defender la Revolución Cubana! ¡Por la revolución política proletaria para abrir el camino hacia el socialismo! ¡Por nuevas revoluciones de Octubre!
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/30/cuba.html
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2016.05.24 15:28 ShaunaDorothy Las "reformas de mercado" en China: Un análisis trotskista ¡Defender al estado obrero deformado chino! ¡Por la revolución política proletaria! (1 - 2) (Primavera de 2007)

https://archive.is/mnbfW
Espartaco No. 27 Primavera de 2007
Las "reformas de mercado" en China: Un análisis trotskista
¡Defender al estado obrero deformado chino! ¡Por la revolución política proletaria!
El siguiente artículo ha sido traducido de Workers Vanguard Nos. 874 y 875 (4 de agosto y 1º de septiembre de 2006), periódico de nuestros camaradas de la Spartacist League/U.S.
Hace dos años, dos intelectuales estadounidenses de izquierda, Martin Hart-Landsberg y Paul Burkett, produjeron una severa y amplia condena a la economía china de la era de “reformas” desde una perspectiva supuestamente marxista. Su artículo, “China y el socialismo: Reformas de mercado y lucha de clases”, fue publicado originalmente en Monthly Review (julio-agosto de 2004) y subsecuentemente publicado como libro. En particular, los autores se dirigen a los intelectuales “progresistas” que consideran a China un modelo exitoso de desarrollo económico alternativo a las “reformas estructurales” del neoliberalismo, dictadas por el imperialismo estadounidense y el Fondo Monetario Internacional, que han devastado a muchos países subdesarrollados. Hart-Landsberg y Burkett escriben: “No sólo discrepamos con los progresistas que ven en China un modelo de desarrollo (sea socialista o no); pensamos que el proceso por el cual llegaron a esta posición subraya un problema aún más serio: el rechazo general del marxismo por la comunidad progresista.”
Entre los “progresistas” con quienes discrepan está Victor Lippit, quien, con sus copensadores en Critical Asian Studies (37:3 [2005]), respondió con algunos estudios críticos de “China y el socialismo”. A su vez, Hart-Landsberg y Burkett escribieron una larga réplica (Critical Asian Studies 37:4 [2005]).
Lippit, un político liberal que por mucho tiempo ha estudiado la economía china, es básicamente un partidario del programa de “reformas” orientadas al mercado, aunque con algunas críticas de izquierda. Por ejemplo, lamenta el deterioro en los sistemas de salud pública, especialmente en el campo, como “vergonzoso”. Para él, el régimen de Beijing debería gastar muchos más recursos en el cuidado de la salud, la educación y el mejoramiento de las condiciones de la población rural, incluso a costa de la reducción, por corto tiempo, del crecimiento económico como se mide convencionalmente. No obstante, Lippit es definitivamente un optimista sobre China; cita un estudio de Goldman Sachs, un banco inversionista de Wall Street, que proyecta que el producto interno bruto de China habrá sobrepasado al de Estados Unidos para 2041.
A pesar de sus diferencias, Hart-Landsberg y Burkett por un lado y Lippit por el otro comparten ciertas premisas básicas. Todos mantienen equivocadamente que las “reformas” orientadas al mercado han tenido como resultado la restauración del capitalismo en China y además que esto era inevitable. Para Lippit, la modernización de China requiere una continuación e incluso una integración cada vez mayor al sistema capitalista mundial. Él sostiene que “el capitalismo tendrá que haber concluido su papel histórico antes de que éste pueda ser suplantado”, agregando que “el capitalismo de estado benefactor del tipo de la Europa continental puede ser lo mejor que puede hacerse en el presente”. Para Hart-Landsberg y Burkett, un programa socialista en China o donde sea —el cuál identifican con la fórmula confusionista de una “economía centrada en los trabajadores y la comunidad”— debe tener poco o nada de comercio con los males corruptores del mercado capitalista mundial.
De manera más crucial, todos rechazan la posibilidad de revoluciones socialistas proletarias en los países capitalistas avanzados en cualquier periodo de tiempo históricamente significativo. Lippit lo hace explícitamente, Hart-Landsberg y Burkett implícitamente. Por tanto, la perspectiva trotskista de la modernización de China en el contexto de una economía socialista integrada y planificada a escala mundial está fuera de las fronteras conceptuales de estos protagonistas. Pero este marco, la antítesis del dogma nacionalista maoísta-estalinista de construir el “socialismo en un solo país”, es el único camino para la completa liberación de los trabajadores y las masas campesinas de China.
China hoy: Mitos y realidades
El gobernante Partido Comunista Chino (PCCh) bajo Deng Xiaoping introdujo su programa de reformas orientadas al mercado pocos años después de la muerte de Mao Zedong en 1976. Esto incluyó abrir a China a un enorme volumen de inversión directa de capital concentrado en la manufactura, que subsecuentemente atrajo, por parte de corporaciones occidentales y japonesas y de la burguesía China de ultramar. Los ideólogos burgueses convencionales han señalado el impresionante crecimiento económico de China, especialmente industrial, como prueba positiva de la superioridad de un sistema impulsado por el mercado sobre una economía centralmente planificada y colectivizada (despectivamente llamada “economía comandada” socialista). Por su parte, Lippit es representante de una capa de intelectuales de centro-izquierda que sostienen que China es un excelente ejemplo de una estrategia económica antineoliberal exitosa, basada en un nivel significativo de propiedad estatal y sobre todo en la dirección estatal de la economía.
Esta última perspectiva tiene el mérito de reconocer, a su manera, que los elementos centrales de la economía china, establecida después del derrocamiento del sistema capitalista con la Revolución de 1949, permanecen colectivizados. Las empresas estatales son dominantes en el sector estratégico industrial, tal como el acero, metales no ferrosos, maquinaria pesada, telecomunicaciones, energía eléctrica y refinación y extracción de petróleo. La nacionalización de la tierra ha impedido el surgimiento de una clase de capitalistas agrarios a gran escala que dominen socialmente al campo. El volumen de superávit económico generado fuera del sector de propiedad extranjera es canalizado tanto a los bancos estatales como a la tesorería gubernamental. El control efectivo del sistema financiero ha permitido hasta ahora al régimen de Beijing proteger a China de los movimientos volátiles del capital monetario especulativo que periódicamente causan grandes estragos en los países capitalistas neocoloniales desde el este de Asia hasta América Latina.
Ahora es un lugar común a través de todo el espectro político y geográfico, desde los voceros del régimen del PCCh hasta los analistas de Wall Street, proclamar que China ha avanzado mucho en el camino para convertirse en una “superpotencia” económica mundial hacia la mitad del siglo XXI. Esta perspectiva ignora la vulnerabilidad económica de China en sus relaciones con el mercado capitalista mundial. Ignora la implacable hostilidad de la burguesía imperialista, sobre todo de la clase gobernante estadounidense, hacia la República Popular China, un estado obrero burocráticamente deformado resultado de la Revolución de 1949. Es más, ignora la inestabilidad interna de la sociedad china, la cual ha visto un significativo y creciente nivel de protestas sociales contra las consecuencias del mal gobierno burocrático del PCCh.
En los últimos años, la estrategia económica seguida por el régimen del PCCh ha sido diseñada para lograr un enorme superávit en la balanza comercial con Estados Unidos, lo cual ha llevado a China a ser el más grande poseedor de reservas de divisas extranjeras en el mundo. Esto ha generado crecientes presiones por un proteccionismo económico antichino en los círculos gobernantes estadounidenses. En cualquier caso, tan solo el tamaño del déficit comercial con China será insostenible. Un mayor declive económico en Estados Unidos y/o medidas proteccionistas antiimportación significarían un severo golpe a la economía industrial china. Operaciones de propiedad extranjera y de propiedad conjunta y compañías privadas chinas, así como algunas empresas estatales cuya producción está orientada al mercado de exportación, serían forzadas a llevar a cabo grandes recortes de producción y despidos tanto de obreros industriales como de empleados de oficina. Esto tendría un fuerte efecto depresivo en toda la economía china.
Recientemente, China ha empezado a abrir parcialmente sus bancos a la propiedad extranjera. Si los banqueros de Wall Street, Frankfurt y Tokio adquieren un grado significativo de control sobre el sector financiero chino, los efectos económicos serán probablemente terribles. Algunas empresas estatales grandes con amplias deudas podrían ser forzadas a disminuir la producción y recortar las nóminas. Incluso podría haber un peligro real de una inesperada y masiva retirada de capital monetario, tal como la que provocó la crisis financiera y económica en el este asiático a finales de la década de 1990.
Según la opinión pública burguesa convencional, el capitalismo ya ha sido restaurado en China o está siendo rápida e irreversiblemente restaurado. Sin embargo, como fue el caso de la antigua Unión Soviética, la arena decisiva en la cual una contrarrevolución capitalista tendría que triunfar es al nivel político, en la conquista del poder estatal, no simplemente mediante una extensión cuantitativa del sector privado, ya sea doméstico o extranjero. A su propia manera, la burguesía imperialista, en especial la clase dominante estadounidense, entiende muy bien lo anterior. De ahí el abierto respaldo de los gobiernos de Estados Unidos e Inglaterra hacia los partidos y fuerzas agresivamente anticomunistas en el enclave capitalista de Hong Kong, una antigua colonia británica que es la única parte de la República Popular China (excepto Macao) donde el PCCh no ejerce el monopolio del poder y organización políticos. Por ende, también los gobernantes de Estados Unidos insisten en la necesidad de una “liberación política” en China.
Aspirando a repetir la destrucción contrarrevolucionaria de la Unión Soviética en 1991-92, los imperialistas quieren promover una oposición política anticomunista en China, basada principalmente en la nueva clase de empresarios capitalistas y los elementos entre los funcionarios del PCCh y el estrato de gerentes-profesionistas-tecnócratas atados estrechamente al capital nacional y extranjero.
Al mismo tiempo, el imperialismo estadounidense ha estado incrementando la presión militar sobre China, construyendo bases en Asia Central, intentando rodear a China con instalaciones militares y estableciendo un pacto con Japón el año pasado para defender el bastión capitalista de Taiwán, cuya burguesía sostiene considerables inversiones en la China continental. El Pentágono está tratando de llevar a cabo una estrategia abiertamente anunciada por la pandilla de Bush en Washington para neutralizar el pequeño arsenal nuclear de China en caso de un primer ataque nuclear estadounidense. Como trotskistas, estamos por la defensa militar incondicional de China y los estados obreros burocráticamente deformados restantes —Corea del Norte, Vietnam y Cuba— ante un ataque imperialista y la contrarrevolución capitalista. En particular, apoyamos las pruebas y posesión de armas nucleares de China y Corea del Norte, como una medida disuasiva necesaria contra un chantaje nuclear imperialista.
A pesar y en parte debido a su rápido crecimiento económico y especialmente industrial, China ha llegado a ser una caldera hirviente de descontento popular. Un enorme y estratégicamente poderoso proletariado industrial enfrenta a una sociedad de absoluta y creciente inequidad y desigualdad. Como parte de sus reformas orientadas al mercado, el régimen estalinista de Beijing ha dejado sin recursos financieros al servicio de salud pública y la educación primaria, cuando, más que nunca antes, tales recursos están disponibles para solventar las necesidades básicas del pueblo trabajador chino. Han ocurrido extensas y continuas protestas obreras contra despidos en empresas estatales, por salarios, pensiones y otras prestaciones no pagadas, y abusos similares. Furiosas protestas de campesinos son muy comunes en el campo, y frecuentemente incluyen enfrentamientos violentos con la policía, contra la toma de tierras por parte de funcionarios locales del PCCh dedicados a la especulación inmobiliaria.
La burocracia gobernante está claramente dividida entre los elementos que quieren que las “reformas” económicas continúen sin perder intensidad, y los que quieren más intervención estatal para frenar los estragos de la mercantilización y, por lo tanto, contener el descontento, y otros que procuran regresar a la economía burocráticamente planificada. En algún punto, probablemente cuando los elementos burgueses de dentro y alrededor de la burocracia se movilicen para eliminar el poder político del PCCh, las múltiples tensiones sociales explosivas de la sociedad china harán estallar en pedazos la estructura política de la casta burocrática gobernante. Y cuando eso pase, el destino del país más poblado de la Tierra será planteado agudamente: ya sea por una revolución política proletaria que abra el camino al socialismo o el regreso a la esclavitud capitalista y la subyugación imperialista.
Nosotros estamos por una revolución política proletaria que barra con la opresiva y parasitaria burocracia estalinista y la remplace con un gobierno basado en consejos de obreros y campesinos democráticamente electos. Tal gobierno, bajo la dirección de un partido leninista-trotskista, restablecería una economía centralmente planificada y administrada —incluyendo el monopolio estatal del comercio exterior— no por el arbitrario “comandismo” de una casta burocrática excluyente (que ha producido desastres tales como el del “Gran Salto Adelante” de Mao a finales de los años 50), sino por la más amplia democracia proletaria. Este gobierno expropiaría a la recién surgida clase de empresarios capitalistas chinos y renegociaría los términos de la inversión extranjera según los intereses de la población obrera china, insistiendo, por ejemplo, en mantener las condiciones de los trabajadores por lo menos al mismo nivel que en el sector estatal. Un gobierno obrero revolucionario en China promovería la colectivización voluntaria de la agricultura sobre la base del cultivo mecanizado y científico a gran escala, reconociendo que esto requiere ayuda material sustancial de revoluciones obreras exitosas en los países económicamente más avanzados.
Una revolución política proletaria en China alzando la bandera del internacionalismo socialista sacudiría en verdad al mundo. Haría añicos el clima ideológico de la “muerte del comunismo” propagado por las clases gobernantes imperialistas desde la destrucción de la Unión Soviética. Radicalizaría al proletariado de Japón, la fuerza industrial y el amo imperialista del este asiático. Provocaría una lucha por la reunificación revolucionaria de Corea —mediante una revolución política en la asediada Corea del Norte y una revolución socialista en la Corea del Sur capitalista— y reverberaría entre las masas del sur de Asia, Indonesia y las Filipinas, subyugadas por la austeridad imperialista. Sólo mediante el derrocamiento del dominio de la clase capitalista internacionalmente, particularmente en los centros imperialistas de América del Norte, Europa Occidental y Japón, puede conseguirse la completa modernización de China como parte de un Asia socialista. Es con el fin de proporcionar la dirección necesaria del proletariado en estas luchas que la Liga Comunista Internacional lucha por reforjar la IV Internacional de Trotsky, el partido mundial de la revolución socialista.
El desarrollo económico y la perspectiva mundial comunista
La diferencia entre Hart-Landsberg y Burkett por un lado y Lippit por el otro no es fundamentalmente sobre una evaluación empírica de las condiciones socioeconómicas cambiantes en China durante el pasado cuarto de siglo de la era de “reformas”. Por supuesto que tienen diferencias importantes al respecto —por ejemplo, sobre en qué medida cuantitativa se ha superado la pobreza—. Pero lo que básicamente separa a Hart-Landsberg y Burkett de Lippit es lo que podría nombrarse una jerarquía de valores diferente. Los primeros elevan los antiguos valores de igualdad y comunalidad por encima de la expansión de las fuerzas productivas, ignorando que esto último es una condición necesaria para la liberación de la mayoría de la humanidad de la escasez y el trabajo penoso. Así, argumentan en su réplica: “El éxito de China según los criterios de desarrollo estándares (crecimiento económico, afluencias de inversión extranjera directa y exportaciones), lejos de crear las condiciones para el éxito real o potencial en lo referente al bienestar humano, pudo haber minado, en cambio, las condiciones del desarrollo humano para la mayoría de la población trabajadora china.”
No menos que Lippit, o incluso que los partidarios del neoliberalismo, Hart-Landsberg y Burkett creen que el capitalismo en su presente forma “globalizada” se ve forzado a maximizar el crecimiento económico medido a través del incremento de los bienes y servicios. Esto es directamente contrario al entendimiento marxista de que el modo de producción capitalista y el sistema estado-nación, los cuales están enraizados en el impulso por la acumulación privada de ganancias, detienen el desarrollo progresista de las fuerzas productivas a escala mundial. Un ejemplo es el profundo y creciente empobrecimiento de las masas del África semicolonial, América Latina y partes de Asia.
Escribiendo a principios de los años 30 en el contexto de la depresión económica mundial y el resurgimiento de las rivalidades interimperialistas que pronto llevaron a la Segunda Guerra Mundial, León Trotsky explicó:
“El capitalismo se ha sobrevivido a sí mismo como sistema mundial. Ha dejado de cumplir su misión esencial, el incremento del poder y el bienestar humano. La humanidad no puede permanecer en el nivel que ha alcanzado. Sólo un poderoso incremento en las fuerzas productivas y una organización de la producción y la distribución racional y planificada, esto es, socialista, puede asegurar a la humanidad —a toda la humanidad— un nivel de vida decente y al mismo tiempo darle el precioso sentimiento de libertad con respecto a su propia economía. Libertad en dos sentidos —primero que nada, el hombre no estará más obligado a dedicar la mayor parte de su vida al trabajo físico. Segundo, ya no será más dependiente de las leyes del mercado…
“La tecnología liberó al hombre de la tiranía de los viejos elementos —tierra, agua, fuego y aire— sólo para sujetarlo a su propia tiranía. El hombre dejó de ser un esclavo de la naturaleza para convertirse en un esclavo de la máquina, y todavía peor, un esclavo de la oferta y la demanda. La actual crisis mundial testifica de manera especialmente trágica cómo el hombre, que se sumerge al fondo del océano, que se eleva a la estratosfera, que conversa a través de ondas invisibles con las antípodas, cómo este orgulloso y osado gobernante de la naturaleza permanece siendo esclavo de las fuerzas ciegas de su propia economía. La tarea histórica de nuestra época consiste en remplazar el incontrolable papel del mercado por la planeación razonable, disciplinando las fuerzas de la producción, obligándolas a trabajar juntas en armonía y obedientemente para servir a las necesidades de la humanidad. Sólo sobre esta nueva base social el hombre será capaz de estirar sus cansados miembros y —todo hombre y toda mujer, no sólo unos pocos seleccionados— convertirse en un ciudadano completo en el reino del pensamiento.”
—“En defensa de la Revolución Rusa” (1932), reimpreso en Leon Trotsky Speaks [Discursos de León Trotsky] (1972)
Esta genuina visión marxista del futuro es completamente ajena al pensamiento de Hart-Landsberg y Burkett.
Panaceas anarco-populistas...
Lo que Hart-Landsberg y Burkett contraponen al neoliberalismo es la noción de una “economía centrada en los trabajadores y la comunidad”. Tanto el término como el concepto son totalmente ajenos al marxismo. “Comunidad” es un término convencional burgués que sirve para oscurecer las divisiones de clase y los conflictos de intereses en la sociedad. Aplicada en particular a China, la noción de una “economía centrada en los trabajadores y la comunidad” oscurece la diferencia de clases entre los trabajadores y los campesinos. El último es un estrato pequeñoburgués cuyos ingresos se derivan de la propiedad y venta de bienes. Los campesinos tienen un interés material en que los productos comestibles y otros productos agrícolas que ellos venden tengan precios altos en comparación con los precios de los bienes manufacturados que deben comprar tanto para la producción (por ejemplo, fertilizantes químicos, equipo de cultivo) como para el consumo personal. Además, el interés de los campesinos por los precios altos en los productos comestibles no es eliminado mediante la transformación de las parcelas familiares en colectivos agrícolas. El ingreso para los miembros de los colectivos sigue dependiendo en gran medida de los precios que reciben al vender su producción, ya sea a una agencia gubernamental de aprovisionamiento o en el mercado privado.
A pesar de declararse marxistas, la perspectiva de Hart-Landsberg y Burkett equivale a una forma de anarco-populismo. Su noción de una “economía centrada en los trabajadores y la comunidad” tiene una afinidad con el clásico programa de una federación de comunas políticamente autónomas y en gran medida económicamente autosuficientes asociado con el aventurero anarquista Mijaíl Bakunin en el siglo XIX. Esto puede observarse en la naturaleza de su crítica a la economía china durante la era de Mao, al sostener que la sobrecentralización de la economía fue ineficiente y, de manera más importante, al identificar implícitamente una economía centralmente planificada con control político autoritario:
“La planificación económica se había vuelto sobrecentralizada y, conforme la economía se volvía más compleja, incapaz de responder efectiva y eficientemente a las necesidades de la gente...
“Había una necesidad crítica de construir sobre la solidez de los logros obtenidos por China en el pasado y de conferir poder a los obreros y campesinos para crear nuevas estructuras de toma de decisión y planificación. Entre otras cosas, esto implicaba una reestructuración y descentralización de la economía y de la toma de decisiones por parte del estado para aumentar el control directo de los productores asociados sobre las condiciones y productos de su trabajo.”
Hart-Landsberg y Burkett condenan las crecientes desigualdades generadas por el programa de “reformas” orientadas al mercado. No obstante, lograr un nivel uniforme de salarios y prestaciones en todas las diferentes empresas, industrias y regiones necesariamente requiere una economía centralmente administrada. Solamente un sistema así es capaz de redistribuir los recursos económicos de las empresas, industrias y regiones más productivas hacia las menos productivas.
En las aproximadamente 150 páginas de “China y el socialismo” y la réplica a Lippit y otros, Hart-Landsberg y Burkett no explican cómo una “economía centrada en los trabajadores y la comunidad” funcionaría en los hechos. La mayor parte del tiempo usan esa formulación como un mantra para espantar a los males del neoliberalismo. En algún momento dan como un ejemplo hipotético “la creación de un sistema nacional de salud”, explicando que:
“esto requeriría desarrollar una industria de la construcción para edificar clínicas y hospitales, una industria farmacéutica para tratar enfermedades, una industria de máquinas-herramientas para hacer equipo, una industria de programas de computación para llevar un registro y un sistema educativo para entrenar doctores y enfermeras, etc., todo determinado por el desarrollo de las necesidades y capacidades de la población a los niveles local, nacional y regional.”
En ningún lugar mencionan las instituciones políticas y mecanismos económicos estructurales necesarios para lograr esta loable tarea. ¿Cómo se determinaría la fracción del total de recursos económicos disponibles a gastar en el sistema de salud, y no en otras necesidades tales como la inversión en la expansión industrial y la infraestructura, defensa militar, educación, pensiones, etc.? La coordinación de actividades económicas diferentes (por ejemplo construcción, equipo médico, programas de computación) para desarrollar el sistema de salud requeriría una planificación y administración centralizada. Tal sistema es totalmente compatible con la participación democrática activa de los trabajadores en el lugar de producción, por ejemplo, aconsejando sobre el mejor uso de la tecnología, estableciendo y reforzando estándares seguros, manteniendo una disciplina laboral y cosas por el estilo. La división del total de los recursos económicos entre necesidades contendientes debería ser debatida y decidida en el nivel más alto de un gobierno basado en la democracia proletaria, es decir, un gobierno de consejos obreros y campesinos. La democracia proletaria es esencial para el funcionamiento racional de una economía planificada.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/27/china.html
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2016.05.24 13:11 ShaunaDorothy Contra el "tortillazo" de Calderón y los consorcios maiceros: ¡Abajo el TLC! ¡Expropiar a los magnates del maíz! ¡Por movilizaciones obreras contra el hambre y la represión! (2 - 2) (Primavera de 2007)

https://archive.is/nUykZ
La revolución permanente y la defensa de la industria energética nacionalizada
México presenta un desarrollo desigual y combinado del capitalismo, en donde las técnicas más modernas de producción industrial conviven con el atraso ancestral del campo. La burguesía de los países subyugados por el imperialismo es incapaz siquiera de llevar a cabo tareas democrático-burguesas, tales como la emancipación nacional, la revolución agraria y la democracia política, históricamente asociadas con las revoluciones burguesas como la francesa de 1789. El revolucionario ruso León Trotsky describió la debilidad de esta clase:
“…la presión del imperialismo extranjero altera y distorsiona tanto la estructura económica y política de esos países que la burguesía nacional (aun en los países políticamente independientes de Sudamérica) no alcanza más que parcialmente el nivel de clase dominante. La presión del imperialismo en los países atrasados no cambia, es verdad, su carácter social básico, ya que opresor y oprimido no representan más que diferentes grados de desarrollo de una misma sociedad burguesa… La burguesía de los países coloniales y semicoloniales es una clase semioprimida, semidominante...”
—“Simultáneamente clase dominante y oprimida” (1937)
Los espartaquistas nos basamos en la perspectiva de la revolución permanente desarrollada por Trotsky y vindicada en la práctica por la Revolución Rusa de 1917. El cumplimiento cabal de las tareas democrático-burguesas sólo es posible, en nuestra época, bajo el dominio del proletariado. Pero, una vez en el poder, la clase obrera no podrá reducirse a la consecución de estas tareas, sino que pasaría inmediatamente a las tareas socialistas, colectivistas, de la revolución. De esta forma adquiere la revolución su carácter permanente. Así, las sentidas demandas democrático-burguesas de la población se convierten en una fuerza motriz de la revolución socialista.
Nos oponemos al TLC y defendemos la industria energética nacionalizada —especial pero no únicamente el petróleo— como medidas elementales de autodefensa de un país semicolonial contra los imperialistas. Las nacionalizaciones del sector energético fueron una conquista crucial para este país. Como grandes capas de la población se dan perfecta cuenta, la privatización del petróleo significaría incluso una mayor subyugación por parte de los imperialistas, en particular los estadounidenses.
Hasta marzo de 1938, la industria petrolera en México era propiedad de los imperialistas británicos, estadounidenses y holandeses. Tras la expropiación cardenista, los magnates petroleros —especialmente los británicos, que contaban con el respaldo de “Su Majestad”— impusieron un boicot al crudo mexicano y de hecho instigaron la rebelión derechista del general Cedillo contra Cárdenas. Trotsky apeló al internacionalismo proletario para movilizar a los obreros británicos en defensa de la expropiación mexicana contra sus propios gobernantes imperialistas. Como escribió Trotsky:
“La expropiación del petróleo no es ni comunismo ni socialismo: es una medida profundamente progresiva de autodefensa nacional…
“Sin abandonar su propia fisonomía, toda organización obrera del mundo entero, y ante todo de Gran Bretaña, tiene la obligación de atacar implacablemente a los bandidos imperialistas, su diplomacia, su prensa y sus lacayos fascistas. La causa de México, como la de España, como la de China, es la causa de toda la clase obrera del mundo. La lucha planteada alrededor del petróleo mexicano es una de las escaramuzas de vanguardia de los combates futuros entre oprimidos y opresores.”
—“México y el imperialismo británico” (1938)
Hoy son los imperialistas estadounidenses quienes revolotean como aves de rapiña en torno a PEMEX. Una de las razones principales de la reciente visita de Bush a México era insistir en la apertura al “capital privado para expandir la producción de PEMEX” (La Jornada, 11 de marzo). Los obreros estadounidenses tienen el deber internacionalista de defender la industria petrolera nacionalizada mexicana contra los rapaces designios de Bush y su parvada imperialista.
¡Por un gobierno obrero y campesino!
El campesinado es una capa heterogénea de la pequeña burguesía que no puede desempeñar un papel político independiente como clase. Su actividad productiva es individual y se basa en la propiedad privada de una porción de tierra, y por tanto los campesinos compiten económicamente entre sí. El campesinado no cuenta con el interés objetivo de clase, ni con la cohesión ni con el poder social que tiene la clase obrera para derrocar a la burguesía e instaurar su propio gobierno. Especialmente a raíz de la entrada en vigor del TLC, el campo mexicano ha sido en gran medida devastado, con grandes masas de campesinos echados de sus tierras ante la incapacidad de competir con los grandes agribusinesses estadounidenses y mexicanos. Los campesinos pobres y las grandes masas urbanas depauperadas son el principal aliado potencial del proletariado en la revolución socialista.
La clase obrera industrial debe ponerse al frente de los demás sectores oprimidos de la sociedad y luchar, junto con comités de proletarios agrícolas y campesinos, por subsidios en forma de maquinaria, tractores, sistemas de riego, créditos agrícolas, así como granos de calidad. Empleos bien remunerados, educación bilingüe y de calidad a todos los niveles, un sistema de obras públicas para proporcionar servicios básicos y médicos en las regiones indígenas más atrasadas del campo deben ser demandas básicas del movimiento obrero.
La consigna por la llamada “soberanía alimentaria”, planteada especialmente por la UNT y una miríada de organizaciones campesinas, resuena por todos lados. Esta demanda tiene un carácter defensivo, pues se plantea en el contexto de la devastación del campo por el TLC y la creciente subyugación a los imperialistas. Sin embargo, nosotros no la levantamos. Según la Unión Nacional de Organizaciones Regionales Campesinas Autónomas (UNORCA), la soberanía alimentaria significa “la libre determinación de los pueblos para definir sus políticas agrícolas y silvícolas; luchando por sacar a la agricultura y la alimentación de la Organización Mundial del Comercio, así como de cualquier tratado comercial internacional que vulnere nuestra soberanía.” En el centro de sus demandas está “promover el desarrollo rural integral y sustentable con la implementación de nuevas Políticas Públicas, programas, instrumentos y reformas institucionales que fomenten y protejan la capacidad de producir, industrializar, distribuir y comercializar los productos estratégicos para la alimentación de los mexicanos, con base en los pequeños productores campesinos, como condición de la soberanía alimentaria.” Así, detrás de la demanda por “soberanía alimentaria” está un marco reaccionario y utópico de regresar a la agricultura campesina a pequeña escala dentro de los marcos del capitalismo nacional.
En contraposición a los nacional-populistas, los marxistas entendemos que el hambre sólo puede ser eliminada en el contexto de una división internacional del trabajo en una economía socialista planificada, lo cual requiere el derrocamiento global del capitalismo. Perpetuar la existencia de un campesinado miserable y cultural y técnicamente atrasado es reaccionario. Los marxistas luchamos por la modernización del campo. Un gobierno obrero y campesino —la dictadura del proletariado apoyada por el campesinado pobre, en la que juntos dirigirán los destinos del país a través de los soviets o consejos— se esforzaría por cumplir estas metas expropiando todos los modernos agribusinesses del norte y el Bajío, transformándolos en granjas estatales. Al mismo tiempo, procuraría convencer, mediante el ejemplo, a los campesinos pobres del sur y el centro de las ventajas de la gran explotación colectiva tecnificada sobre las pequeñas parcelas familiares. El destino de los campesinos pobres, es decir, su desaparición en medio de la opresión y la miseria capitalistas o su transformación en una clase de proletarios agrícolas en un campo modernizado, depende del triunfo de la revolución proletaria y su extensión internacional.
¡Por el internacionalismo proletario!
México, aun tras la revolución proletaria, no puede alcanzar solo los niveles de vida de un país del primer mundo. La modernización del campo, por ejemplo, requeriría un nivel científico y tecnológico mucho más alto del que México posee. La supervivencia inmediata misma de un México obrero dependerá de la ayuda de nuestros hermanos de clase estadounidenses. Al mismo tiempo, una revolución socialista en México resonaría por toda América y galvanizaría al poderoso proletariado multirracial estadounidense. Trotsky explicó en sus “Tesis fundamentales” de La revolución permanente (1931):
“El triunfo de la revolución socialista es inconcebible dentro de las fronteras nacionales de un país. Una de las causas fundamentales de la crisis de la sociedad burguesa consiste en que las fuerzas productivas creadas por ella no pueden conciliarse ya con los límites del estado nacional. De aquí se originan las guerras imperialistas, de una parte, y la utopía burguesa de los Estados Unidos de Europa [hoy día, el bloque imperialista de la Unión Europea], de otra. La revolución socialista empieza en la palestra nacional, se desarrolla en la internacional y llega a su término y remate en la mundial. Por lo tanto, la revolución socialista se convierte en permanente en un sentido nuevo y más amplio de la palabra: en el sentido de que sólo se consuma con la victoria definitiva de la nueva sociedad en todo el planeta.”
Muchos ven incorrectamente a EE.UU. como una masa reaccionaria e imperialista homogénea —una visión basada en el nacionalismo burgués impulsado prominentemente por el PRD—. Pero los Estados Unidos son una sociedad dividida en clases. Las clases obreras y los oprimidos de México y los EE.UU. tienen un interés común en una revolución socialista en “el norte”. Nuestros camaradas estadounidenses luchan por movilizar a la poderosa y multirracial clase obrera estadounidense en oposición a los designios del imperialismo yanqui, oponiéndose tajantemente a la ocupación colonial de Irak, a la presencia de tropas imperialistas en el Medio Oriente y a la amenaza imperialista de EE.UU. sobre los estados obreros deformados chino y norcoreano. Nuestros camaradas en EE.UU. luchan por plenos derechos de ciudadanía para los inmigrantes como una forma concreta de crear vínculos de solidaridad entre ambos proletariados, todo bajo una perspectiva de lucha de clases independiente de los partidos burgueses republicano y demócrata.
En 1991 la Spartacist League/U.S., la Trotskyist League of Canada/Ligue trotskyste du Canada y el Grupo Espartaquista de México, todas secciones de la Liga Comunista Internacional, emitieron una declaración titulada: “Alto al TLC, rapiña de México por el imperialismo [de] EE.UU.” Ésta explica que “la lucha por la revolución obrera en México y Estados Unidos está directamente ligada, entre otras cosas, por el puente humano de millones de trabajadores mexicanos y centroamericanos que se han ido ‘pa’l norte’” y llama “a los trabajadores mexicanos, estadounidenses y canadienses a oponerse conjuntamente a este pacto antiobrero”. ¡Abajo el TLC! ¡Por lucha de clases conjunta en ambos lados de la frontera! ¡Por la revolución socialista en toda América!
¡Por una dirección clasista! ¡Forjar un partido obrero revolucionario, tribuno del pueblo!
Está claro que los obreros mexicanos quieren luchar. Pero sus actuales direcciones los subordinan a la burguesía, ya sea mediante la ideología nacionalista o la represión abierta. Como excusa para no movilizar a sus bases para la manifestación contra la carestía del 31 de enero, un vocero de los sindicatos corporativistas agrupados en la CTM e históricamente afiliados con el PRI argumentó que hay que “darle tiempo” a Calderón para ver si sus medidas económicas “funcionan”. La CTM y el CT se rehusaron a participar una vez confirmado que AMLO iba a marchar, y después propusieron un sistema de “crédito al salario”. Esta medida lo único que haría sería endeudar a los obreros con la patronal. Se requiere elevar el poder adquisitivo de los trabajadores, no encadenarlos de por vida a sus explotadores mediante préstamos chupasangre.
Por su parte, los sindicatos “independientes” de la UNT y el SME, políticamente alineados con el PRD, marcharon el 31 de enero bajo un pliego de nueve demandas codificadas en la “Declaración del Zócalo”, las cuales reflejan claramente el programa populista burgués del PRD. Además de exigir apoyos al campo, aumento salarial de emergencia, así como la creación de empleos formales —demandas que se dirigen a necesidades elementales y que apoyamos—, la declaración llama a “renegociar” y no a acabar con el TLC y apela a crear un “gran acuerdo nacional” sobre la base de la “unidad social”, como si no hubiera divisiones de clase en México. Las burocracias sindicales quieren unir a las masas empobrecidas con la gente que está tratando de matarlas de hambre. Esto es el nacionalismo burgués: ilusiones en la falsa unidad de explotados con explotadores sobre la base de un supuesto interés común en sacar a “la patria” adelante.
Los espartaquistas luchamos por remplazar a las burocracias procapitalistas con una dirección clasista y por transformar a los sindicatos en órganos del movimiento revolucionario proletario. Como León Trotsky explicó en 1940: “La primera consigna de esta lucha es: independencia total e incondicional de los sindicatos con respecto al estado capitalista.”
Esta lucha y la lucha por la democracia sindical no pueden separarse pues de la lucha por una dirección revolucionaria —un partido obrero revolucionario leninista-trotskista, parte de una IV Internacional reforjada, el partido mundial de la revolución socialista—. Un partido bolchevique es el instrumento fundamental para llevar la conciencia política al proletariado, la principal fuerza ofensiva y conductora a través de la cual la clase obrera puede realizar y consolidar la revolución socialista. Como explicó Trotsky: “No puede triunfar la revolución proletaria sin el partido, aparte del partido, al encuentro del partido o por un sucedáneo del partido” (Lecciones de Octubre, 1924).
El socialista utópico francés Fourier señaló que “el grado de emancipación de las mujeres es la medida natural de la emancipación general”. Las revoluciones burguesas, como la Revolución Francesa de 1789, limpiaron de instituciones feudales el camino del desarrollo capitalista, remplazaron las relaciones sociales basadas en obligaciones y privilegios con otras basadas en la igualdad contractual, y de ese modo tuvieron un profundo efecto en la familia. La condición de la mujer en los países capitalistas más avanzados muestra los limites de libertad y progreso social bajo el capitalismo. Por otro lado, el carácter atrasado del desarrollo capitalista en México, su pasado colonial y su subyugación al imperialismo se reflejan en enraizadas manifestaciones de atraso social. Perredistas y representantes de otros partidos en la Asamblea Legislativa del D.F. han presentado una propuesta para despenalizar el aborto hasta doce semanas de embarazo cuando la mujer interesada aduzca pobreza y para que pueda decidir cuántos hijos tener. En respuesta, la archirreaccionaria iglesia católica está convocando movilizaciones para impedir su aprobación. Los espartaquistas estamos a favor de esta reforma parcial y luchamos por el derecho al aborto libre y gratuito, por la liberación de la mujer mediante la revolución socialista y por plenos derechos para los homosexuales.
La ancestral opresión racista antiindígena deriva de la brutalidad colonial, cuando la decadente corona española se mantenía viva con base en los inmensos cargamentos de plata y oro obtenidos mediante la superexplotación de la población nativa. El machismo, la homofobia, el racismo antiindígena y el antisemitismo son ideologías burguesas que sirven para justificar la opresión concreta y dividir a los oprimidos. Un partido revolucionario actuaría, en palabras de Lenin, como “el tribuno del pueblo”. Al combatir toda muestra de opresión y atraso social, el partido proletario encarna el ideal del marxismo revolucionario: la emancipación de la humanidad entera a través de la emancipación del proletariado.
El populismo pequeñoburgués radical del EZLN y la APPO
En el contexto de la horrible miseria y la brutal opresión a la que están sujetos los indígenas del país, el EZLN ha sido muy atractivo para algunos que se oponen a la devastación capitalista. Además, sus críticas al PRD durante el circo electoral fueron un polo de atracción para muchos jóvenes. Así, la Sexta Declaración zapatista habla de que “el problema del país no es un partido, sino el sistema capitalista”, al cual “tenemos que transformar” (La Jornada, 15 de enero de 2006). Pero no hay nada en la Sexta dirigido a derrocar el capitalismo; sus demandas son por reformas democráticas como, principalmente, una nueva constitución “que reconozca los derechos y libertades del pueblo, y defienda al débil frente al poderoso”. Es utópico pensar que mediante nueva legislación se pueda reformar el estado capitalista para ponerlo al servicio de los explotados y oprimidos. Se requiere la revolución obrera que abola la propiedad privada.
Por otro lado, la combatividad de la APPO, surgida como la aliada de los maestros de la Sección 22 del SNTE que estuvieron en huelga por más de seis meses, también galvanizó a quienes quieren luchar contra este vil y corrupto régimen. Sus barricadas —que les daban control de una parte importante de la ciudad de Oaxaca— y sus constantes combates contra la policía eran una fuente de inspiración para muchos jóvenes que quieren algo más que las fraudulentas contiendas electorales y la farsa parlamentaria. Pero su lucha no iba más allá de la demanda por la destitución del gobernador-verdugo Ulises Ruiz. Así, aunque al principio habían llamado por un boicot electoral, los dirigentes de la APPO y de la Sección 22 terminaron por llamar por el voto a AMLO.
El populismo niega la división fundamental de la sociedad de clases entre el proletariado y la burguesía, sustituyéndola por una división simplista entre meros ricos y pobres y negando así el papel central de la clase obrera como el agente fundamental del cambio social. De hecho, los zapatistas surgieron en 1994 en rechazo explícito de la lucha por la revolución proletaria. Consecuentemente, los populistas reducen su programa a reformas democráticas dentro del marco capitalista y la estrechez nacionalista. Así, independientemente de su combatividad e intenciones, los populistas “radicales” como el EZ y la APPO terminan orbitando en torno al PRD burgués y tratando de presionarlo.
La cadena sifilítica del populismo pequeñoburgués
Nuestra perspectiva marxista revolucionaria está contrapuesta no sólo a todas las variantes del populismo, sino también a la de las demás organizaciones que, llamándose marxistas, van a la cola de fuerzas de clases distintas del proletariado y restringen su programa al terreno nacional. Quizás el ejemplo más grotesco lo dé la Tendencia Militante, que es parte integral del PRD burgués. Militante dice enternecedoramente que “AMLO debe luchar contra el capitalismo” (Militante No. 154, 2ª quincena de septiembre de 2006). Esto es equivalente a llamar por que el Papa luche por los derechos de los gays. Militante no hace sino fortalecer ilusiones suicidas en el PRD y su política pavimenta el camino hacia derrotas sangrientas de la clase obrera.
La Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS) lanza todo tipo de consignas contra la carestía de la vida, tales como “empleo para todos”, “aumento general de emergencia” (Estrategia Obrera No. 58, 24 de enero de 2007), etc., pero, sin siquiera una referencia a la lucha por la revolución socialista en su artículo, el programa de la LTS es un programa reformista, enteramente enmarcado en el capitalismo. La LTS escribe: “Lamentablemente, el PRD que se dice ser [sic] un partido ‘democrático’ y estar [sic] en contra de la represión, ha avalado este accionar” (Ibíd.), es decir, los recientes operativos federales masivos en Michoacán. ¡La LTS ni siquiera menciona la participación directa del PRD en el ataque sangriento contra los obreros de Lázaro Cárdenas en abril pasado! En cambio, invita “al conjunto de las organizaciones que se reclaman democráticas (como las que integran la CND)”, a unírsele en la constitución de una “Coordinadora Nacional contra la Represión”; en otras palabras, la LTS llama por un bloque político con el PRD burgués.
El Grupo Internacionalista fue formado hace once años por antiguos miembros desmoralizados de nuestra organización. Incapaces de lidiar con la destrucción contrarrevolucionaria de la URSS y el retroceso en la conciencia de la clase obrera que acompañó esta derrota, desertaron del trotskismo para ir a la cola de fuerzas de clases ajenas, embelleciendo la conciencia existente y adaptándose a ella.
El GI es incapaz de lidiar con las ilusiones masivas en el populismo y recurre a inventar su propia realidad. Así, hace todo tipo de contorsiones para presentar a AMLO como un mero “neoliberal con rostro humano”, minimiza los efectos devastadores del TLC y todas las políticas neoliberales de los últimos cuatro sexenios y le da la espalda a la lucha en defensa de derechos democráticos elementales y las necesidades más apremiantes de la población pobre.
En un artículo reciente (“Contra el tortillazo, ¡Imponer el control obrero! Crisis de la tortilla, producto del capitalismo”, El Internacionalista, enero de 2007), el GI esencialmente se dedica a poner un signo de igual entre el viejo régimen semibonapartista del PRI y las actuales políticas hambreadoras y abiertamente proimperialistas del PAN. Así, mientras hace una referencia de pasada al “desastre” ocasionado por el TLC, argumenta que “ni la pobreza de los pequeños campesinos ni la migración forzada empezaron hace 15 años”, minimizando la horrible miseria y creciente subyugación de México al imperialismo que este tratado de rapiña ha ocasionado. Finalmente, escribe:
“Además, al mantener artificialmente bajos los precios de la tortilla y altos los del maíz, lo que hacían era subsidiar a los industriales mexicanos al aminorar el costo de reproducción de ‘su’ fuerza laboral. En otras palabras, utilizaron su ‘soberanía alimentaria’ para mantener a los trabajadores sumidos en la pobreza por los bajos sueldos.”
¡El GI argumenta que no hay que luchar por comida barata porque significa mantener los salarios bajos! Esta posición es, simple y llanamente, reaccionaria.
El GI reniega de la defensa de conquistas parciales. Con esta lógica, debería oponerse a la defensa de la industria petrolera nacionalizada, y de hecho a toda demanda dirigida a mejorar la situación de los obreros y los oprimidos antes de la revolución socialista. Toda reforma, toda conquista para los obreros y los oprimidos será necesariamente parcial y en cualquier momento reversible mientras siga existiendo el capitalismo. Pero no por ello los revolucionarios renunciamos a la lucha por conquistas parciales; al contrario, nuestro propósito es movilizar a la clase obrera a la cabeza de todos los pobres y oprimidos en la lucha por sus necesidades más apremiantes en preparación para el derrocamiento general de la clase capitalista. Como Lenin explicó:
“Los marxistas, a diferencia de los anarquistas, admiten la lucha por las reformas, es decir, por medidas que mejoren la situación de los trabajadores sin destruir el poder de la clase dominante. Pero a la vez los marxistas sostienen la lucha más decidida contra los reformistas, quienes, directa o indirectamente, limitan los objetivos y las actividades de la clase obrera a la conquista de reformas. El reformismo es un engaño de que la burguesía hace víctimas a los obreros, quienes, pese a algunas mejoras aisladas, seguirán siendo esclavos asalariados mientras exista la dominación del capital.”
—“Marxismo y reformismo” (1913)
Lecciones de la Comuna de París de 1871
La lucha convulsiva de las masas oaxaqueñas ha infatuado a la izquierda supuestamente “trotskista”; este ejemplo muestra su crasa renuncia, en los hechos, a la revolución permanente de Trotsky. La LTS saluda esa lucha como “la comuna de Oaxaca”, equiparándola a la Comuna de París de 1871. Nada podría ser más falso. La Comuna de París fue una revolución social, el primer ejemplo en la historia de la dictadura del proletariado. ¡Pero, para empezar, la clase obrera industrial a duras penas existe en Oaxaca! En realidad, la lucha en Oaxaca se basó totalmente en profesores sindicalizados y las masas pequeñoburguesas depauperadas. Para los genuinos trotskistas, el punto no es pintar la realidad en colores más agradables, sino luchar por la movilización del proletariado urbano industrial a la cabeza de todos los oprimidos en la lucha por la revolución socialista.
Una de las principales lecciones de la Comuna de París —que al final fue aplastada por la reacción burguesa al costo de unas 30 mil vidas obreras— fue que el proletariado no puede tomar el aparato estatal existente y esgrimirlo en interés propio. Como nos enseñaron Marx y Engels, el estado burgués consiste en destacamentos de hombres armados cuya tarea es defender el modo de producción capitalista basado en la propiedad privada y la explotación del trabajo. Su núcleo es el ejército, la policía, los tribunales y las cárceles. La clase obrera debe destruir el estado burgués mediante la revolución socialista y erigir en su lugar un estado obrero para defender al proletariado como la nueva clase dirigente contra la burguesía recalcitrante. Las lecciones de la Comuna de París respecto al entendimiento marxista del estado —codificadas especialmente en El estado y la revolución de Lenin, una obra seminal del marxismo revolucionario— desempeñaron un papel crucial en la Revolución Rusa de 1917, la única revolución proletaria exitosa en la historia.
Sin embargo, la perspectiva entera de la APPO se basaba en ilusiones en la reforma democrática del estado capitalista, con el PRD como el instrumento para llevarla a cabo. La LTS comparte estas ilusiones; una de las demandas más recurrentes en su historia, dirigida al estado burgués mismo, es “por la disolución de las fuerzas represivas del estado”. No es sólo utópico, sino verdaderamente suicida, creer que la burguesía acordará jamás “disolver” su estado —ésta es una posición reformista contrapuesta a la esencia misma del marxismo—.
La renuncia del GI en los hechos a la revolución permanente los conduce por un lado, como hemos visto ya, a abstenerse de la lucha por derechos y necesidades elementales de la población; por el otro, los lleva directamente a glorificar el populismo de izquierda. Un caso ejemplífico es Oaxaca. El año pasado el GI afirmó que los maestros oaxaqueños “saben bien que ‘PRI, PAN y PRD son lo mismo’” (El Internacionalista/Edición México No. 2, agosto de 2006), una posición que tuvo que abandonar apenas unos días después, cuando los maestros y la APPO llamaron por un “voto de castigo” contra el PRI y el PAN, es decir, por el PRD. Más recientemente escribió que las masas de la APPO “carecían, sin embargo, de una perspectiva política explícitamente revolucionaria” (El Internacionalista, enero de 2007), dando a entender que tenían una implícita —¡y sólo el GI sabe qué significa tal cosa!—. Ahora, en un intento desesperado de pintar a la APPO en colores rojos, dice que “el apoyo de la APPO al candidato presidencial del PRD, Andrés Manuel López Obrador, en las elecciones del 2 de julio fue visto por muchos huelguistas en Oaxaca como una jugada ‘táctica’ en contra de Ulises Ruiz: votar por AMLO contra URO. Pero para los dirigentes de la APPO representó su estrategia.” El GI abandona el punto de partida de toda política revolucionaria: el apoyo político a la burguesía no es ninguna “táctica” astuta, sino una ilusión mortal que sólo puede conducir a derrotas.
No muy lejos de la LTS, el GI también abandona el entendimiento marxista del estado. Así, en un artículo reciente citan acríticamente —y de manera tan tierna— el discurso de un estudiante oaxaqueño dirigido a la policía: “‘las condiciones del país los hicieron elegir entre irse de su patria o enrolarse en esa corporación [la PFP] ante la falta de oportunidades’ pero que ‘deberían estar de este lado porque son igual que nosotros. Véanse la tez, las manos, son del mismo color que nosotros, también son huicholes, mixes, tarahumaras’” (El Internacionalista, noviembre de 2006). El GI de hecho aprueba tales afirmaciones, añadiendo que “Apelar a los policías invasores para que no repriman puede ser una táctica correcta en ciertas circunstancias, pero en otras podría ser suicida. Es una ilusión peligrosa pensar que la policía ‘también es pueblo’…”. Presentar tales apelaciones liberales a la policía como, otra vez, alguna especie de “táctica” astuta sólo puede significar precisamente sembrar ilusiones mortales en el estado burgués.
¡Por nuevas revoluciones de Octubre!
Las crisis económicas recurrentes y la represión son características endémicas del sistema capitalista. La única solución para acabar con ambas es el derrocamiento del capitalismo mediante la revolución obrera internacional. La victoria del proletariado a escala mundial pondría una abundancia material inimaginable al servicio de las necesidades humanas, sentaría las bases para la eliminación de las clases sociales y la erradicación de la desigualdad social basada en el sexo, y la abolición misma del significado social de raza, nacionalidad o etnia. Por primera vez, la humanidad tomará las riendas de la historia y controlará su propia creación, la sociedad, llevando a una emancipación jamás imaginada del potencial humano, y a una ola monumental de avance de la civilización. Sólo entonces será posible realizar el desarrollo libre de cada individuo como la condición para el desarrollo libre de todos. ¡Reforjar la IV Internacional de Trotsky, partido mundial de la revolución socialista!
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/27/tortiallazo.html
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2016.05.24 03:40 ShaunaDorothy Amenaza de represión masiva ante repudio a dudosa victoria electoral del PAN - Los ataques del PAN contra los obreros y oprimidos y la lucha por la revolución socialista ¡Romper con AMLO y el PRD burgués! ¡Forjar un partido obrero revolucionario internacionalista! (2 - 2) (Septiembre de 2006)

https://archive.is/yuzVP
La revolución permanente: Una perspectiva para la emancipación de explotados y oprimidos
Los sentidos anhelos democráticos de las masas, como la emancipación nacional y la democracia política, no pueden ser satisfechos bajo el capitalismo. No existe, en la era de la decadencia imperialista, ninguna ala “progresista” de la burguesía, capaz siquiera de romper con los imperialistas. Los marxistas revolucionarios, basados en la perspectiva trotskista de la revolución permanente, no tenemos un programa democrático distinto de uno socialista. En la lucha por demandas democráticas, oponemos el proletariado a la burguesía por el simple hecho de que estas demandas sólo son realizables bajo la dictadura del proletariado y, de hecho, son aquéllas una fuerza motriz para la revolución socialista.
En efecto, sólo la revolución socialista, es decir, la toma del poder por la clase obrera dirigida por el partido obrero revolucionario, arrastrando tras de sí a las masas campesinas y pequeñoburguesas urbanas depauperadas, puede conseguir la genuina emancipación nacional mediante la expropiación de la burguesía nacional, el repudio de la deuda externa y la extensión de la revolución internacionalmente, en particular y obviamente al coloso imperialista estadounidense. De igual forma, la revolución socialista remplazaría la democracia burguesa, que en realidad no es sino una burla y una trampa para los obreros y los pobres, con la genuina democracia para los explotados y los oprimidos, donde los obreros y los campesinos pobres dirigirían los destinos del país a través de los soviets o consejos. La dictadura del proletariado apoyada por el campesinado significa pues la abolición de la propiedad privada, la colectivización y centralización de la economía entera, planificándola para satisfacer las necesidades de la población, bajo la hegemonía política de la clase obrera, y la formación de un estado obrero, es decir, en palabras de Engels, destacamentos especiales de hombres armados para defender este nuevo modo de producción contra la burguesía. La dictadura del proletariado sentaría las bases para el socialismo —que se basa en la abundancia generalizada— y para la emancipación de todos los oprimidos: las mujeres, los campesinos pobres, los homosexuales, los indígenas. Lenin explicó en 1916 (“Respuesta a P. Kíevski”):
“El socialismo conduce a la extinción de todo estado, por consiguiente, también de toda democracia; pero el socialismo puede realizarse solamente a través de la dictadura del proletariado, que combina la violencia contra la burguesía, es decir, contra la minoría de la población, con un desarrollo total de la democracia, es decir, la participación, verdaderamente igualitaria y verdaderamente universal de toda la masa de la población, en todos los asuntos del estado y en todos los complejos problemas referentes a la liquidación del capitalismo.”
¿Por qué es necesaria la hegemonía de la clase obrera? Es cierto que todos los pobres luchan, en uno u otro momento, contra depredaciones particulares ocasionadas por el capitalismo. Pero los campesinos, por ejemplo, luchan por tierra, por vender sus productos al mayor precio posible con el menor costo de producción, etc. En los excepcionales casos en que triunfan, se convierten en pequeños productores que explotan mano de obra. Su interés objetivo está pues en la propiedad privada de la tierra. Aisladas de la clase obrera, sus luchas, por más justas que puedan ser, no irán más allá de los marcos del capitalismo. En cambio, la clase obrera no lucha por conseguirle mercados al patrón, ni por su operación más “rentable”. Lucha colectivamente contra los patrones por mejores salarios, prestaciones y condiciones de trabajo. Los obreros no tienen más que su propia fuerza de trabajo para subsistir, y producen la riqueza de la sociedad colectivamente. Por ello, no tienen como clase ningún interés objetivo en el mantenimiento de la propiedad privada, y su posición estratégica en la industria moderna les da el inmenso poder social de paralizar la economía entera. Además, la clase obrera comparte intereses al nivel mundial. Así, la clase obrera es la única con el interés objetivo de destruir el capitalismo a través de las fronteras nacionales, y su emancipación de las cadenas del capitalismo lleva la semilla de la emancipación de la humanidad entera.
Ahora bien, la lucha económica de la clase obrera, por sí misma, tampoco va más allá de los marcos del capitalismo, sino que se limita a luchas contra patrones individuales para renegociar los términos de la explotación capitalista. Por ello, la conciencia sindical sigue siendo conciencia burguesa. Es necesario introducir la conciencia revolucionaria en la clase obrera: el entendimiento de su propia misión histórica de emancipación universal, y para ello se necesita un partido leninista-trotskista que, armado con la experiencia histórica de la lucha de clases, combata toda influencia ideológica de la burguesía en el proletariado y dirija a las masas en el derrocamiento del estado capitalista.
Para los revolucionarios mexicanos es de extrema importancia combatir la ideología del nacionalismo burgués: el mito de la “unidad” entre explotados y explotadores conacionales y la consecuente aberración chovinista a los extranjeros, como si más allá del Río Bravo no existieran las clases sociales. El futuro de un México obrero dependería, en un sentido muy inmediato, del apoyo de nuestros hermanos de clase estadounidenses, en especial de las doblemente oprimidas masas negras. El internacionalismo proletario no es una vacua declaración de buenas intenciones, sino un reflejo de la realidad económica del imperialismo y una necesidad política para el proletariado. Es fundamental combatir el chovinismo racista que impulsan los gobernantes capitalistas en México tanto como en EE.UU. para mantener enfrentados a los negros con los millones de inmigrantes latinoamericanos, que constituyen un puente humano clave para el proletariado. De ahí la importancia de nuestra campaña por la libertad de Mumia Abu-Jamal, ese activista estadounidense por los derechos de los negros, conocido como “la voz de los sin voz”, sentenciado a muerte en un proceso totalmente amañado y racista. Ésta, entre otras muchas causas, además de su justeza intrínseca, proporciona un vehículo concreto para combatir el chovinismo y estrechar los vínculos entre los obreros del mundo.
Los bolcheviques mostraron el camino
La Revolución de Octubre de 1917 —que confirmó plenamente la revolución permanente de Trotsky— es la experiencia fundamental para los revolucionarios. A principios del siglo XX había una discusión clave para comprender qué tipo de revolución sería la rusa. Las diferencias entre los distintos grupos llevarían al cabo del tiempo a que se enfrentaran, literalmente en las barricadas de la revolución, bolcheviques y mencheviques, mientras que Trotsky se unió a los primeros.
Los mencheviques contraponían las tareas democráticas de la venidera revolución en el atrasado imperio zarista con la revolución socialista en un esquema que se conoce como la “revolución por etapas”. En otras palabras, sostenían que la revolución debería conducir a la burguesía al poder y habría que esperar el pleno desarrollo del capitalismo para entonces hablar de revolución socialista, en algún futuro indeterminado; así, explícitamente subordinaban el proletariado a la burguesía liberal. Los bolcheviques de Lenin descartaban cualquier capacidad revolucionaria de la mezquina burguesía rusa y asignaban el papel dirigente al campesinado y el proletariado a través de una fórmula algebraica, la “dictadura democrática del proletariado y el campesinado”, que no preveía aún la relación entre estas dos clases, es decir, no afirmaba de antemano cuál de las dos sería hegemónica. Desde 1905, con base en la experiencia de esa primera Revolución Rusa, Trotsky señaló que toda la historia del desarrollo capitalista mostraba que el campesinado era incapaz de desempeñar un papel revolucionario independiente. Observó que, en las condiciones de la Rusia del siglo XX, sólo el proletariado podía desempeñar ese papel revolucionario dirigente. Que la revolución tendría fines democrático-burgueses nadie cuestionaba, pero la clase obrera no podría detenerse ante las tareas puramente democráticas, sino que tendría que pasar inmediatamente a las socialistas —esencialmente, la abolición de la propiedad privada y la planificación económica—, adquiriendo así la revolución su carácter “permanente”.
Esto fue exactamente lo que sucedió en 1917. Pero, por supuesto, no sucedió mecánicamente. Fue necesaria una lucha continua por parte del Partido Bolchevique en los soviets y, de hecho, incluso dentro del partido mismo, especialmente por parte de Lenin y de Trotsky, para resistir la presión de las capas más atrasadas del proletariado hacia la adaptación a la “democracia” burguesa y, finalmente, para movilizar a la clase obrera hacia el derrocamiento revolucionario del orden burgués. La Revolución de Febrero de 1917, llevada a cabo totalmente por la clase obrera, condujo a la abdicación del zar y a la formación de una república burguesa, comandada por el Gobierno Provisional, que cambió varias veces de dirigentes en el curso de apenas unos meses. La oposición tajante de Lenin al gobierno burgués, en contraste con el conciliacionismo de los mencheviques y populistas socialrevolucionarios (un partido basado en el campesinado), pavimentó el camino para la toma del poder.
Al principio, la dirigencia bolchevique en Rusia (Lenin estaba aún en el exilio) se adaptó al gobierno burgués, especialmente Stalin, quien sostenía en marzo de 1917:
“Es menester sostener la acción del Gobierno provisional, mientras éste dé satisfacción a las reivindicaciones de la clase obrera y de los campesinos revolucionarios en la revolución en curso.”
Este “apoyo crítico” a un gobierno burgués es esencialmente por lo que propugnan hoy quienes siguen al PRD “desde la izquierda”.
Al regresar a Rusia, Lenin llevó a cabo una lucha tajante dentro del Partido Bolchevique para cambiar radicalmente su orientación. Lenin explicó en sus “Tesis de Abril” de 1917:
“Ningún apoyo al Gobierno Provisional; explicar la completa falsedad de todas sus promesas, sobre todo de la renuncia a las anexiones [territoriales a raíz de la Primera Guerra Mundial interimperialista]. Desenmascarar a este gobierno, que es un gobierno de capitalistas, en vez de propugnar la inadmisible e ilusoria ‘exigencia’ de que deje de ser imperialista...
“No una república parlamentaria...sino una república de los Soviets de diputados obreros, braceros y campesinos en todo el país, de abajo arriba.”
Aunque el Partido Bolchevique nunca adoptó formalmente la teoría de la revolución permanente, la perspectiva de Lenin, abandonando su vieja consigna de la “dictadura democrática de obreros y campesinos”, confluía exactamente con la de Trotsky.
Movilizando al campesinado pobre, que representaba un 80 por ciento de la población, tras el proletariado industrial, la Revolución de Octubre de 1917 abolió la propiedad privada, es decir, colectivizó la economía, centralizándola y planificándola bajo la democracia obrera, para avocarla a la satisfacción de las necesidades de la población. Estableció también el monopolio estatal del comercio exterior, para contrarrestar la rapiña económica de las potencias imperialistas. Sobre esta base proletaria, resolvió las cuestiones democráticas que ningún gobierno burgués hubiera podido resolver. El joven régimen soviético otorgó plenos derechos a las mujeres —incluido el aborto libre y gratuito—, abolió la propiedad privada sobre la tierra, desconoció la inmensa deuda externa zarista, otorgó plenos derechos a los homosexuales, etc. En breve, sentó las bases para la transformación de Rusia de un país atrasadísimo, baluarte histórico de la reacción, en una potencia económica, científica y militar y en un modelo a seguir para los explotados y oprimidos del mundo.
Los bolcheviques sabían que su revolución sólo podía sobrevivir con la ayuda del proletariado de Europa occidental, y veían la Revolución Rusa como un preludio de la revolución proletaria en Occidente. En 1919 lograron dar realidad organizativa a su lucha constante por el forjamiento de un partido mundial para la revolución socialista mediante la fundación de la Internacional Comunista o III Internacional. Pero la Revolución Rusa se vio aislada debido a la derrota de revoluciones en Europa occidental ante el sabotaje de la socialdemocracia y la inexperiencia de los jóvenes partidos comunistas. Además, la economía y la clase obrera rusa misma estaban devastadas tras la masacre imperialista de la Primera Guerra Mundial y, posteriormente, la Guerra Civil, donde las intentonas burguesas e imperialistas por derrocar el régimen soviético fueron derrotadas al costo de millones de vidas de obreros y campesinos, incluyendo a gran parte del proletariado revolucionario que llevó a cabo la Revolución de Octubre. Esto dio pie al surgimiento y la consolidación de la casta burocrática estalinista, que abandonó el programa bolchevique e impuso en su lugar el mito reaccionario de la “coexistencia pacífica” con el imperialismo y el dogma antimarxista del “socialismo en un solo país”, traicionando oportunidades revolucionarias alrededor del mundo. Al final, los herederos de Stalin regresaron la Unión Soviética a los imperialistas en la contrarrevolución de 1991-92. Los espartaquistas defendimos incondicionalmente contra el imperialismo y la contrarrevolución a la URSS y los estados obreros nacidos burocráticamente deformados de Europa oriental hasta el final, al tiempo que luchábamos por una revolución política proletaria que echara a las burocracias dirigentes e instaurara la genuina democracia obrera soviética. La misma política aplicamos hoy a los estados obreros deformados de Corea del Norte, Cuba, China y Vietnam.
La LTS: “Profundizar y extender” la lucha perredista
El nítido contraste entre nuestras posiciones y las de otros grupos de la izquierda ayudará a esclarecer el contenido del trotskismo genuino. La mayoría de los grupos que se reclaman marxistas se han adaptado, de una u otra forma, al perredismo, justificando su política con variaciones de la trillada frase de “acompañar a las masas en su experiencia”. Lo que la clase obrera necesita no es compañía, como si se tratara de un enamorado nostálgico; lo que necesita es una dirección revolucionaria.
Tomemos primero el caso de la Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS). Para poner las cosas en su justo contexto, lo fundamental al discutir el programa de este grupo es recordar que apoyaron la contrarrevolución capitalista en la URSS y Europa oriental, y hoy sostienen que China es capitalista, desembarazándose así de la defensa de la Revolución de 1949. ¿Qué tipo de trotskistas apoyan una contrarrevolución capitalista? La respuesta es muy sencilla: ninguno. En México, la LTS se ha sumado a la campaña perredista por llevar a AMLO al poder. Esto no debería ser una sorpresa. Antes de las elecciones llamaban a no votar por AMLO ni por el PRD, pero, al mismo tiempo, se sumaron explícitamente a “la otra campaña” zapatista, cuyo programa no es más que una versión pequeñoburguesa del populismo nacionalista burgués del PRD, totalmente circunscrita a los marcos del capitalismo, y que trata de empujar a éste hacia la izquierda. Como escribimos en Espartaco No. 25 (primavera de 2006):
“Los espartaquistas nos solidarizamos con la lucha del campesinado indígena contra las ancestrales opresión y miseria y llamamos a los obreros a defender al EZ contra la represión estatal y paramilitar. Sin embargo, no abrazamos el zapatismo, sino el programa del marxismo revolucionario —dos perspectivas del mundo contrapuestas—.”
En el número más reciente de su periódico, Estrategia Obrera No. 52 (30 de julio de 2006), la LTS sostiene que “Como socialistas debemos hacernos parte de este movimiento democrático de las masas. Solo [sic] evitando toda posición sectaria podremos marcar sus limitaciones apostando a que tome un curso independiente del PRD.” Según ellos, es “sectario” no sumarse al movimiento perredista, es decir, burgués, por sentar a AMLO en la famosa silla. Y sin embargo, ¡balbucean sobre la “independencia política y organizativa del PRD y de AMLO”! Retomando el llamado perredista, afirman que “debemos ir más allá del llamado del PRD a conformar ‘comités de difusión’, ya que es insuficiente y limitado. Los comités deben darse como objetivo profundizar y extender la organización y la lucha concurriendo a las colonias, las fábricas y los centros de trabajo y de estudio...” ¡Pero el propósito de estos “comités de difusión” es extender la popularidad del caudillo López Obrador! En realidad, como los zapatistas, el objetivo de la LTS es imprimir un curso más “combativo” al PRD.
En una polémica contra el Partido Obrero Socialista (POS, que se dedicó durante el último par de años a juntar firmas para obtener su “registro”, es decir, un jugoso subsidio del estado capitalista, y, como era de esperarse, conservarlo es lo único que parece importarle), la LTS sostiene:
“Partimos de la definición de Trotsky, en cuanto a que las demandas democráticas pueden ser un motor de la movilización en tanto conserven su fuerza vital, lleven a confrontar con la dominación burguesa y no sean una trampa. Es por eso que, mientras apoyamos la justa demanda de conteo voto por voto, decimos que las instituciones del régimen no garantizarán una ‘institución electoral transparente’ favorable a los trabajadores, ni mucho menos comicios verdaderamente democráticos. Es por eso que luchamos por una Asamblea Constituyente libre y soberana...”
Esto es una vulgar tergiversación de la perspectiva trotskista de la revolución permanente. Las protestas recientes, por sí mismas, no “llevan a confrontar con la dominación burguesa”, sino que se basan totalmente en el apoyo al PRD burgués, lo cual es ciertamente una trampa. No se trata de combatir ilusiones en una “institución electoral transparente” (¡el IFE!), que en realidad ni siquiera los perredistas tienen (aunque tal vez el POS sí, habiendo adquirido gran aprecio por sus puntuales tortibonos), sino las ilusiones en el PRD. En realidad, las demandas democráticas de la población son una fuerza motriz para la revolución socialista sólo en la medida en que la vanguardia obrera logra oponer el proletariado a la burguesía en la lucha por las mismas.
La LTS termina su polémica:
“Lamentablemente, el POS no plantea que sólo una Asamblea Constituyente basada en la movilización revolucionaria de las masas democratizará el país y le adjudica a las instituciones la capacidad de reformarse en favor de los trabajadores y campesinos.”
Cual cura de pueblo, la LTS condena al infierno a sus feligreses por el pecado que ambos comparten; asignar a una asamblea constituyente, es decir, un parlamento burgués, la democratización del país en favor de los explotados y oprimidos significa precisamente adjudicarle al régimen capitalista “la capacidad de reformarse en favor de los trabajadores y campesinos”.
El GI: Centristas en un mundo raro
Mención aparte merece el Grupo Internacionalista (GI), formado hace una década por ex espartaquistas desertores del trotskismo. El GI vive, como dice la canción, en un mundo raro. Desorientado por la contrarrevolución en la URSS se ha dedicado fervorosamente a negar que la contrarrevolución haya tenido algún efecto significativo en la conciencia de la clase obrera, esencialmente, que nada ha cambiado en las luchas sociales desde los años 70 o incluso más atrás. Esto los ha llevado a adaptarse a fuerzas de clase ajenas al proletariado, buscando atajos a la construcción de un partido leninista-trotskista de la vanguardia obrera.
En México, la política del GI se caracteriza por su renuncia a la perspectiva de la revolución permanente y por su adaptación a la conciencia actual de la clase obrera. Según ellos, el principal obstáculo en México a la revolución obrera es un fantasmagórico “frente popular” en torno al PRD. El “frente popular” es un término acuñado por los estalinistas para encubrir la subordinación de los partidos comunistas alrededor del mundo a las burguesías nativas, siguiendo el esquema menchevique de la “revolución por etapas”. El frente popular no es una táctica, sino el mayor de los crímenes, que ha conducido a derrotas sangrientas de la clase obrera. Pero no es sinónimo de toda y cualquier forma de colaboración de clases. Se refiere a la subordinación política de los partidos de masas de la clase obrera a los capitalistas, generalmente con el propósito de administrar el estado burgués. En México nunca ha existido tal partido de la clase obrera, ni siquiera un partido obrero-burgués reformista al estilo del laborismo británico. La clase obrera mexicana, desde su etapa inicial en los años 20, ha estado atada a las alas nacional-populistas de la burguesía, y no ha llegado al entendimiento de la necesidad de su propio partido —es decir, a una conciencia de clase elemental—.
El GI invoca la existencia de un frente popular en torno al PRD para embellecer la conciencia actual de la clase obrera, negando el obstáculo ideológico fundamental del nacionalismo burgués y las ilusiones en la reforma democrática del estado capitalista. El GI es incapaz de lidiar con el hecho de que los obreros ven al PRD burgués como su dirección.
Así, el ascenso del populismo y la polarización social en México han empujado al desorientado GI cada vez más lejos en su abandono del trotskismo. El GI rechaza la lucha por la defensa de derechos democráticos, renunciando así a la revolución permanente. En su más reciente publicación (El Internacionalista/Edición México No. 2, agosto de 2006), este grupo centra una polémica contra nosotros en el hecho de que nos opusimos al desafuero de López Obrador el año pasado. Ellos, en los hechos, apoyaron los designios de Fox, pues se oponen “al fuero ejecutivo, que exime a los gobernantes capitalistas de ser enjuiciados por sus actos oficiales (a diferencia del fuero parlamentario, que tiene el propósito [¡!] a [sic] proteger a los legisladores de la intimidación gubernamental).” Así, según la lógica del GI, al despojar al populista López Obrador del fuero, ¡el neocristero Fox estaba llevando a cabo una medida realmente democrática!
Nosotros no tomamos posición sobre tales preceptos de la legislación burguesa en abstracto, sino con base en los intereses de la clase obrera en cada caso concreto. Como explicamos en un volante del 7 de abril de 2005:
“Los comunistas...nos oponemos al desafuero de Andrés Manuel López Obrador, sin darle ningún apoyo político. El intento de Fox y sus cómplices del PRI por impedir que un candidato nacionalista burgués contienda en las elecciones es un golpe contra los derechos democráticos de la población... Al oponernos al desafuero defendemos el derecho de nuestra clase a organizarse y a luchar contra el conjunto de la clase capitalista.”
—“¡Abajo el desafuero de López Obrador! ¡Romper con el PRD y los demás partidos de la patronal! ¡Por la independencia política de la clase obrera!”
Los argumentos del GI respecto al fuero en sí mismo, abstraído de las condiciones reales del ataque foxista, no son más que una absurda excusa para justificar el hecho de que le dieron la espalda a la lucha en defensa de los derechos democráticos de la población. La línea que pretende presentar como “archirradical” (presumiblemente para adaptarse a la política del medio estudiantil zapatista de la UNAM) es en realidad profundamente derechista, y no es coincidencia que las grotescas contorsiones que se ve obligado a hacer para justificarla acaben lavándole la cara a Fox mismo.
Un precedente fundamental para este tipo de ataques derechistas viene precisamente de la Revolución Rusa de 1917. El dirigente del último Gobierno Provisional burgués, el populista Aleksandr Kerensky, trató de fraguar un golpe de estado contra los soviets al lado del archirreaccionario general Kornílov. Ante la impotencia de aquél, en agosto-septiembre Kornílov terminó llevando a cabo su intentona no sólo sin Kerensky, sino de hecho contra él y contra los soviets. Los bolcheviques hicieron un bloque militar con Kerensky contra Kornílov sin aflojar un milímetro su oposición al primero. Lenin argumentó dentro del Partido Bolchevique:
“¿En qué consiste, pues, nuestro cambio de táctica después de la rebelión de Kornílov?
“En que cambiamos la forma de nuestra lucha contra Kerensky. Sin aflojar un ápice nuestra hostilidad hacia él, sin renunciar a la tarea de derrocar a Kerensky, decimos: hay que tener en cuenta la situación actual. No vamos a derrocar a Kerensky ahora. Encararemos de otra manera la tarea de luchar contra él, o más precisamente, señalaremos al pueblo (que lucha contra Kornílov) la debilidad y las vacilaciones de Kerensky. Eso también se hacía antes. Pero ahora pasa a ser lo fundamental; en esto consiste el cambio.”
El GI niega vociferantemente que esta experiencia tenga alguna validez hoy día. En esencia, argumenta que la campaña del desafuero no era más que una rencilla interburguesa en la que la clase obrera no tenía lado y afirmaba hace más de un año de la manera más estúpida: “Cuando la LCI hoy dice defender los derechos democráticos al apoyar la inmunidad legal de López Obrador [¡!], cuando pretende que los imperialistas favorecen a Fox sobre AMLO, están repitiendo la propaganda electoral del PRD y participando en su campaña” (El Internacionalista No. 5, mayo de 2005). Cuesta trabajo pensar que el GI cree sus propias palabras. En su nuevo artículo afirma:
“Pero si la lucha trasciende el ámbito del circo electoral, si el estado capitalista proclama a un ganador por medio de un fraude masivo, imponiendo al candidato de un régimen que sólo puede mantenerse en el poder mediante la represión de mano dura, si en lugar de gigantescas pejemarchas hay protestas masivas en contra de acciones que apunten en la dirección de una dictadura militar policíaca, los revolucionarios proletarios deben convocar a una movilización proletaria en contra de la amenaza bonapartista.”
Para este propósito, el GI lanza también llamados por “comités de defensa obrera” y por la preparación de una “huelga nacional contra el gobierno asesino” en antelación a lo que ven como una inminente “guerra civil”, al tiempo que señala con un dedo acusador a quienes llaman por “defender el voto”. Ciertamente, la profunda polarización actual y la división dentro de la burguesía misma plantean la amenaza de la represión generalizada. Al GI le ha tomado más de un año, con manifestaciones de millones de personas y constantes ataques y amenazas foxistas, reconocer este hecho. El punto es que la lucha en defensa de los derechos democráticos de la población no se contrapone a la defensa de la clase obrera contra una amenaza bonapartista; en realidad, son una y la misma cosa. Los obreros mexicanos no son indiferentes al resultado de la presente disputa entre sus gobernantes. Si López Obrador ganó la elección, los comunistas defendemos su derecho democrático a asumir el cargo. Pero no sumamos nuestras fuerzas al bloque político perredista, sino que defendemos los derechos democráticos por medios proletarios.
En 1916, el bolchevique Iuri Piátakov (P. Kíevski) descartaba la lucha por demandas democráticas como una desviación de la lucha por el socialismo. Lenin le respondió:
“El capitalismo en general y el imperialismo en particular trasforman la democracia en una ilusión, y al mismo tiempo, el capitalismo engendra aspiraciones democráticas en las masas, crea instituciones democráticas, agudiza el antagonismo entre la negación imperialista de la democracia y la aspiración de las masas a la democracia. El capitalismo y el imperialismo pueden ser derrocados solamente por la revolución económica. No pueden ser derrocados por trasformaciones democráticas, aun las más ‘ideales’. Pero un proletariado, no educado en la lucha por la democracia, es incapaz de realizar una revolución económica.”
—“Respuesta a P. Kíevski”
Descartar las aspiraciones democráticas de las masas significa pues rechazar la revolución permanente y, por tanto, la lucha por el socialismo. En realidad, las posturas supuestamente “archirradicales” del GI son un mero artilugio para esconder su adaptación al PRD. En efecto, el GI necesita mucha desvergüenza para hablar de “comités de defensa obrera” que, según ellos, serían la generalización de las luchas de los obreros de Sicartsa y los maestros de Oaxaca: ¡el GI ni siquiera defendió al sindicato minero ante el ataque estatal! Acorde con su adaptación perredista, este grupo sostiene que los sindicatos afiliados al PRI —como el sindicato minero— no son organizaciones obreras, sino “el enemigo de clase” (El Internacionalista/Edición México No. 1, mayo de 2001) —lo cual, por cierto, también atañería al SNTE y su Sección 22 en Oaxaca—. Por extraña coincidencia, según ellos los únicos sindicatos obreros en México son los sindicatos atados al PRD. Así, en sus publicaciones recientes han dedicado páginas y páginas a dos columnas a documentar las traiciones de las burocracias presentes y pasadas del sindicato minero para justificar el vergonzoso hecho de que ni siquiera fueron capaces de defenderlo en medio de una dura lucha de clases.
La política del GI es fundamentalmente impresionista, guiada por lo que es popular en el momento y encubriendo sus posturas derechistas con hueca fraseología “ortodoxa”. En noviembre de 2000, el GI retrataba al populista venezolano Hugo Chávez como un mero títere de la bolsa de Caracas y de los imperialistas y minimizaba los peligros de una intervención imperialista estadounidense, así como los lazos orgánicos de la federación sindical CTV con la burguesa Acción Democrática (AD) y sus contactos históricos con los frentes “laborales” de la CIA en Latinoamérica. En aquel entonces, el GI no describía a la CTV como corporativista, a diferencia de su línea sobre los sindicatos afiliados al PRI en México. Durante más de dos años el GI mantuvo un silencio sepulcral ante los frecuentes “paros” patronales contra el gobierno de Chávez, e incluso ante el intento de golpe “made in USA” de abril de 2002. Finalmente, habiendo olfateado hacia dónde sopla el viento, a partir del otoño pasado el GI se ha apresurado a ubicarse en el flanco izquierdo del club de fans de la Revolución Bolivariana, y ahora embellecen a la UNT —una central sindical establecida bajo la tutela de Chávez— al tiempo que consignan a la CTV al basurero.
El GI nos acusa de que “la lógica de [nuestra] política del año pasado debería llevar al GEM a unirse a la LTS y otras organizaciones en la cauda del movimiento ‘antifraude’.” “La lógica de la política” del GEM está dictada por la perspectiva de la revolución permanente. No se puede decir lo mismo del GI. No es casualidad que este grupo se ha rehusado consistentemente, tanto en 2005 como en 2006, a distribuir su propaganda en las inmensas movilizaciones perredistas, a las que asistieron al menos decenas de miles de obreros y jóvenes. Las pretenciosas afirmaciones del GI de que ellos y sólo ellos han “nadado contra la corriente” ante la polarización social que vive el país son una triste broma. En realidad, son incapaces de combatir las ilusiones de la clase obrera en el populismo, invocando en cambio fantasmagóricos “frentes populares” y descartando a gran parte de los contingentes pesados del proletariado por estar afiliados al partido burgués equivocado.
¡Reforjar la IV Internacional!
El 30 de julio, un pequeño equipo de espartaquistas distribuía su prensa trotskista en el Hemiciclo a Juárez, entre dos millones de férreos partidarios de López Obrador. Cuando éste empezó a hablar (a través de las “megapantallas”), uno de los manifestantes, subido a un poste, gritó a los demás: “¡Cállense, que está hablando el jefe!” Siguió un silencio casi absoluto, interrumpido sólo por los vivas tras su discurso. Esto debería dar una idea de lo que significa en realidad “nadar contra la corriente”, en el curso de la lucha por ganar gente a la perspectiva del marxismo revolucionario. Aquel día distribuimos más de un centenar de ejemplares de Espartaco a los obreros y jóvenes más abiertos a la propaganda marxista.
La sociedad mexicana parece un polvorín a punto de estallar, pero he aquí el problema fundamental: el proletariado está fuertemente atado ideológicamente al PRD burgués. Es necesario intervenir en la lucha de clases y social con el programa del marxismo revolucionario, luchando por romper esas ataduras. Sólo así se podrá construir un partido leninista-trotskista para dirigir a la clase obrera al poder. A la que nos hemos comprometido es una tarea enorme. Romper las cadenas ideológicas que atan a la clase obrera a sus explotadores significará muchos años de trabajo arduo. Pero no hay otro camino.
Trotsky escribió en el documento de fundación de la IV Internacional:
“Mirar la realidad de frente, no ceder a la línea de menor resistencia; llamar al pan pan y al vino vino; decir la verdad a las masas, por amarga que sea; no tener miedo de los obstáculos; ser exacto tanto en las cosas pequeñas como en las grandes; basar el programa propio en la lógica de la lucha de clases; ser audaz cuando llega la hora de la acción: tales son las reglas de la IV Internacional.”
Tales son también las reglas que rigen el programa y el actuar de los espartaquistas. Como sección de la Liga Comunista Internacional (Cuartainternacionalista), luchamos por reforjar la IV Internacional de Trotsky sin otro interés, sin otro objetivo que dirigir al proletariado a la toma del poder estatal mediante la revolución socialista.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/26/pan.html
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2016.05.24 03:18 ShaunaDorothy Amenaza de represión masiva ante repudio a dudosa victoria electoral del PAN - Los ataques del PAN contra los obreros y oprimidos y la lucha por la revolución socialista ¡Romper con AMLO y el PRD burgués! ¡Forjar un partido obrero revolucionario internacionalista! (1 - 2) (Septiembre de 2006)

https://archive.is/yuzVP
Espartaco No. 26 Septiembre de 2006
3 DE SEPTIEMBRE—El 1º de septiembre, día del último informe de gobierno de Fox, el gobierno panista transformó gran parte de la Ciudad de México en una zona de excepción, movilizando a miles de militares y policías —incluyendo a los del gobierno perredista de la ciudad—, temeroso del descontento social y de clases que ha estremecido al país durante los últimos varios meses. Había policías sobre los puentes de las avenidas que llevan al Palacio Legislativo de San Lázaro y francotiradores en azoteas e incluso dentro del mismo Palacio; tanquetas con cañones de agua patrullaban las calles y todas las estaciones del Metro que llevan a San Lázaro fueron cerradas; el Palacio Legislativo estaba rodeado de vallas metálicas de más de dos metros de altura y resguardado por soldados con armas desenfundadas. El periódico perredista La Jornada informó el día anterior, con base en entrevistas con diversos funcionarios, que las autoridades federales estaban formando grupos de “disuasión” (unos mil 200 efectivos) entrenados por miembros de los Halcones (quienes perpetraron la masacre estudiantil de 1971) con el objetivo de desarticular grupos opositores al gobierno del PAN.
Después de que el PRD anunció que sus legisladores tratarían de impedir que Fox diera su discurso, el gobierno estaba listo para disparar contra cualquiera que se acercara a Fox. Sin embargo, cuando los congresistas del PRD ocuparon la tribuna de San Lázaro en protesta poco antes de que Fox hablara, éste prefirió evitar la confrontación directa. Al final, el presidente saliente entregó una copia escrita de su informe final, señalando la primera vez en la historia que a un presidente mexicano se le impide presentar en vivo su informe anual ante el Congreso.
El PAN está resuelto a imponer a su candidato, Felipe Calderón, a cualquier costo —arremetiendo tanto contra las masas de obreros y pobres que apoyan al PRD como contra sus propios oponentes burgueses—. La movilización masiva de las fuerzas armadas del estado el 1º de septiembre representa un peligro mortal para el movimiento obrero y la izquierda. Cualquier arremetida del gobierno contra el PRD burgués será usada para ir tras los sindicatos y la izquierda y representa un ataque contra los derechos democráticos de todos. A pesar de nuestras diferencias políticas, en el caso de una arremetida militar defendemos al PRD y a sus partidarios.
La sociedad mexicana está cada vez más polarizada, con la burguesía misma dividida y temerosa de que el descontento generalizado —hasta ahora eficientemente canalizado hacia el apoyo al PRD populista burgués— se transforme en una erupción social. Tras las elecciones presidenciales del 2 de julio ha habido inmensas manifestaciones en apoyo al perredista Andrés Manuel López Obrador (AMLO) —una de las cuales, el 30 de julio, movilizó a más de dos millones de personas en la Ciudad de México, en la que ha sido la manifestación política más grande en la historia del país— en protesta contra la dudosa victoria electoral de Felipe Calderón del derechista PAN (quien, según el Instituto Federal Electoral, ganó con apenas 0.58 por ciento de ventaja sobre AMLO) y exigiendo un recuento voto por voto de las boletas electorales.
Las masas explotadas y oprimidas de México han mostrado que quieren luchar, pero en la actualidad ven al PRD burgués y a AMLO como sus representantes. El PRD mismo está temeroso de perder el control del descontento. Ante el fracaso de sus inmensas marchas y el “megaplantón” que va desde el Zócalo hasta la Fuente de Petróleos (la mayor parte del mismo bloqueando Reforma, una de las avenidas más lujosas del país entero) para presionar a sus oponentes panistas, así como los cientos de impugnaciones al proceso electoral, ahora están tratando de descarrilar este descontento hacia una “Convención Nacional Democrática”, que formaría un “Gobierno de la República” alterno con AMLO a la cabeza. Como el PAN y el PRI, el PRD es un partido burgués, cuyas diferencias estriban sólo en la forma de administrar el capitalismo. Ninguno de ellos reta —y no podría ser de otra manera— la explotación capitalista misma. Para deshacerse de la rapacidad inherente a este sistema de explotación y opresión, es necesario que la clase obrera se organice independientemente de todas las alas de la burguesía y construya un partido obrero revolucionario. El objetivo de tal partido sería dirigir a la clase obrera y sus aliados a la toma del poder político mediante una revolución socialista, destruyendo el estado burgués —cuyo núcleo consiste en la policía, el ejército, los tribunales y las prisiones— y estableciendo un estado obrero, la dictadura de clase del proletariado. Tal estado estaría basado en la colectivización de los medios de producción, usándolos no ya para la producción de ganancias para un puñado de capitalistas, sino para la satisfacción de las necesidades de la población.
El siguiente artículo se basa en una plática dada por nuestro camarada Sacramento Talavera en el Museo Casa de León Trotsky el 25 de agosto.
Ante la coyuntura electoral, en Espartaco No. 25 (primavera de 2006) escribimos:
“Los marxistas del Grupo Espartaquista de México decimos: ¡ni un voto a los partidos burgueses! Ningún partido o candidato representa los intereses de los trabajadores. El PRD, el PRI y el PAN, así como los diminutos partidos con candidaturas propias, son todos partidos burgueses cuyo fin, independientemente de sus diferencias coyunturales, es la perpetuación del actual sistema de explotación, miseria, injusticia y desigualdad social.”
Nosotros, marxistas revolucionarios, defendemos a capa y espada los derechos democráticos de las masas, como el sufragio universal, desde una perspectiva de clase, ya que entendemos que en países de desarrollo capitalista atrasado, como México, las luchas democráticas de las masas son una fuerza motriz para la revolución socialista. Que hubo fraude no es un secreto para nadie, pero no sabemos quién ganó la elección. Ciertamente, no nos oponemos a un recuento voto por voto, pero no nos sumamos a la presente campaña perredista, cuyo objetivo es llevar a López Obrador al poder. Vivimos en una sociedad dividida en dos clases fundamentales, el proletariado y la burguesía, con intereses irreconciliables. Nuestro objetivo es la revolución socialista: el derrocamiento del orden burgués y la construcción del poder obrero, expropiando a los capitalistas y planificando la economía para sentar las bases para la erradicación de la pobreza y la opresión. La precondición elemental para el triunfo es la lucha por la independencia política del proletariado respecto a la burguesía y por la construcción de un partido revolucionario propio de la clase obrera.
En marzo y abril pasado estallaron paros mineros por todo el país, el más importante de ellos en la planta metalúrgica Sicartsa en el puerto de Lázaro Cárdenas, tras la tragedia de Pasta de Conchos (donde murieron 65 mineros por una explosión) y contra la destitución gubernamental de su dirigente y la imposición de un nuevo líder más al gusto de Fox y sus neocristeros —seguramente debido al hecho de que el sindicato minero, además de haber llevado a cabo muchas huelgas y paros laborales en los últimos cinco años, fue una de las pocas agrupaciones del CT que se opusieron a la antiobrera “Ley Abascal” para reformar la Ley Federal del Trabajo—. La PFP a las órdenes del PAN y la policía estatal michoacana al mando del perredista Lázaro Cárdenas Batel, nieto del general Cárdenas del Río, intentaron romper el paro en el puerto de Lázaro Cárdenas. Luchando heroicamente, los obreros lograron repeler el ataque y mantuvieron su huelga, al costo de dos obreros muertos, durante más de cuatro meses. Esta poderosa huelga, que ocasionó pérdidas inmensas a los patrones, fue la lucha obrera más importante en muchos años y muestra por qué los comunistas basamos nuestra estrategia en el proletariado industrial, que tiene la fuerza de detener la economía entera (ver artículo “¡Quienes trabajan deben gobernar!” en este mismo número, página 10). Finalmente fue levantada victoriosamente el 21 de agosto, cuando obligaron al patrón a concederles, además de aumento salarial, la totalidad de los salarios caídos, el retiro de todos los cargos contra todos los sindicalistas y el reconocimiento de Gómez Urrutia como su dirigente, entre otras cosas —¡los obreros de Sicartsa hicieron que los patrones se arrodillaran, y le pusieron un ojo morado al estado mismo!—. Amagaron también con radicalizar sus acciones si el gobierno federal no reconoce a Gómez Urrutia como líder del sindicato, otorgándole un plazo de quince días.
Unas seis semanas antes de las elecciones los maestros de la Sección 22 del SNTE en Oaxaca iniciaron una combativa huelga en demanda de rezonificación. También ellos resistieron un ataque policiaco el 14 de junio y lograron mantener la huelga y un plantón en el Zócalo de esa ciudad (ver volante del GEM, “¡Abajo la represión asesina contra la huelga de maestros de Oaxaca!”, 15 de junio de 2006). En agosto el gobierno del estado, con el asesino priista Ulises Ruiz a la cabeza, ha escalado brutalmente su campaña de terror, asesinando a dos luchadores sociales que apoyaban a los maestros y arrestando y/o secuestrando y torturando a varios más. Los cuerpos de seguridad de los propios maestros y sus aliados organizados en la llamada Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca (APPO), que han bautizado bromistamente como el Honorable Cuerpo de Topiles y la Policía Magisterial de Oaxaca (POMO), lograron desarticular varios ataques e infiltraciones policiacas, así como aprehender a varios de los perpetradores de los ataques asesinos. Los campesinos de Atenco también se batieron en lucha campal contra la policía el 4 de mayo pasado, aunque finalmente los cuerpos policiacos lograron tomar el pueblo, golpeando salvajemente a los campesinos y violando al menos a siete mujeres. Como resultado del ataque policiaco del día anterior, resultaron muertos el joven de apenas 14 años de edad Javier Cortés Santiago y, tras más de un mes en coma, Alexis Benhumea, estudiante de economía, de lengua rusa y de danza. El miércoles 16 de agosto unos 5 mil trabajadores del Sector Salud iniciaron un paro indefinido exigiendo también demandas salariales y en apoyo a los maestros. El viernes 18 se llevó a cabo en Oaxaca un “paro cívico” de 24 horas en el que participaron unos 80 mil sindicalizados. Los maestros de Oaxaca llamaron por un voto de castigo contra el PRI y el PAN. Su principal demanda hoy es la destitución de Ulises Ruiz y la “desaparición de poderes” en el estado (que esencialmente significa que el Senado de la República designaría un gobernador interino hasta que se elija uno nuevo). Por supuesto, este verdugo priista debería ser echado. Lo importante es entender que gobierne quien gobierne, el capitalismo es un sistema basado en la explotación del trabajo y la represión sistemática de los obreros y los oprimidos por parte del estado burgués —la policía, el ejército, las cárceles y los tribunales—, en esencia destacamentos especiales de hombres armados para defender los intereses de los capitalistas. El estado burgués no puede ser reformado; es necesario destruirlo mediante la revolución socialista y remplazarlo conun estado obrero.
Estos convulsivos estallidos de lucha, ideológicamente dominados por el PRD, muestran el hastío generalizado y contenido por mucho tiempo entre los obreros y los pobres tras dos décadas de privatizaciones y despidos masivos, desempleo masivo y crónico, devastación del campo que ha conducido a la emigración en masa, ataques antisindicales constantes, una creciente carestía de la vida a la par con la disminución cualitativa de los salarios, etc.
Hartas de la camarilla foxista y sus políticas hambreadoras, grandes masas de obreros y de la población pobre en general apoyan al PRD, esperando que los represente desde las alturas del poder estatal. Pero el PRD es un partido patronal. Sus diferencias con el PAN estriban en cómo administrar mejor el sistema de explotación capitalista. El objetivo de este partido es encauzar el descontento al marco estéril de las boletas electorales. Las inmensas manifestaciones en apoyo a AMLO sirven al PRD para presionar a sus oponentes burgueses y a manera de válvulas de escape para mantener bajo su control el descontento obrero.
El PAN es ciertamente el representante del ala burguesa más reaccionaria, la arrogante elite más abiertamente antiobrera que hace recordar a Limantour y sus “científicos” porfiristas. Estos cristeros neoliberales en verdad parecen creer que López Obrador es alguna especie de comunista (igual que los imperialistas respecto al populista Hugo Chávez). Antes de las elecciones, sectores de la clase media pretenciosa entraron en pánico y hablaban de empacar todo para irse a Miami porque supuestamente López Obrador planeaba expropiar sus casas en Polanco para dárselas a la gente pobre sin vivienda. Aunque encuentro esta idea muy atractiva, les aseguro que no será López Obrador quien la lleve a cabo.
No a pesar, sino precisamente por su ideología oscurantista, el PAN tiene apoyo masivo entre diversos sectores de la población, especialmente en el norte y occidente del país. En ciudades como Monterrey y Guadalajara, sectores enormes de la pequeña burguesía y, de hecho, las capas más atrasadas de la clase obrera, se identifican con este partido, igual que campesinos en el Bajío y los Altos de Jalisco, cuna de la Cristiada, por mencionar algunos casos. Esto no debería sorprender a nadie en un país abrumadoramente católico. Aunque sectores del PRD tratan de posar como “amigos” de los oprimidos, sin duda la mayoría de quienes apoyan al PRD se identifican también, en mayor o menor grado, con algunos de los valores católicos reaccionarios impulsados prominentemente por el PAN. Lo que atrae a grandes masas de obreros y pobres al PRD, y a AMLO en particular, es sobre todo su política de mayor injerencia estatal en la economía y su retórica nacionalista, a diferencia del “libre mercado” y abierto servilismo a los imperialistas por parte del PAN y sectores del PRI.
Vivimos en un periodo histórico condicionado por la destrucción contrarrevolucionaria de la URSS. La Unión Soviética fue el producto de la primera, y hasta hoy única, revolución proletaria exitosa. A pesar de su degeneración burocrática estalinista, la URSS seguía encarnando las conquistas de la Revolución de Octubre. El regreso del capitalismo en la contrarrevolución de 1991-92 significó una derrota histórico-mundial para la clase obrera. La contrarrevolución eliminó el poderoso contrapeso que la URSS representaba a la rapacidad imperialista al nivel global y condujo a un retroceso enorme en la conciencia del proletariado. Así, la masa de obreros y jóvenes radicalizados que toman parte en luchas defensivas no se identifica ya con los ideales del comunismo.
Las masas latinoamericanas explotadas y oprimidas no ven hoy otra salida que el populismo burgués. En algunos países, como Argentina y Bolivia (ver artículo “Bolivia: Trotskismo vs. nacionalismo burgués” en página 24), el descontento ha conducido a protestas multitudinarias que obligaron varios cambios de gobierno, pero no han presentado un reto al dominio capitalista. En México, el descontento se ha volcado masivamente al apoyo al programa populista del PRD burgués y/o, en menor escala, a su versión pequeñoburguesa “radical” representada por el EZLN. Es significativo, por ejemplo, que el EZ haya surgido como un movimiento campesino “posmoderno”, es decir, en rechazo explícito del socialismo. Para adormecer a la clase obrera, Lázaro Cárdenas necesitó hacer referencias vacuas al “socialismo”, presentar “planes sexenales” como si la economía mexicana hubiera estado planificada, introducir una falsa “administración obrera” en los ferrocarriles y el sector petrolero, etc. Hoy, el PRD no necesita más que “democracia ya, patria para todos”. El populismo es una trampa mortal para la clase obrera. El resultado de la subordinación de los sindicatos a Lázaro Cárdenas fue 60 años de priato y de control gangsteril sobre los sindicatos, ruptura salvaje de huelgas, represión asesina contra sindicalistas, estudiantes y luchadores sociales de todo género.
La historia de los países del Tercer Mundo a partir del siglo XX oscila entre regímenes derechistas (a menudo dictaduras policiacas) que impulsan políticas económicas hambreadoras en beneficio total de los imperialistas, y regímenes “populistas” que introducen ciertas reformas democráticas mínimas y otorgan magras concesiones a los obreros. Este fenómeno fue analizado, para el caso de México en particular, por el revolucionario ruso León Trotsky en su artículo “La administración obrera en la industria nacionalizada” (escrito en 1938) donde señaló:
“En los países industrialmente atrasados, el capital extranjero juega un rol decisivo. De aquí la debilidad relativa de la burguesía ‘nacional’ respecto del proletariado ‘nacional’. Esto da origen a condiciones especiales de poder estatal. El gobierno oscila entre el capital extranjero y el doméstico, entre la débil burguesía nacional y el proletariado relativamente poderoso. Esto confiere al gobierno un carácter bonapartista ‘sui generis’, un carácter distintivo. Se eleva, por así decir, por encima de las clases. En realidad, puede gobernar ya convirtiéndose en instrumento del capital extranjero y aherrojando al proletariado con las cadenas de una dictadura policial o bien maniobrando con el proletariado y hasta llegando a hacerle concesiones, obteniendo así la posibilidad de cierta independencia respecto de los capitalistas extranjeros. La política actual [cardenista] está en la segunda etapa; sus más grandes conquistas son las expropiaciones de los ferrocarriles y de las industrias petroleras.”
Así, el PRD es lo que llamamos un partido nacional-populista burgués, similar al PRM de Cárdenas, antecesor del PRI. De hecho, el objetivo del PRD no es sino regresar a los “años dorados” del PRI, aunque, enfrentando una situación internacional mucho más desventajosa (sobre todo la contrarrevolución en la URSS), es obvio que su política es aun más mezquina que la de su antecesor hace más de 60 años.
Las mínimas concesiones del PRD a los obreros y los pobres, así como sus críticas al servilismo de Fox ante los imperialistas, en el contexto de la miseria generalizada, son fuente de grandes ilusiones entre los obreros. Pero el PRD no puede ni quiere cumplir sus promesas. No puede ni quiere romper con los imperialistas. Este partido ni siquiera se opone al TLC, ese tratado de rapiña imperialista contra México, sino que sólo quiere “renegociarlo”. Aunque habla de oponerse a la privatización del sector energético, AMLO ha declarado, con un lenguaje intencionalmente confuso, que no se opone a la participación del capital privado nacional en dicho sector. No es coincidencia que Carlos Slim, el tercer hombre más rico del mundo, haya hecho público su apoyo al PRD. La participación del PRD en continuos ataques antisindicales en el D.F. —especialmente contra el SUTGDF y el sindicato del Metro—, en la ruptura policiaca de la huelga de la UNAM en 1999, en la represión asesina en Lázaro Cárdenas y en Atenco, en los asesinatos de activistas zapatistas que el mismo EZLN ha documentado, etc., no son hechos aislados: son un reflejo de su naturaleza burguesa y, por ello, inherentemente antiobrera. Como escribimos en un volante de abril de 2005 oponiéndonos al desafuero de AMLO sin darle un ápice de apoyo político, en caso de que llegara a la presidencia “el mismo apoyo que López Obrador tiene entre el movimiento obrero lo pondrá en una mejor situación para llevar adelante las privatizaciones de los sectores eléctrico y petrolero que el ineficaz Fox no ha podido imponer”. Aun sus magras concesiones existentes, como los subsidios a los ancianos y las madres solteras, serán revertidas el día de mañana, cuando los populistas burgueses juzguen prudente ampliar su “austeridad republicana”.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/26/pan.html
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2016.05.21 19:11 ShaunaDorothy ¡Abajo la rapiña imperialista! ¡Por movilizaciones obreras contra el TLC, el ALCA y las privatizaciones! ¡Ninguna confianza en el PRD burgués! (2 - 2) (2003)

https://archive.is/DCQwx
El desarrollo social, económico y cultural de México puede ser alcanzado sólo mediante una revolución socialista que coloque al proletariado en el poder, dirigiendo a las masas campesinas e indígenas y a todos los oprimidos, y establezca una economía socialista planificada. Desde su incepción, un estado obrero victorioso en un país atrasado —que además comparte una frontera con EE.UU.— tendría que luchar para promover la revolución proletaria dentro del monstruo imperialista estadounidense y a escala internacional. Y una revolución socialista en México tendría en verdad un efecto electrizante en los obreros de EE.UU.
Los obreros de origen mexicano conforman una parte importante del proletariado estadounidense, especialmente en California, Texas y algunas ciudades del norte y el este. Los obreros inmigrantes, muchos de los cuales tienen fuertes lazos familiares en México y otros países, han traído con ellos la experiencia de amargas luchas de clases en sus países. Para liberar este potencial de lucha revolucionaria se requiere un partido revolucionario internacionalista capaz de romper el control de la burocracia racista y proimperialista de la AFL-CIO sobre la clase obrera estadounidense. Esta perspectiva subraya la naturaleza crucial de la lucha en EE.UU. por los plenos derechos de ciudadanía para todos los inmigrantes —parte integral del trabajo cotidiano de nuestros camaradas estadounidenses—.
En México viven más de seis millones de indígenas. Sólo un gobierno obrero y campesino garantizaría a estas masas desposeídas derechos fundamentales como el de gobernar sus tierras y recursos, introduciendo la educación bilingüe a sus comunidades y sentando las bases para la integración plena a la sociedad de los indígenas que lo deseen sobre la base de la más completa igualdad.
La vinculación inseparable de las amplias reivindicaciones democráticas no resueltas con la lucha internacional y socialista del proletariado está en el centro de la teoría de la revolución permanente, formulada por el revolucionario ruso León Trotsky, que fue confirmada en la práctica por la Revolución Bolchevique de Octubre de 1917. En esta fecha la clase obrera rusa tomó en sus manos las tareas de la revolución democrática que el régimen burgués no había podido resolver: desconoció la deuda externa contraída por el zar y la burguesía, concedió la igualdad plena a las mujeres y dictó leyes prohibiendo todo tipo de discriminación contra homosexuales y minorías étnicas. También abolió la propiedad privada sobre la tierra y llamó al campesino pobre a emprender una revolución agraria que destruyera el latifundio y los restos del peonaje feudal. Pero para hacer esto realidad fue necesario expropiar toda la propiedad de la burguesía, establecer una economía colectivizada y planificada, así como el monopolio estatal del comercio exterior. Estas medidas sentaron las primeras bases para la reorganización socialista de la sociedad.
El programa agrario del estado obrero mexicano debe culminar en una colectivización voluntaria de la tierra que convierta gradualmente la pequeña propiedad en granjas colectivas altamente industrializadas. Esto convertirá a los campesinos en proletarios rurales sobre una base de productividad y abundancia imposible bajo el capitalismo, y de este modo superará la brecha que existe hoy entre la vida en el campo y la vida en la ciudad.
Para los marxistas, el imperialismo no es sólo una política inmoral que los gobernantes estadounidenses como Bush deciden emprender simplemente porque son muy malos (aunque lo sean). El imperialismo es una categoría histórica concreta que describe una fase inevitable en el desarrollo del capitalismo. En palabras de Lenin, el imperialismo es el "capitalismo parasitario o en estado de descomposición". Lenin explicó que "El imperialismo es el capitalismo en la fase de desarrollo en la cual ha tomado cuerpo la dominación de los monopolios y del capital financiero [la fusión del capital industrial con el bancario], ha adquirido una importancia de primer orden la exportación de capital, ha empezado el reparto del mundo por los trusts internacionales y ha terminado el reparto de todo el territorio del mismo entre los países capitalistas más importantes" (El imperialismo, fase superior del capitalismo, 1916). Habiendo alcanzado un cierto grado de desarrollo en los países capitalistas más industrializados, el capital financiero requiere la militarización y la subyugación nacional de los países capitalistas más atrasados. La llamada "globalización" no es en realidad nada más que un incremento cuantitativo en la exportación de capital, y en el caso de México, el TLCAN y las privatizaciones son formas de barrer las últimas restricciones a esta exportación.
Por eso el sistema imperialista de guerra y subyugación no puede ser cambiado simplemente mediante un cambio en la élite gobernante, ni mediante la mera presión de las masas: existirá mientras exista el capitalismo.
Como decía uno de los documentos de fundación de la IV Internacional de Trotsky:
"La política del ‘buen vecino’ no es sino un intento por unificar al Hemisferio Occidental bajo la hegemonía de Washington, como un sólido bloque manejado por éste en su campaña por cerrar la puerta a todas las potencias imperialistas extranjeras menos a ella misma. Esta política se complementa materialmente con los tratados comerciales que Estados Unidos busca concluir con los países latinoamericanos con la esperanza de desplazar sistemáticamente a sus rivales del mercado....
"La lucha contra el imperialismo norteamericano es, por tanto, a la vez una lucha contra la guerra imperialista venidera y por la liberación de los pueblos coloniales y semicoloniales oprimidos. Por ende, es inseparable de la lucha de clases del proletariado de EE.UU., contra la burguesía dominante y no puede librarse separada de ésta....
"Sólo la unión de los pueblos latinoamericanos, luchando por la meta de una América socialista unificada y aliada en la lucha al proletariado revolucionario de Estados Unidos, representaría una fuerza lo suficientemente potente como para confrontar con éxito al imperialismo norteamericano."
—"Tesis sobre el papel del imperialismo norteamericano" (1938)
La lucha política por forjar una vanguardia obrera leninista
Para lograr este programa no basta proclamarlo, es necesario identificar los obstáculos que se le oponen y declararles una guerra política sin cuartel para poner al programa revolucionario en la dirección del movimiento proletario. Actualmente una porción significativa del proletariado mexicano se encuentra organizada en sindicatos que tienen el poder para paralizar virtualmente todo el proceso productivo y de poner a la burguesía de rodillas. El problema es que las direcciones actuales de estos sindicatos sirven como verdaderas correas de transmisión de la ideología burguesa y obstaculizan conscientemente todo desarrollo de conciencia revolucionaria clasista. Por décadas, la burguesía mexicana se ha valido de la estructura corporativista para mantener a los poderosos sindicatos obreros atados a la política burguesa, y en particular al PRI. Hoy las mayores centrales sindicales como la CTM, la CROM, etc., siguen afiliadas al decrépito PRI, con direcciones procapitalistas charras acostumbradas a mantenerse a la cabeza de los sindicatos por medio de la violencia gansteril contra sus afiliados, la corrupción, y la tutela del estado burgués.
Pero existen también sindicatos llamados "independientes", como los afiliados a la UNT o el SME, que lograron sacudirse las cadenas corporativistas, pero sólo para caer en manos de direcciones que tampoco cuestionan la hegemonía burguesa. Estas direcciones, generalmente compuestas de líderes perredistas, recurren sobre todo a medios ideológicos para mantener sus posiciones al frente de los sindicatos, y pueden darse el lujo de una relativa democracia sindical. Pero en último análisis su función es la misma: descarrilar el poder de la lucha obrera hacia los canales del apoyo a uno u otro partido de la burguesía.
Los comunistas luchamos por fortalecer la organización obrera y por la sindicalización de todos los trabajadores, y estamos por la defensa de los sindicatos existentes frente a todo ataque del estado burgués. Alcanzar y defender la independencia política del movimiento obrero frente al estado y los partidos de la patronal es nuestro principio guía en la lucha por remplazar a sus actuales direcciones proburguesas con direcciones internacionalistas y revolucionarias, tanto en los sindicatos corporativistas como en los "independientes". Los espartaquistas hemos sido únicos en nuestra oposición principista a que el estado burgués persiga a dirigentes sindicales (como en el caso del sindicato petrolero en el llamado "Pemexgate"), aun cuando no simpaticemos en absoluto con su política. Y es que limpiar los sindicatos es un asunto exclusivo de los obreros (ver "Estado burgués: ¡Manos fuera del STPRM!" en Espartaco No. 18). ¡Estado burgués manos fuera de los sindicatos! ¡La CTM es de los obreros—romper con el PRI! ¡Ninguna confianza en el PRD y sus paleros sindicales!
El cemento ideológico que los falsos líderes sindicales usan para mantener a los obreros fieles a los dictados de sus explotadores es el nacionalismo, el principal obstáculo al desarrollo de una conciencia revolucionaria entre los obreros. Según esta falsa conciencia, el interés nacional que supuestamente une a todos los mexicanos en contra del conjunto de los no mexicanos debe prevalecer por encima de todo conflicto interno. En realidad, esta ideología burguesa está dirigida a subordinar políticamente a los explotados a sus brutales explotadores locales, y a separarlos de sus verdaderos aliados: los obreros del resto del mundo. Como explicó el líder bolchevique V.I. Lenin:
"El marxismo no puede reconciliarse con el nacionalismo, por muy ‘justo’, ‘limpiecito’, sutil y civilizado que éste sea. En lugar de todo nacionalismo el marxismo propugna el internacionalismo, la fusión de todas las naciones en esa unidad superior que se va desarrollando ante nuestros ojos con cada kilómetro de vía férrea, con cada trust internacional y con cada sindicato obrero...."
—"Notas críticas sobre la cuestión nacional" (1913)
¡Por una dirección clasista en los sindicatos!
Muchos ven en direcciones sindicales como la del SME una oposición consecuente a la burguesía. Pero la dirección del SME es una burocracia con un programa procapitalista. Su estrategia contra la privatización busca presionar a los partidos burgueses y mantener a las bases desmovilizadas. Así, en septiembre pasado Ramón Pacheco y José Almazán del SME se reunieron con Madrazo, presidente del PRI, para invitar a este putrefacto partido burgués a conmemorar con ellos la nacionalización de la industria eléctrica. Pacheco aprovechó la reunión para "reconocer" la participación de los senadores del PRI en el rechazo a los proyectos privatizadores de Fox. ¡Pero Fox sólo está siguiendo el curso privatizador trazado por sus predecesores priístas de la Madrid, Salinas y Zedillo!
Como escribimos en un suplemento de Espartaco en medio de la combativa huelga estudiantil de la UNAM en 1999:
"Toda la campaña del SME en contra de la privatización ha estado basada en el nacionalismo burgués y conscientemente trazada por parte de la dirigencia del sindicato para evitar la movilización clasista. Así, el SME emplazó a huelga hace varios meses, demandando un aumento salarial. Sin embargo, la burocracia aceptó las migajas ofrecidas por la compañía y retiró el emplazamiento, según la misma Lux [revista del SME] informa, para ‘no encimar este conflicto con las acciones seguidas por el sindicato contra la privatización’, ¡como si el nivel de vida de los trabajadores y la embestida privatizadora no tuvieran nada que ver!...[los burócratas] quieren aparecer como ‘radicales’ y ‘combativos’ para tener un mayor poder de presión sobre la burguesía y así conservar sus privilegios, mientras mantienen a la clase obrera atada. Ésa es la razón por la que los electricistas no están en huelga."
En un discurso pronunciado el 21 de agosto pasado en un mitin ante la cámara de senadores, en medio de cursis odas nacionalistas, Rosendo Flores, secretario general del SME, dijo:
"Cómo puede alguien decir que esta Iniciativa [foxista privatizadora] sí mantiene la rectoría del Estado y se salvaguarda la Soberanía del País, cuando se sepulta la esencia de la nacionalización que en 1960 llevó al presidente López Mateos; sí, al Señor Presidente Adolfo López Mateos, a romper las presiones y los chantajes de los dueños extranjeros de la Industria Eléctrica de entonces."
El "Señor Presidente" López Mateos, objeto de la cursilería de Flores, fue autor del aplastamiento de la gran huelga ferrocarrilera de 1958-59. López Mateos envió al ejército a reprimir a los combativos huelguistas a sangre y fuego, incluso sitiando los barrios obreros, en la que fue una de las principales derrotas históricas infligidas al proletariado mexicano. A raíz de la ruptura de la huelga, el "Señor Presidente" despidió a más de diez mil ferrocarrileros y metió a la cárcel a sus dirigentes, entre ellos a Demetrio Vallejo y Valentín Campa. La libertad de los ferrocarrileros presos fue una de las demandas del movimiento estudiantil del 68. El vengativo gobierno mantuvo en la cárcel a algunos, como Campa, ¡hasta 1970!
Habiendo acusado a los ferrocarrileros huelguistas de "antipatriotas", López Mateos solicitó la ayuda de la CIA, que envió a un tal Dean Stephanski para trazar la estrategia. ¡El gobierno acusó a dos diplomáticos soviéticos de dirigir la huelga! El comentarista estadounidense Dean Pearson escribió en octubre de 1959:
"‘En esta ocasión —se refiere a la huelga ferrocarrilera— el exsecretario del Trabajo y amigo de los obreros [López Mateos], metió a la cárcel a los agitadores y los acusó de "promover la disolución social" delito tipificado en los códigos mexicanos. Simultáneamente ordenó la expulsión de los agregados de la embajada soviética, por considerarlos incitadores de la agitación obrera. Desde entonces —continúa Pearson— el ["Señor"] presidente López Mateos ha fortalecido notablemente la moneda mexicana’ (con la ayuda del Tesoro de los E.U. y el Fondo Monetario Internacional)."
—Citado en Valentín Campa, Mi testimonio
Como diría Fidel Velázquez, ¡Gracias Señor Presidente!
Para desatar el poder de la clase obrera lo que se requiere es barrer con las actuales direcciones procapitalistas como la del SME, que siembran ilusiones suicidas en la burguesía y su gobierno, remplazándolas con direcciones revolucionarias. Para eso es necesario una lucha política tajante para ganar a las bases al programa del marxismo revolucionario. Como escribió Trotsky en su artículo inconcluso "Los sindicatos en la época de la decadencia imperialista": "Los sindicatos de nuestro tiempo pueden servir como herramientas secundarias del capitalismo imperialista para la subordinación y adoctrinamiento de los obreros y para frenar la revolución, o bien convertirse, por el contrario, en las herramientas del movimiento revolucionario del proletariado. En la era de la decadencia imperialista los sindicatos sólo pueden ser independientes en la medida en que sean conscientes de ser, en la práctica, los organismos de la revolución proletaria."
Los falsos revolucionarios
Entre los impulsores abiertos de la colaboración de clases, que conforman la derecha del movimiento obrero, y los revolucionarios que conformamos la izquierda, existe una tendencia intermedia que habla como los revolucionarios pero en cada disyuntiva decisiva actúa como los colaboracionistas. Esta tendencia es lo que llamamos centrismo. Capaz de ganar jóvenes, obreros y otros que honestamente desean luchar por la revolución socialista y desviarlos hacia la política reformista, el centrismo es particularmente peligroso y por eso es particularmente necesario denunciarlo. La Liga de Trabajadores por el Socialismo-ContraCorriente (LTS-CC) y el Grupo Internacionalista (GI) son, cada uno a su manera, ejemplos insuperables del centrismo en México.
La LTS dice ser trotskista, pero la motivación que se encuentra detrás de toda su política es una adaptación sistemática a las actuales direcciones nacionalistas del movimiento obrero, que orbitan siempre en torno al PRD burgués. Éste es el caso con la dirección del Sindicato Mexicano de Electricistas. La LTS se lamenta de que la dirección del SME tenga vínculos con el PRD y un programa netamente nacionalista, pero en los hechos busca actuar como consejera de "izquierda" de la burocracia, al tiempo que la ayuda a mantener sus credenciales "combativas" ante la membresía y así contribuye a perpetuar su posición.
En realidad, la LTS va a la cola de la política nacionalista de colaboración con la burguesía que impulsa la burocracia y le sirve como cobertura de "izquierda". Así, lanza un hipócrita llamado: "los sindicatos y coordinaciones de los trabajadores existentes (como el Frente Nacional de Resistencia contra la Privatización de la Industria Eléctrica [FNRCPIE] y las corrientes que se reivindican democráticas en los distintos sindicatos) deben encabezar esta lucha sin confiar en ningún político burgués ni en los tramposos mecanismos del régimen" (Estrategia Obrera No. 21, 6 de noviembre de 2001). ¡Pero el FNRCPIE mismo incluye a la Corriente Democrática del PRI, al PRD e incluso a dirigentes del PAN en el DF! (La Jornada, 27 de febrero de 1999).
Jactándose de una ortodoxia trotskista que poco tiene que ver con su práctica política real, un manifiesto de la LTS sentencia correctamente que "la negación del rol [de vanguardia] de la clase obrera es el preámbulo de una política que reniega de la lucha contra las direcciones burguesas y burocráticas, y por el contrario se subordina al PRD y a la burocracia ‘opositora’". De igual modo, el manifiesto critica al reformista POS por su capitulación al zapatismo: "El POS, en tanto, lamentablemente llamó al EZLN a encabezar la lucha por un gobierno obrero y campesino y lo definió como una dirección ‘independiente’ (es decir independiente de la burguesía), justo cuando éste se dirigía a la negociación con el régimen." Esta denuncia se vuelve una broma de mal gusto en los labios de la LTS, que durante la huelga de la UNAM se distinguió entre otras cosas por su llamado a constituir una Coordinadora Nacional contra la Represión que uniera a todas las fuerzas de la izquierda y el movimiento obrero...¡bajo la dirección del EZLN! En un volante típico, publicado en agosto de 1999, la LTS-ContraCorriente escribió:
"Tenemos que fundir nuestras luchas confrontando el ataque del régimen en una Coordinadora Nacional contra la Represión. Es esencial que el EZLN encabece el llamado a conformarla, para organizar la resistencia a nivel nacional. La marcha [de los zapatistas] del 23 en San Cristóbal de las Casas es un ejemplo a seguir."
Como decía Oscar Wilde, "la hipocresía es el homenaje que el vicio rinde a la virtud".
En Estrategia Obrera No. 30 (22 de enero de 2003), la LTS polemiza contra un artículo de Sergio Rodríguez Lazcano y critica al EZLN por no querer tomar el poder, y concluye: "El autor [Rodríguez Lazcano] pretende fundamentar una práctica reformista que se niega a luchar por el poder. La lucha de Zapata fue, en cambio, el enfrentamiento directo contra el estado sin confianza en los poderosos y sus representantes." De hecho, los ejércitos campesinos de Zapata y Villa tomaron la Ciudad de México en 1914 sólo para retirarse poco después, incapaces de dar solución a sus propias demandas. Las circunscritas exigencias por más democracia y repartos de tierra en sus pueblos, como el Plan de Ayala, no eran suficientes para dotar a Villa y Zapata de un programa político nacional y conservar el poder estatal en los centros urbanos. Como el EZLN, el de Zapata era un movimiento basado en el campesinado y, correspondientemente, estaba limitado por esa misma ideología.
Aunque en el mismo periódico la LTS dice que "es fundamentalmente la unidad con el proletariado industrial y de los servicios la que puede potenciar la lucha y posibilitar la solución de las demandas del campo", su rechazo de la perspectiva trotskista de la revolución permanente queda claro en su afirmación de que "La mejor forma de garantizar el triunfo es poniendo la dirección en manos de la gran masa de campesinos pobres que ya dio muestras de su potencial revolucionario en 1910." Pero en sus "Tesis fundamentales" de la revolución permanente, Trotsky explicó que "por grande que sea el papel revolucionario de los campesinos, no puede ser nunca autónomo ni, con mayor motivo, dirigente. El campesino sigue al obrero o al burgués." Trotsky desarrolló:
"3. El problema agrario, y con él el problema nacional, asignan a los campesinos...un puesto excepcional en la revolución democrática. Sin la alianza del proletariado con los campesinos, los fines de la revolución democrática no sólo no pueden realizarse, sino que ni siquiera cabe plantearlos seriamente. Sin embargo, la alianza de estas dos clases no es factible más que luchando irreconciliablemente contra la influencia de la burguesía liberal-nacional.
"4. Sean las que fueren las primeras etapas episódicas de la revolución en los distintos países, la realización de la alianza revolucionaria del proletariado con las masas campesinas sólo es concebible bajo la dirección política de la vanguardia proletaria organizada en Partido Comunista. Esto significa, a su vez, que la revolución democrática sólo puede triunfar por medio de la dictadura del proletariado, apoyada en la alianza con los campesinos y encaminada en primer término a realizar objetivos de la revolución democrática."
Otro grupo centrista que trata de aparecer como revolucionario es el llamado "Grupo Internacionalista", un puñado de renegados que desertó de nuestra organización en 1996. Pero el contenido de la política de este grupo no podía estar más lejos de la política revolucionaria. En su apetito por adaptarse al medio de la "izquierda" perredista, este grupo incluso ha llegado a la posición rompesindicatos de descartar las luchas de todos los sindicatos que no estén dirigidos por el PRD. Manipulando tramposamente el odio de muchos obreros hacia la muy real podredumbre de las direcciones priístas de los sindicatos corporativistas, el GI ha sostenido con verdadero ahínco que el sindicalismo de la CTM "representa al enemigo de clase" (El internacionalista/Edición México, mayo de 2001), y que en lugar de defenderlo de los ataques del estado, hay que dar contra él una "lucha clasista" (una consigna que el gobierno de Fox está realizando al pie de la letra). Curiosamente, el GI no sostiene esta posición respecto al sindicalismo corporativista de otros países (como Argelia, Argentina e incluso Venezuela, donde la burocracia de la CTV es notoria por su política pro-CIA), ya que en estos países no ha encontrado todavía un PRD con el que quiera quedar bien.
En repetidas polémicas hemos señalado que, especialmente en el contexto de la ofensiva antiobrera del PAN (y también del PRD en la ciudad de México) estas posiciones son objetivamente antisindicales y rompehuelgas, una acusación que todo izquierdista debería tomar muy en serio. ¿Cómo responde el GI a esto? Pues no responde.
Fiel a sí mismo pese a todo, en su último artículo sobre México ("México: el gobierno de Fox sirve de ‘bisagra’ en la guerra contra Irak", noviembre de 2002), el Grupo Internacionalista recurre a los malabares más burdos con tal de no dar una respuesta clara a los interrogantes que les plantea la realidad. El artículo dedica una sección entera a hablar pomposamente de la importancia estratégica del petróleo mexicano, pero notoriamente omite toda mención del hecho de que los dirigentes del sindicato petrolero se encuentran actualmente bajo un ataque judicial por parte del estado burgués (ver "Estado burgués: Manos fuera del STPRM", Espartaco No. 18). El GI llega a hablar idílicamente de que una huelga petrolera "asestaría un fuerte golpe a los planes bélicos de Washington", pero evitan mencionar el hecho de que el sindicato había emplazado a huelga meses antes de que el GI publicara su inocuo artículo, movilizando a decenas de miles de trabajadores en demanda de aumento salarial. En una manifestación en el DF, los obreros corearon: "¡Aumento salarial y autonomía sindical!". El emplazamiento a huelga del sindicato petrolero puso a temblar a la burguesía mexicana y preocupó considerablemente a los imperialistas, que no dudaron en ofrecer su respaldo a los ataques antisindicales de Fox. Consciente del enorme poder social que podía escapar de su control, la burocracia priísta terminó por aceptar un aumento raquítico y desmovilizar a sus bases. Pero el GI simplemente declaró "inexistentes" todos estos hechos porque muestran la estupidez y naturaleza rompesindicatos de su línea.
Ahora parece que el GI está avergonzado de su propia postura (y francamente ¿quién no lo estaría?). De este modo, el último artículo del GI no sólo peca por omisión: busca activamente desorientar a sus lectores sobre el contenido de su propia política. Y es que como los vampiros, los centristas aborrecen la claridad. Hablando de los trabajadores portuarios mexicanos y de la necesidad de que realicen actos de solidaridad obrera internacional, el GI afirma:
"Pero para llevarlos a cabo [los actos de solidaridad obrera] es imprescindible una lucha por forjar una dirigencia sindical clasista en contra de los charros corporativistas priístas del CT-CTM-CROC-CROM y los burócratas sindicales ‘democráticos’ pro PRD..."
Este pasaje fue redactado para confundir deliberadamente a sus lectores implicando que el GI tiene una posición que no tiene. No olvidemos que esta organización sostiene que los sindicatos de la CTM corporativista representan "al enemigo de clase", y que nos ha denunciado furiosamente por decir que no hay una diferencia de clase entre los sindicatos corporativistas y los "independientes". Pero ahora, según implica ambiguamente la nueva pieza del GI, ya no se trata de forjar una nueva organización, sino sólo una nueva dirección, al igual que con los sindicatos dirigidos por perredistas. ¿Es que el GI pretende dotar a su supuesto "enemigo de clase" de "una dirigencia sindical clasista"?
¿Será posible que, confrontado con la realidad de la lucha de clases, el avergonzado GI esté dando un viraje de su política de manera encubierta? Es dudoso, ya que estos charlatanes han demostrado sobradamente que ni les interesa la realidad de la lucha de clases, ni tienen vergüenza, por lo que esto no puede tratarse más que de una torpe maniobra confusionista destinada a evadir las lamentables conclusiones de su propia política y a seguir jugando al escondite con nuestras polémicas.
En general, la ideología dominante en toda sociedad dada es la ideología de la clase económicamente dominante. Dentro del movimiento obrero esto se expresa en todas estas "alternativas" de dirección que, de distintas maneras, no buscan sino mantenerlo en el corral de la ideología burguesa. Es necesario construir un partido leninista de vanguardia, fusionando a los intelectuales radicalizados comprometidos con la causa del proletariado con los elementos más avanzados de la clase obrera sobre la base de un programa revolucionario; un partido armado con la experiencia de décadas de luchas obreras a escala internacional codificada en el programa del marxismo; un partido que denuncie todas las variantes de la ideología burguesa dentro del movimiento obrero, ya sea descaradas o encubiertas; un partido capaz de dirigir a la clase obrera a su emancipación y, de este modo, a la emancipación de toda la sociedad.
http://www.icl-fi.org/espanol/oldsite/privatizacion.htm
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2016.05.21 16:41 ShaunaDorothy ¡Forjar un partido leninista-trotskista! Se derrumba el régimen del PRI - ¡Romper con todos los partidos burgueses: PRI, PAN, PRD! - ¡Ninguna ilusión en el PRD nacionalista burgués, enemigo de explotados y oprimidos! (2000) (1 - 2)

https://archive.is/NR7fx
¡Forjar un partido leninista-trotskista! Se derrumba el régimen del PRI ¡Romper con todos los partidos burgueses: PRI, PAN, PRD! ¡Ninguna ilusión en el PRD nacionalista burgués, enemigo de explotados y oprimidos!
Reproducido de Espartaco No. 14, otoño-invierno de 2000.
Tras la victoria electoral de Vicente Fox Quesada del PAN, el próximo 1° de diciembre terminarán siete décadas de dominio del PRI (Partido Revolucionario Institucional). Después de su derrota electoral en la presidencia, el PRI ha perdido también una miríada de gobiernos municipales y gubernaturas, y se enfrenta ahora a una desbandada. Grupos internos del PRI exigen la expulsión de Zedillo, mientras que el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) anterior, casi en su totalidad, ha sido reemplazado. Los conflictos internos del PRI fueron externados de manera sangrienta por la trifulca en Chimalhuacán, Estado de México, entre dos fracciones priístas, Antorcha Popular y el grupo de “La Loba”, dejando un saldo de varios muertos, en una lucha por el control del municipio. El Ejército y la Armada se ven envueltos en distintos escándalos relacionados con el narcotráfico, mientras que varios ex funcionarios priístas enfrentan procesos penales o se encuentran prófugos. A su vez, el burgués nacionalista PRD quedó muy atrás en los resultados electorales, perdiendo algunos de sus bastiones más importantes. A duras penas consiguió conservar la jefatura de gobierno en la Ciudad de México. Ante su derrota, el PRD trata ahora de posar como una “oposición firme” al derechista y clerical PAN.
En reuniones con empresarios canadienses, Fox anunció sus planes de “apertura completa”; es decir, privatización de las industrias petroquímica y eléctrica, con perspectivas a formar un mercado común norteamericano al estilo de la Unión Europea. El imperialismo estadounidense está lejos de sentirse contento con la idea de un mercado común bajo esos términos. Y Fox encontrará muchos problemas al tratar de introducir sus planes proimperialistas en México. Según el periódico burgués perredista La Jornada (18 de agosto), 75 millones (es decir, cerca del 75 por ciento de la población) de mexicanos viven en la pobreza. Tras la ruptura de la huelga de la UNAM, que pola- rizó profundamente a la sociedad mexicana durante casi diez meses, la burguesía enfrenta aún el problema representado por la persistencia de la guerrilla campesina del EZLN y continuas manifestaciones de descontento entre la clase obrera, los campesinos, los maestros, los estudiantes y otros. La reciente huelga de VW —declarada inexistente por la Junta de Conciliación y Arbitraje—, la huelga de sobrecargos de aviación, requisada por el gobierno, la huelga de los azucareros del año pasado, la huelga en la compañía automotriz DINA, así como otras recientes y emplazamientos a huelga diversos, como el del STUNAM en demanda del 50 por ciento de aumento salarial, muestran que existe mucha efervescencia y ánimo de lucha en la clase obrera. Los trabajadores reconocen que han habido cambios importantes en la estructura política en México y tienen grandes expectativas de finalmente satisfacer las necesidades diarias para ellos y sus familias. Pero cualquier ilusión en que la elección del PAN es una indicación de las “convicciones democráticas” de la burguesía es una ilusión mortal. En este país no puede existir ninguna democracia burguesa estable. La debilidad de la propia burguesía mexicana, subordinada al imperialismo y tratando de controlar al proletariado, le impide darse ese lujo, propio de las burguesías de los países desarrollados.
Los espartaquistas guiamos nuestra lucha por la revolución socialista en México mediante la perspectiva trotskista de la revolución permanente. Los países de desarrollo capitalista atrasado, como México, se caracterizan por un desarrollo desigual y combinado, en donde las formas más modernas de explotación capitalista coexisten con los métodos de producción más primitivos. La burguesía nacional es simplemente demasiado débil y subordinada al imperialismo como para resolver tareas democráticas elementales, como la solución del problema agrario, los derechos de la mujer, la educación gratuita, la emancipación nacional, etc. En contraste, el imperia-lismo ha creado un poderoso y joven proletariado, cuyos números y cohesión han crecido junto con la inversión imperialista. El capitalismo genera así a su propio sepulturero. Corresponde al proletariado satisfacer esas demandas democráticas mediante la instauración de su propio régimen de clase proletario a través de una revolución socialista, arrastrando tras de sí a las masas de pobres y oprimidos del campo y la ciudad, luchando por extender la revolución internacionalmente, especialmente al poderoso proletariado multirracial estadounidense.
Muchos de quienes votaron por el PAN lo hicieron con tal de sacar al PRI de la presidencia, y no por devoción a la política derechista y reaccionaria de este partido, principal vocero del llamado “neoliberalismo”. La burguesía y sus medios de comunicación tratan de pintar la llegada del PAN al poder como la consolidación de la “democracia” en México. En realidad, el triunfo del PAN presagia ataques frontales contra los trabajadores, las mujeres y las minorías. Un acalorado debate a nivel nacional ha hecho erupción sobre los ataques del PAN en torno al aborto. Así, desde Baja California —con el caso de Paulina, la adolescente que fue obligada por el gobierno panista y la iglesia a dar a luz a un niño producto de una violación— hasta Guanajuato —con las reformas que penalizaban el aborto en casos de violación, finalmente vetada por el gobernador ante la presión de la opinión pública—, la política reaccionaria y misógina del PAN se está haciendo sentir. Mientras tanto, tratando de aprovechar la situación para recuperar los adeptos que ha perdido, el PRD ha adoptado una pose de “amigo” de las mujeres, mediante la introducción de la llamada “Ley Robles”, que acepta como casos de aborto legal cuando haya malformación del producto y peligro para la mujer. La tímida y patética oposición del PRD al PAN y a la iglesia ni siquiera empieza a dirigirse a las necesidades de las mujeres en el México de hoy. Reconociendo la estrechez de las mismas, defendemos estas leyes contra los ataques de los reaccionarios. Pero, a pesar de su ocasional retórica “populista”, el PRD es un partido burgués, sostén del sistema de explotación capitalista y dominio imperialista. Los espartaquistas luchamos por: ¡Aborto gratuito para quien lo solicite! ¡Plenos derechos democráticos para los homosexuales!
La opresión de la mujer tiene raíz en el sistema de explotación capitalista y, por tanto, darle fin no es una tarea separada de la lucha por la emancipación proletaria. La lucha por la emancipación de la mujer tiene un carácter estratégico para la revolución socialista en México, donde la inversión imperialista ha integrado a cada vez mayores números de mujeres al proceso productivo como proletarias, sobre todo en las maquiladoras del norte del país. Ganándolas al programa de la revolución socialista, estas mujeres proletarias serán combatientes de vanguardia por la emancipación social de todos los trabajadores y oprimidos en México. ¡Liberación de la mujer mediante la revolución socialista! (ver artículo “¡Aborto libre y gratuito!” en este mismo número).
El proletariado mexicano debe pasar de ser una clase en sí; es decir, una definida simplemente por su relación con los medios de producción, a una clase para sí: consciente de que debe tomar el poder y crear una sociedad socialista donde quienes trabajan gobiernen. El instrumento indispensable para forjar esta conciencia en la clase obrera es un partido leninista-trotskista. El principal obstáculo en México a la adquisición de la conciencia revolucionaria en el proletariado es la ideología del nacionalismo burgués impulsada desde la Revolución Mexicana, que pretende borrar la división fundamental de la sociedad en clases con intereses antagónicos, presentando a explotadores y explotados como simples “mexicanos” oprimidos por el imperialismo yanqui. El Grupo Espartaquista de México, sección de la Liga Comunista Internacional (Cuartainternacionalista), se ha fijado el objetivo de forjar un partido revolucionario internacionalista capaz de dirigir a la clase obrera al poder.
¡Romper el grillete corporativista
sobre los sindicatos!
En México la principal central obrera, la Confederación de Trabajadores de México (CTM) ha permanecido atada directamente al estado capitalista a través del partido que estuvo en el poder por más de 71 años, el PRI, el partido oficial gobernante que ha apuntalado su dominio con la mitología de la Revolución Mexicana, tratando de aparentar ser el partido que representa al pueblo mexicano y sus intereses.
El corporativismo es la organización de la sociedad dentro de corporaciones o “sectores” sociales. En México, los sindicatos de la CTM son parte orgánica de un partido político burgués, el cual, además, fue durante décadas el partido gobernante de un estado esencialmente unipartidista. Desde el tiempo en que surgieron estuvieron intrínsecamente subordinados al partido gobernante de la burguesía. Nos oponemos al corporativismo como una de las formas más abiertas de subordinación del proletariado a la burguesía. El corporativismo mexicano atañe a todos los sindicatos, no sólo a la CTM y demás sindicatos priístas. Las mismas leyes del Artículo 123 se aplican a todos los sindicatos, como hemos visto muy concretamente en el caso de la huelga reciente en Volkswagen, declarada “inexistente” por la Junta de Conciliación y Arbitraje. Aquí vemos que al final el estado regula la vida de todos los sindicatos, no sólo los de la CTM. A pesar del resquebrajamiento del corporativismo priísta, no ha existido por parte del proletariado una lucha abierta al control de la clase capitalista. Esto se debe a la hegemonía del nacionalismo burgués en la clase obrera, apuntalado por las burocracias sindicales, los lugartenientes del capital en el movimiento obrero. Como explicamos en Espartaco núm. 10: “Pero en la ausencia de un partido revolucionario luchando por la independencia política de la clase obrera, los trabajadores y sus organizaciones continuarán siendo juguetes para las ambiciones parlamentarias de los políticos burgueses nacionalistas. Mientras Cárdenas busca generar una cara más ‘populista’ y ‘nacionalista’ para el régimen de la austeridad burguesa, puede contar con el apoyo de los sindicatos ‘independientes’.”
Los burócratas sindicales de la CTM dirigen típicamente con el puño de acero de la represión. Los sindicatos llamados “independientes” son, de hecho, más democráticos, y nosotros los marxistas ciertamente no somos indiferentes a eso. Sin embargo, estos líderes de los sindicatos “independientes” atan a los trabajadores a la burguesía mexicana a través de otros medios, mediante la ideología del nacionalismo e ilusiones en la reforma “democrática” del estado capitalista. Los revolucionarios buscamos intervenir en los sindicatos para remplazar a las direcciones burocráticas y nacionalistas con una dirección opuesta a todos los partidos de la burguesía.
En su folleto “Los sindicatos en la época de la decadencia imperialista” (1940), Trotsky explica:
“Como en los países atrasados el papel principal no lo juega el capitalismo nacional sino el extranjero, la burguesía nacional ocupa, en cuanto a su ubicación social, una posición muy inferior a la que corresponde al desarrollo de la industria. Como el capital extranjero no importa obreros sino proletariza a la población nativa, el proletariado nacional comienza muy rápidamente a jugar el rol más importante en la vida nacional. Bajo tales condiciones, en la medida en que el gobierno nacional intenta ofrecer alguna resistencia al capital extranjero, se ve obligado en mayor o menor grado a apoyarse en el proletariado. En cambio los gobiernos de países atrasados que consideran inevitable o más provechoso marchar mano a mano con el capital extranjero destruyen las organizaciones obreras e implantan un régimen más o menos totalitario. De modo que la debilidad de la burguesía nacional, la ausencia de una tradición de gobierno comunal propio, la presión del capitalismo extranjero y el crecimiento relativamente rápido del proletariado corta de raíz toda posibilidad de un régimen democrático estable. El gobierno de los países atrasados, o sea coloniales o semicoloniales, asume en general un carácter bonapartista o semibonapartista. Difieren entre sí en que algunos tratan de orientarse hacia la democracia, buscando el apoyo de obreros y campesinos, mientras que otros implantan una cerrada dictadura policíaco-militar. Esto determina también la suerte de los sindicatos: o están bajo el patrocinio especial del estado o sujetos a una cruel persecución. Este tutelaje del estado está determinado por dos grandes tareas que éste debe encarar: en primer lugar atraer a la clase obrera, para así ganar un punto de apoyo para la resistencia a las pretensiones excesivas del imperialismo, y al mismo tiempo disciplinar a los mismos obreros poniéndolos bajo el control de una burocracia.”
En parte, Trotsky escribió lo anterior basado directamente en el caso de México en ese tiempo. Muchos mexicanos miran con nostalgia las reformas realizadas bajo Cárdenas. Lo que es importante entender, sin embargo, es precisamente la continuidad del estado mexicano actual con el periodo de Cárdenas. En su folleto, Trotsky está describiendo la estructuración social en México bajo Cárdenas. Durante cincuenta años nada cambió esencialmente en la forma en que los sindicatos y el estado mexicanos están organizados y cómo funcionan.
Trotsky explica que el hecho de que el papel principal en los países coloniales y semicoloniales lo desempeña no el capitalismo nativo, sino el imperialista, no niega sino que, al contrario, refuerza la necesidad de los lazos directos con el estado. Esta es la base social más importante del carácter bonapartista y semibonapartista de los gobiernos de las colonias y los países atrasados en general. Trotsky enfatiza:
“¿Significa esto que en la era del imperialismo la existencia de sindicatos independientes es, en general, imposible? Sería básicamente erróneo plantear así esta cuestión. Lo que es imposible es la existencia de sindicatos reformistas independientes o semiindependientes. Es muy posible la existencia de sindicatos revolucionarios que no sólo no sean agentes de la política imperialista sino que se planteen como tarea directamente el derrocamiento del capitalismo dominante. En la era de la decadencia imperialista los sindicatos solamente pueden ser independientes en la medida en que sean conscientes de ser, en la práctica, los organismos de la revolución proletaria.
“En realidad, la independencia de clase de los sindicatos, en cuanto a sus relaciones con el estado burgués solamente puede garantizarla, en las condiciones actuales una dirección de la Cuarta Internacional.”
Revolución permanente
vs. nacionalismo cardenista
Ante el fin del dominio del PRI, México está pasando por cambios políticos importantes. Para los marxistas revolucionarios, es necesario obtener las lecciones del pasado para comprender el presente y poder dirigir las luchas del proletariado a la victoria.
La Revolución Mexicana de 1910-20 fue una confirmación por la negativa de la teoría de Trotsky de la revolución permanente. Las relaciones políticas y sociales en el país estaban insuficientemente maduras para poner al proletariado en el poder como el dirigente de las masas populares. Por tanto, la Revolución Mexicana produjo sólo resultados muy parciales dirigidos enteramente en contra de las masas obreras. Los constitucionalistas, los burgueses triunfantes que emergieron de la revolución fueron incapaces de realizar los propósitos de una revolución nacional democrática. Tenían que enfrentar no sólo la oposición de las alas recalcitrantes de la burguesía y la iglesia católica, sino al reto constante del proletariado en las ciudades y el campesinado empobrecido en el campo, zigzagueando continuamente en cuanto a su política respecto al imperialismo estadounidense. Hacia el final de la Revolución Mexicana, el capital estadounidense había, de hecho, fortalecido su grillete económico sobre el país a expensas de sus rivales imperialistas.
Tanto para alcanzar la victoria en la guerra civil contra Villa y Zapata, como para consolidar su dominio en la secuela de la revolución, los constitucionalistas tuvieron que apoyarse en el proletariado para obtener un apoyo político y militar —al mismo tiempo subordinando políticamente a la clase obrera a su dominio—. La primera federación obrera mexicana post-revolucionaria, la Confederación Regional de Obreros de México (CROM) ilustra este punto.
La convención de fundación de la CROM fue convocada y financiada bajo los auspicios del gobierno para minar a la Casa del Obrero Mundial. Mientras que el programa de la CROM aprobado en dicha convención se oponía a cualquier cooperación con el gobierno (¡!), bajo la dirección de Luis Morones, la CROM rápidamente se convirtió en un aliado servil del gobierno —dependiente de los subsidios del gobierno a manera de “coutas”—.
Poco después de haber fundado la CROM, en 1919 Morones y sus secuaces lanzaron el Partido Laborista Mexicano (PLM), para apoyar la candidatura presidencial del general constitucionalista Alvaro Obregón. Pero aun antes de que el PLM fuese proclamado, la CROM había negociado con Obregón un acuerdo para que éste creara una secretaría del trabajo dirigida por “una persona cercanamente identificada con los intereses de los trabajadores” y que a la CROM se le otorgaría un estatus y acceso especiales para recibir apoyo y facilidades estatales. Durante la competencia electoral de 1920 la CROM dio apoyo militar a Obregón en su lucha exitosa para eliminar a su rival, el presidente Venustiano Carranza, quien huyó de la Ciudad de México y poco después fue ejecutado por tropas leales a Obregón.
Una vez en el poder, Obregón no cumplió su promesa de una secretaría del trabajo. No obstante, dejó muchos departamentos gubernamentales bajo el control de la CROM y el PLM, y permitió que los jefes de estos departamentos recaudaran “contribuciones espontáneas” de sus empleados para beneficio directo del PLM y la CROM, incluyendo especialmente a sus dirigentes. Al mismo tiempo, Obregón presurosamente creó el Partido Nacional Agrarista (PNA) como un contrapeso del PLM.
En 1924 hizo erupción un nuevo enfrentamiento armado dirigido por Adolfo De la Huerta, antiguo aliado de Obregón, cuando éste decidió designar a Plutarco Elías Calles como su sucesor, quien era considerado por hacendados y jerarcas católicos un “radical”. Obregón había perdido popularidad en el ejército debido a cortes en el presupuesto militar.
Los obregonistas ganaron una victoria sobre De la Huerta debido al apoyo estadounidense —los obregonistas recibieron armas, mientras que las fuerzas de De la Huerta fueron sujetas a un bloqueo—. Además, Obregón tenía el apoyo de milicias campesinas organizadas en el Partido Nacional Agrarista y obreros armados de la CROM. Junto con regimientos del ejército leales al régimen, aplastaron la revuelta a un costo de 7 mil muertos.
Similarmente, Calles movilizó a los campesinos agraristas para ayudar a aplastar a las guerrillas fundamentalistas católicas de la Cristiada, al tiempo que usaba su control sobre la CROM de Luis Morones como base de apoyo contra fracciones burguesas rebeldes y contra toda disidencia obrera. Durante el régimen de Calles, la CROM acordó un “pacto social” con el estado: a cambio de curules, puestos en el gobierno y la aprobación del gobierno en campañas de organización sindical, la CROM asistió en la persecución de izquierdistas y disidentes y la ruptura de huelgas, como la de ferrocarrileros en 1926.
Calles buscó exitosamente enfrentar entre sí a sectores de la clase obrera cuando, en 1928, la dirigencia de la CROM, desacreditada por su tan cínicamente abierta colaboración de clases, buscó mejorar su reputación ante los ojos de la clase obrera, renegando de su “pacto social” con el gobierno; el gobierno respondió cortando los fondos de la CROM y apoyando —durante un periodo muy efímero— a grupos obreros disidentes. Los conflictos desembocaron en enfrentamientos armados entre la CROM y los grupos obreros disidentes. Calles, a través de su títere Emilio Portes Gil, atacó a los últimos. Con la Cristiada sofocada, cualquier amenaza de su mentor, antiguo jefe y rival Obregón eliminada, y las relaciones con el imperialismo estadounidense estabilizadas, Calles necesitó muy poco a la muy comprometida CROM/PLM. Entonces buscó marginarla y eliminarla de una posición influyente en el gobierno.
En 1929, Calles fundó el Partido Nacional Revolucionario (PNR) reclamando ser el partido “de la Revolución”, disciplinando y coptando en él a la mayor parte de las fracciones rivales burguesas. Se dio inicio a la breve época conocida como el “maximato”, en la que los presidentes sucesivos no eran sino marionetas de Calles.
La depresión mundial de finales de los años 20 representó una catástrofe a nivel internacional en los países capitalistas (la economía colectiva planificada del estado obrero degenerado soviético no fue afectada). Las economías de países que se encontraban subordinados al imperialismo fueron golpeadas de manera particularmente fuerte, y tal fue el caso de México bajo el yugo del imperialismo estadounidense. El número de desempleados en México se triplicó entre 1929 y 1933, mientras que el salario mínimo no alcanzaba a cubrir más que un tercio de las necesidades básicas de las familias obreras.
El nuevo “Plan Sexenal” de 1933 reflejaba la preocupación de la burguesía ante un alza en las luchas de la clase obrera, poniendo énfasis en la reducción de la dependencia económica de México ante los EE.UU., con una perspectiva de reformas sociales que tenían como meta aminorar el descontento obrero. Fue así como se designó al General Lázaro Cárdenas, uno de los voceros de las reformas sociales, como sucesor del “Jefe Máximo” Calles.
Muchos obreros y pobres de la ciudad y del campo ven en Lázaro Cárdenas a una figura “progresista” y “antiimperialista”; sectores de la burguesía “populista” invocan su nombre ante los obreros. En realidad, el “legado” de Cárdenas consistió en la consolidación del régimen burgués mexicano. Fue Cárdenas quien retomó al PNR de Calles y lo transformó de una máquina de poder personal en un instrumento capaz de organizar a las fuerzas políticas de México en una estructura corporativista.
Cárdenas no era ningún socialista ni antiimperialista; de hecho, al final de su gobierno, en 1940, la economía mexicana dependía de los EE.UU. más que nunca antes en la historia. Su intención fue modernizar al país para beneficio de la burguesía mexicana, y nunca poner en cuestión el dominio de ésta. Para ello, ante la debilidad de la burguesía nativa, requirió —como sus predecesores Obregón y Calles— el apoyo de la clase obrera contra las fracciones burguesas opuestas a las reformas nacionalistas y contra las pretensiones excesivas de los imperialistas. Desde la Revolución Mexicana, la burguesía ha empleado el nacionalismo, el anticlericalismo oportunista y un matiz socialista en su retórica populista como ariete ideológico para consolidar su poder contra las fracciones en competencia y justificar su represión contra luchas obreras y sublevaciones campesinas (ver el artículo “Un análisis marxista de la Revolución Mexicana de 1910” en Espartaco, núm. 12, primavera-verano de 1999); Cárdenas fue simplemente su mejor exponente.
Cárdenas buscó minar a Calles y a sus otros rivales ganando apoyo en el seno del PNR y el ejército. También buscó reparar las relaciones del estado con la iglesia, nominando como secretario de agricultura a un general católico, Saturnino Cedillo —quien más tarde encabezaría una sublevación rápidamente aplastada, financiada por el imperialismo británico—. Incluso la famosa “educación socialista”, instituida en la Constitución dos meses antes de que Cárdenas llegara al poder, no tenía otro objetivo que elevar la educación de los pobres y trabajadores para hacerlos más aptos para el trabajo asalariado eficiente y más productivos para la burguesía. Buscó ganar para sí el respaldo de los obreros, tomando su lado en luchas importantes para ganar su confianza y poniéndolos bajo el control de una férrea burocracia —la burocracia cetemista—. Un ejemplo ilustrativo de esto fue un conflicto estallado en Monterrey en febrero de 1936, donde el sindicato de la Vidriera Monterrey estalló una huelga en demanda de un nuevo contrato colectivo. Los patrones de inmediato lanzaron una campaña anticomunista contra los obreros. Cárdenas mismo viajó a Monterrey, donde otorgó su respaldo a los obreros y dio un ultimátum a los patrones: si estaban cansados por la lucha social, podían entregar sus fábricas a los obreros o al gobierno.
Cárdenas hizo numerosos llamamientos a que los trabajadores se organizaran en una central única —bajo su influencia—, con la perspectiva de coptar a esa central en su proyecto de partido de “sectores”: militar, obrero, popular y campesino. Esta es una ilustración del bonapartismo corporativista. Al mismo tiempo, se opuso a que las centrales obreras organizaran a campesinos, tratando de organizar a estos últimos directamente como un contrapeso a los obreros. Fue así como en 1938 surgió el antecesor del PRI, el Partido de la Revolución Mexicana (PRM), fundado por el antiguo Partido Nacional Revolucionario (PNR), la CTM y los demás “sectores” campesino, militar y “popular”.
Al final de la Depresión, las inversiones petroleras imperialistas se estaban concentrando en Venezuela, por lo que aún seguía habiendo despidos masivos en México. En 1935, los obreros de Tampico se fueron a huelga general tres veces en solidaridad con los petroleros. Y las huelgas continuaron hasta 1940, cuando Cárdenas desató la fuerza del estado para reprimir a los huelguistas de la antigua refinería de Azcapotzalco. Fue en ese contexto que Cárdenas expropió el petróleo. La expropiación de los ferrrocarriles se dio en un contexto similar. En mayo de 1936, 45 mil obreros ferrocarrileros se fueron a huelga. La huelga fue declarada ilegal por la Junta de Conciliación y Arbitraje, y fue suspendida ante la amenaza de intervención por parte del ejército. Por todo el país hubo una ola de mítines en protesta contra el gobierno y en solidaridad con los obreros. Al mes siguiente, la recién fundada CTM organizó un paro nacional de 24 horas como protesta a la represión contra la huelga ferrocarrilera. Se paralizó la economía: no hubo transportes ni energía eléctrica. Un año después, Cárdenas expropió los ferrocarriles.
En agosto de 1936 estalló una huelga de peones agrícolas en la Comarca Lagunera, con la participación de más de 20 mil trabajadores, entre los cuales el Partido Comunista tenía cierta influencia. Para octubre de ese año, el gobierno de Cárdenas emitió un decreto expropiando y repartiendo las tierras de dicha comarca e instituyendo las bases para la reforma agraria. Para consolidar el dominio burgués nacional, era necesario disciplinar al movimiento obrero. Pero, en la medida en que la burguesía mexicana buscaba frenar un poco las exigencias imperialistas, necesitaba el apoyo de los obreros. La hipocresía “socialista” de Cárdenas tenía ese objetivo: detener cualquier posibilidad de un movimiento obrero independiente y coptar a la clase obrera para sus objetivos burgueses. Cárdenas era un “hombre fuerte” bonapartista burgués y no ningún tipo de socialista reformista.
Los espartaquistas defendemos la industria nacionalizada contra las privatizaciones. Las nacionalizaciones fueron un golpe al imperialismo, y estamos por el derecho de los países coloniales y semicoloniales a explotar sus propios recursos naturales. En “México y el imperialismo británico” (1938), Trotsky explica:
“Los magnates del petróleo no son capitalistas de masas, no son burgueses corrientes. Habiéndose apoderado de las mayores riquezas naturales de un país extranjero, sostenidos por sus billones y apoyados por las fuerzas militares y diplomáticas de sus metrópolis, hacen lo posible por establecer en el país subyugado un régimen de feudalismo imperialista, sometiendo la legislación, la jurisprudencia y la administración. Bajo estas condiciones, la expropiación es el único medio efectivo para salvaguardar la independencia nacional y las condiciones elementales de la democracia.
“Qué dirección tome el posterior desarrollo económico de México depende, decisivamente, de factores de carácter internacional. Pero esto es cuestión del futuro.”
En efecto, en la época imperialista, la emancipación de México, como la de todos los países subordinados a los imperialistas, debe ligarse a la perspectiva de la revolución proletaria en los países industrializados. Trotsky escribió “Las expropiaciones mexicanas del petróleo: un desafío al Partido Laborista británico” (23 de abril de 1938), en donde desenmascara a la dirigencia reformista del Partido Laborista británico, luchando por que el proletariado británico defendiera las expropiaciones mexicanas contra los ataques de la burguesía imperialista.
La burguesía mexicana está subordinada al imperialismo estadounidense, pero no es un mero títere; Cárdenas tomó ventaja de las rivalidades interimperialistas para maniobrar y llevar a cabo acuerdos económicos lucrativos para México. Por ejemplo, hizo enfurecer al imperialismo estadounidense por la venta de petróleo a los nazis. Por otro lado, apaciguó al proletariado mexicano y le retorció las narices al imperialismo estadounidense al dar asilo político en México al fundador y dirigente de la IV Internacional, co-dirigente con Lenin del Partido Bolchevique y organizador de la Revolución Rusa de 1917, León Trotsky.
La postura nacionalista de izquierda del cardenismo fue, necesariamente, muy breve —apenas lo necesario para descarrilar el descontento obrero—. Incluso la “educación socialista” —a la que muchos estudiantes y maestros miran con nostalgia— fue echada para atrás apenas 5 años más tarde. Esto lo explica, fundamentalmente, la imposibilidad de un régimen democrático burgués estable en los países de desarrollo capitalista atrasado. No existe, en la época de la decadencia imperialista, ningún ala “progresista” de la burguesía. En realidad, la única forma de lucha genuinamente antiimperialista, la única forma de deshacerse del yugo imperialista, es mediante la revolución socialista mundial, que requiere indispensablemente la hermandad revolucionaria de los proletarios del mundo.
En el caso de México, la lucha contra las privatizaciones y la embestida burguesa al servicio de los imperialistas debe ligarse a la lucha por la unidad revolucionaria con el poderoso proletariado multirracial estadounidense. Las luchas del proletariado mexicano y estadounidense estan política y económicamente ligadas, y más estrechamente desde la entrada en vigor del TLC y la rapiña del “libre comercio” contra México por el imperialismo estadounidense. El GEM lucha por ganar al proletariado mexicano a una perspectiva revolucionaria internacional conjunta con las luchas de sus hermanos y hermanas de clase del poderoso proletariado estadounidense, mediante el combate contra el nacionalismo que encadena al proletariado a su burguesía. Correspondientemente, nuestros camaradas en la Spartacist League/U.S. luchan por que los trabajadores estadounidenses rompan con el nacionalismo reaccionario y el racismo contra negros e inmigrantes, que domina al movimiento obrero y sirve para atar a los trabajadores a la clase dominante.
http://www.icl-fi.org/espanol/oldsite/CORPOR14.HTM
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2015.10.09 19:32 felipustero Yihadismo; décadas al servicio de intereses occidentales

A tenor de la decisión rusa de involucrarse militarmente en la destrucción de las diversas entidades terroristas presentes en Siria,gobiernos y medios occidentales y árabes han desatado una infame campaña de calumnias y desinformación, destinada tanto a desprestigiar a la Federación Rusa como a tratar de proteger a sus valiosos activos sobre el terreno; las fuerzas yihadistas que tratan de conquistar Siria desde hace más de 4 años.
Sin embargo,esta zafia e inconsistente propaganda no puede borrar de un plumazo la larga trayectoria de décadas de la antigua URSS y de la propia Rusia en su lucha contra el extremismo salafista ; una historia dónde las ultimas acciones en Siria representan el último capítulo hasta la fecha.
De nuevo, la aparición masiva de yihadistas extranjeros en Siria e Irak convertirá pronto a esta guerra en la que más combatientes habrá atraído de la historia reciente.Por ahora,el conflicto de Siria sería el segundo destino que más combatientes extranjeros ha congregado, sólo superado por la guerra de Afganistán, si bien esta guerra se prolongó durante 14 años y la de Siria lleva 4 años y medio.
Y es que ciertamente un análisis de la trayectoria y características históricas recientes que ha presentado la aparición de importantes núcleos de combatientes yihadistas arroja una evidente conclusión; no es posible que siga siendo utilizado por Occidente el tradicional discurso que apunta a una denominación del yihadismo como un fenómeno espontáneo,que toma la forma de guerra asimétrica insurgente y que se manifiesta como opuesta a los valores y ambiciones occidentales.
Muy al contrario,y como demuestran los casos de Afganistán,Yugoslavia,el Cáucaso ruso,Libia,Iraq o Siria,históricamente el fenómeno yihadista ha supuesto y sigue suponiendo un instrumento recurrentemente utilizado para desestabilizar y combatir a estados no aliados u opuestos a la hegemonía anglosajona y a los intereses de sus aliados árabes.
Históricamente,esos enemigos fueron la URSS y las formas de Socialismo y Pan-Arabismo árabe no supeditadas a la visión hegemónica de Washington: posteriormente Rusia y hoy en día,este activo yihadista se dirige también contra China,con la aparición de organizaciones terroristas afiliadas de Al Qaeda en la región autónoma de Xinjiang Uigur.
El control occidental del fenómeno yihadista El recientemente publicado libro de Michael Springmann ( "Visas para al-Qaeda: Los papeles de la CIA que sacudieron al mundo"), escrito ni más ni menos que por el ex jefe de la sección de visados de Estados Unidos en Jeddah (Arabia Saudita) detalla específicamente cómo:
"Durante la década de 1980, la CIA reclutó y entrenó a los agentes musulmanes para luchar contra la invasión soviética de Afganistán. Más tarde, la CIA movería a esos agentes desde Afganistán hasta los Balcanes, y luego a Irak, Libia y Siria, viajando con visas ilegales de Estados Unidos. Estos combatientes apoyados por Estados Unidos y entrenados podrían transformarse en una organización que es sinónimo de terrorismo yihadista: al-Qaeda". (1)
A tenor de estas revelaciones,es legítimo pensar que Estados Unidos y el Reino Unido han venido manejando estas redes desde hace décadas y ,por tanto, es igualmente lícito pensar que el ISIS es solo un capitulo más de una larga trayectoria iniciada con la guerra anti-soviética en Afganistán.
Igualmente corrobora que Estados Unidos lleva apoyando a Al Qaeda y sus organizaciones afiliadas (como el propio Estado Islámico) desde hace casi medio siglo y especialmente desde la guerra afgano-soviética,cuando la CIA,con la colaboración cercana del MI6 británico, el Mossad de Israel, la Inteligencia Inter-Servicios de Pakistán (ISI) y la Inteligencia de Arabia Saudita (GIP),creó campos de entrenamiento en Pakistán por los que se calcula transitaron unos 35.000 yihadistas procedentes de 43 países islámicos desde 1982 a 1992.
Los Hermanos Musulmanes,instrumento occidental Es fundamental observar la actuación de la organización de los Hermanos Musulmanes,la formación política más antigua de Egipto y del mundo árabe ,para tratar de comprender la trayectoria del yihadismo en los siglos XX y XXI.
En 1928,Hasan al-Banna crearía en Egipto la Sociedad de los Hermanos Musulmanes,con el propósito de liderar un renacer político del Islam.Su ideología trataba de aunar rasgos de modernidad con el soñado objetivo de restablecer un Califato regido por la pureza y moralidad de los primeros seguidores de Mahoma, los Salaf (de donde procede el término salafismo) y que cubriese todos los aspectos de la vida social y política rechazando los valores occidentales.(liberalismo,ateísmo,laicidad,materialismo,igualdad de género etc..)
Said Qutb en Colorado,junto a William.L.Ross,Presidente del Colorado State Teacher's College (1949) Sin embargo resulta curioso que el principal teórico de la Yihad,el también egipcio Said Qutb,comenzase a propagar sus doctrinas tras estudiar en los Estados Unidos a finales de los años 40.Impulsó la radicalización de los Hermanos Musulmanes y abogó,en un principio, por apoyar la corriente pan-arabista y secular de Nasser para derribar el régimen egipcio del rey Faruq I en los años 50.
El gobierno militar de Nasser,con fuerte componente nacionalista y tendencia izquierdista, fue apoyado por la URSS. Pronto EE.UU entendió que el modelo político desarrollista y con fuerte participación estatal ,implantado por Nasser, estaba alcanzando demasiada influencia en el Tercer Mundo y comenzó a trazar planes para revertir la situación.Para ello serían utilizados los Hermanos Musulmanes.
Azzam en Afganistán. Por tanto,esa alianza anti-natural tardó poco en fracturarse cuando el gobierno de Nasser comenzó la represión de la organización.Fue el momento en el que Qutb declaraba como enemigos a todos los gobiernos no islamistas de los países musulmanes.Las acciones de Nasser,incluída la ejecución de Qutb en 1966, originó el nuevo patrocinio de la Yihad por parte de Arabia Saudí, donde la dinastía wahabita Saud cobijó al hermano de Qutb, Muhhamad Qutb ,que fue respaldado por un clero saudí comprometido con la difusión de interpretaciones puritanas del Islam.
Said Ramadan. Y sería en Arabia Saudí donde el palestino Abdullah Azzam establecería contactos con exiliados de la Cofradía y comienza a organizar una verdadera red mundial de yihaddistas.Como teólogo en la King Abdul Aziz University en Jeddah (Arabia Saudí),donde permaneció hasta 1979,defendía la necesidad de defender el Islam, como había mantenido Qutb.
Como principal inspirador del movimiento de los Árabes Afganos se trasladó a Afganistán junto con miles de voluntarios de numerosos países árabes (especialmente saudíes) para luchar contra las fuerzas soviéticas.
Otro de los históricos fundadores de la Hermandad,Said Ramadán, se refugió en Suiza tras la persecución del régimen de Nasser .Allí,en 1959 Said creó el Centro Islámico de Ginebra, el primer instituto de ese tipo en Europa y con apoyo saudí contribuyó decisivamente en la creación de la llamada Liga Islámica Mundial.(2)
Existen documentos desclasificados que apuntan a la más que posible cooperación entre Ramadan y la inteligencia británica y estadounidense.
Una nota confidencial de los servicios secretos suizos del 17 de agosto de 1966,detalla el trato de la BUPO, la Policía federal de Protección del Estado, hacia Said Ramadán:
"Ciertamente está en excelentes términos con los ingleses y los estadounidenses». Otro documento, del 5 de julio de 1967, se muestra todavía más preciso. Presenta a Said Ramadán como un «agente de información de los ingleses y de los estadounidenses». Además entiendo que ha prestado servicios –en el ámbito de la información- a la BUPO." (3)
S.Ramadan es el segundo por la derecha En su libro "Une mosquée à Munich. Les Nazis, la CIA et la montée des des Frères musulmans en Occident" ,el periodista estadounidense Ian Johnson no solo confirma y profundiza en las relaciones de Said con agentes de la CIA en la antigua RFA sino que recuerda que ya en julio de 1953 una delegación de musulmanes, entre ellos Said Ramadán, fue invitada por Estados Unidos y recibida en la Casa Blanca.Eisenhower,el entonces presidente estadounidense declaraba al respecto que en sus relaciones con los dirigentes árabes, "nuestra fe en Dios debería darnos un objetivo común: la lucha contra el comunismo y su ateísmo".
Mientras tanto en Egipto,tras la desaparición de Nasser llegaría al poder Sadat,quién rompió con la URSS y se alió a EE.UU,haciendo de Egipto el primer país árabe que reconoció al estado de Israel.
Simbiosis Occidente-Hermanos Musulmanes Como hoy ocurre en Siria,desde hace décadas las monarquías suníes del Golfo siguen alimentando y protegiendo el salafismo.
Pero tras del poder e influencia de los Hermanos Musulmanes no solo aparecen los tradicionales saudíes,kuwaitíes,turcos etc..EE.UU o Reino Unido han cooperado,financiado,manejado y utilizado a los Hermanos Musulmanes desde hace décadas hasta la actualidad.Es la Hermandad Musulmana quién se encuentra tras la fachada del llamado OSDH (Observatorio Sirio de Derechos Humanos),quién desde Reino Unido lleva actuando como altavoz mediático de los "opositores sirios" desde 2011, encontrando un fabuloso eco mediático en la prensa occidental .Es esa prensa occidental la que se comporta como principal exportadora de la propaganda yihadista en Siria a base de repetir mecánicamente las falsas informaciones elaboradas por la Hermandad.
De la misma manera ,únicamente gracias al apoyo financiero y mediático de sus patronos árabes y anglosajones es posible comprender como ,por ejemplo, era encumbrada la figura del otrora "peligroso" Rached Ghannouchi, el líder del partido islamista tunecino Annahda,quién sería declarado por la revista Foreign Policy (4) como "uno de los intelectuales más importantes del año 2011" junto a personajes como el Primer Ministro turco Tayyip Erdogan, Bernard Henri Lévy o Wael Al-Ghoneim, responsable en Egipto de Google y figura del levantamiento egipcio en Facebook; todos ellos pertenecen o guardan estrecha relación con la Hermandad.
Afganistán; la Yihad puesta al servicio de los intereses geopolíticos estadounidenses Sucedió hace mas de 26 años; un 15 de febrero de 1989, las últimas tropas soviéticas se retiraban de Afganistán.Atrás quedaban casi 10 años de un terrible conflicto que se había cobrado la vida de cerca de 15.000 soviéticos, gracias a la fanática intervención de decenas de miles de voluntarios yihadistas llegados desde todos los rincones del mundo.
Breve Historia de Afganistán en el siglo XX El gobierno dirigido por Lenin nacido de la Revolución Bolchevique de 1917, había sido el primero en prestarse a reconocer la independencia de Afganistán alcanzada en agosto de 1919, al término de la Tercera Guerra Anglo-Afgana por la cuál se liberaba de una influencia británica que había comenzado casi 100 años atrás (1837).
El líder de la independencia fue Amanullah Kan ,quién también promulgaría una Constitución de corte relativamente liberal y convirtió al nuevo país en el primer Estado del mundo en establecer relaciones diplomáticas con la Unión Soviética,aún inmersa en su propia guerra civil.
Daud Khan,presidente afgano entre 1973-1978 El reinado de Amanullah se extendería hasta 1929 cuando una serie de revueltas acabaron por derrocarlo. La convulsa historia de Afganistán se vería marcada por una sucesión de dirigentes y conspiraciones palaciegas hasta que en el año 1965 tuvieron lugar las primeras elecciones parlamentarias en el país,eso sí,siempre bajo los auspicios de la reinante dinastía Mohammadzai.
En 1973 iba a producirse el golpe de Mohammed Daud Khan,quien de inmediato proclama la república.Este nuevo sistema, sin embargo, no es capaz de consolidarse y perpetúa un régimen corrupto y oligárquico incapaz de ofrecer soluciones a un país donde el 97% de las mujeres y del 90% de los hombres eran analfabetos, alrededor del 5% de los propietarios poseían más del 50% de las tierras fértiles y la esperanza de vida era de 40 años.(5)
Socialismo afgano Solo 5 años después,en 1978,una oleada de masivas protestas era reprimida de manera brutal,incluida la persecución a los ex-aliados del PDPA.Fue el momento propicio para que el Partido Democrático del Pueblo de Afganistán (PDPA,de clara orientación marxista-leninista) se hiciera con el poder tras la denominada Revolución Saur apoyada en el incipiente movimiento comunista clandestino presente en Afganistán.
Milicia femenina afgana del PDPA. El gobierno del PDPA inició una serie de reformas en el área de la alfabetización nunca antes vista,estableció la laicidad del Estado,trató de ejecutar una reforma agraria y se esforzó decisivamente en la equiparación de en derechos entre hombres y mujeres,entre otras iniciativas.
Pero el momento clave se sitúa cuando a finales de 1978, el nuevo gobierno afgano firmaba un Tratado de Amistad y Cooperación con la URSS.La reacción de EE.UU fue la orden de Jimmy Carter a la CIA para proceder a la financiación en secreto de la oposición al gobierno,es decir,los muyaidines talibanes.
Tras un sangriento año de atentados terroristas y revueltas armadas ,el desbordado Gobierno afgano solicitó ayuda a la URSS, concretándose el 25 de diciembre de 1979 el envío de tropas soviéticas en apoyo al gobierno de Afganistán.La U.R.S.S. temía la expansión del islamismo político al Asia Central y escogió la intervención como solución mientras que dicha intervención era de inmediato presentada por la administración Reagan como una muestra del expansionismo soviético.
La URSS interviene en Afganistán En menos de 24 horas, el Ejército Soviético lograba controlar con facilidad las principales ciudades afganas.
Por su parte,y a través de Pakistán y Arabia Saudí,la CIA respondía armando y financiando a los talibanes mediante la "Operación Ciclón" consistente en suministrar de armamento, adiestramiento y apoyo económico al bando islamista con el fin de desestabilizar a la URSS.En realidad,a EE.UU se le presentaba la histórica oportunidad de dañar a la URSS en un país fronterizo poblado por los mismos grupos étnicos que dos de sus repúblicas centroasiáticas, Uzbekistán y Tayikistán.
La imposibilidad de una intervención directa obligaba a Washington a delegar en aliados regionales,especialmente Pakistán; EE.UU pondría el dinero y los suministros militares y el ISI pakistaní se encargaría de repartirlos.Las embajadas pakistaníes comenzaron a otorgar visados a todos los voluntarios que quisieron ir a luchar a Afganistán mientras que EE.UU. llegaba a un acuerdo para que que Arabia Saudita igualara toda cantidad que la CIA destinara hacia la resistencia afgana,canalizando también los saudíes mucho dinero privado recogido en colectas en las mezquitas y en contribuciones particulares a través de ONG musulmanas.
Universitarias afgnanas,años 70. Posteriormente, bajo la presidencia de Ronald Reagan en la década de 1980, EE.UU se propuso profundizar su política de instrumentalización de cierta parte del mundo islámico en su favor: con la inestimable financiación saudí ,se dedicó a hacer proliferar escuelas coránicas en Afganistán y Pakistán,incluyendo dentro del adiestramiento doctrinario la capacitación para llevar a cabo una verdadera insurgencia violenta contra los soviéticos y sus aliados afganos.
Las fuerzas yihadistas se vieron de esta forma en condiciones para plantear una auténtica guerra de guerrillas contra el Ejército Soviético que se prolongaría hasta febrero de 1989,costando a la URSS la vida de unos 15.000 efectivos y otros 54.000 heridos; dos años después la URSS se desplomaría formándose la actual Federación Rusa.
Retirada soviética; nace el Emirato Islámico de Afganistán Tras la retirada soviética, en la República Democrática de Afganistán llegaría el hundimiento del estado afgano,sometido a un férreo bloqueo comercial internacional.Pese a que los yihadistas solo controlaban las provincias de Bamiyán y Tolukán,se vió incapaz de frenar la avalancha de armas y combatientes que arribaban a Afganistán.En 1990, el gobierno perdió el control de las principales ciudades y hacia 1991 sólo mantenía el control sobre el 10% del territorio. Finalmente en 1992, los muyahidines entraban en Kabul sin encontrar resistencia poniendo fin al proyecto socialista afgano.
Yugoslavia; la irrupción del yihadismo en los Balcanes El extremismo islámico haría de nuevo su aparición en el conflicto que desgarró la antigua República Federal de Yugoslavia.
La religión de Mahoma, llegada con las lanzas del Imperio Otomano hace siglos, forma parte de la identidad balcánica.En la antigua Yugoslavia dicha cuestión religiosa no supuso un especial foco de tensión como si sucedió en otros países del campo socialista.De hecho,las diferentes identidades étnico-religiosas se integraron en la propia identidad multicultural yugoslava de manera más o menos natural; en 1986 en Yugoslavia había más de 3.000 mezquitas, para una población musulmana de 3,8 millones de habitantes (16% del total).(6)
Plenamente integrados, los musulmanes yugoslavos obtuvieron su Constitución como Comunidad Islámica en 1968, como una nación yugoslava más,gracias a la acertada política del Mariscal Tito respecto a los territorios de mayoría musulmana.Aún con plena consciencia de su identidad religiosa,ésta comunidad se definía también como una cultura fuertemente secularizada cuyo mayor vínculo social era la nación y no la religión; un panorama donde el salafismo,simplemente,no tenía opción de prosperar.
Un panorama que cambiaría radicalmente cuando durante la guerra arribaron a Bosnia- Herzegovina o Kosovo más de 4.000 muyahidines provenientes de Arabia Saudí, Siria, Libia, Pakistán o Irán,entre otros lugares.
Durante la guerra de la década de 1990 Bosnia se convirtió en un polo de atracción para los yihadistas.Fueron introducidos miles de combatientes extranjeros que respaldaban a las fuerzas musulmanas frente a la República Federal Yugoslava y a las fuerzas serbo-bosnias mediante los mismos procedimientos y por los mismos actores que en Afganistán. Sembraron la semilla del salafismo en la región,llevando también a cabo una limpieza étnica en aldeas de mayoría serbia escandalosamente silenciada por la prensa occidental,mucho más atareada en fabricar y procesar mediáticamente los sucesos de Sbrenica.
Precisamente respecto a este oscuro episodio,el general canadiense Lewis Wharton Mackenzie ( nombrado jefe del Estado Mayor de la fuerza de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas en la ex Yugoslavia en febrero de 1992) describe en su libro "Peacekeeper: The Road to Sarajevo" una versión diferente de los hechos y unos puntos de vista opuestos a la versión oficial acerca de la masacre de Srebrenica en julio de 1995.
Mackenzie pone en duda el número de 8.000 musulmanes bosnios asesinados y niega que Srebrenica fuera una zona protegida por las fuerzas de la ONU.Describe como los paramilitares bosnios musulmanes, bien equipados y entrenados, partían desde la zona de Srebrenica para quemar aldeas serbias y cometer matanzas, para luego retornar a la “zona segura” controlada por las fuerzas de la ONU.
Años más tarde ,la consecuencia de tan nefasta complicidad,como relata Esad Hecimovic, un periodista bosnio especializado en el tema ,es que:
"Durante los conflictos en los Balcanes, teníamos a combatientes extranjeros. Ahora tenemos a combatientes de Bosnia y de los Balcanes que participan en guerras en otros lugares del mundo".
Nusret Imamovic. La influencia de las tendencias salafistas sigue dejándose sentir en lo que se ha llamado “zelena transverzala” (corredor verde entre Bosnia, Sandžak-Serbia, Kosovo y Bulgaria) también conocido como el "corredor yihadista de los Balcanes".
Los casos de Osve y Gornja Maoca, dos aldeas compradas por el Estado Islámico y enclavadas en ese área, demuestran que el islamismo radical lleva años asentándose en los Balcanes y continúa siendo cantera imprescindible para la yihad global,alimentada y perpetuada mediante el establecimiento de ONGs musulmanas vinculadas al "wahabismo militante" y gracias a las cuáles muchos jóvenes musulmanes sin recursos aceptan becas para poder estudiar en universidades establecidas en países del Golfo Pérsico, especializadas en la difusión de las tesis islamistas más radicalizadas.(7)
Osve (Bosnia) Por eso alrededor de 500 bosnios se han unido al Estado Islámico (EI) según estimaciones de los servicios secretos locales,guiados y dirigidos por auténticos veteranos de la yihad global como el imán Husein Bosnic, veterano miembro de una unidad de muyaidines durante la guerra de Bosnia compuesta también por extranjeros y que es la cabeza visible del actual movimiento wahabita local tras la partida a Siria en 2013 de su "predecesor" Nusret Imamovic como importante figura dentro del Frente al Nusra.Bosnic ha sido inculpado por "incitación pública a actividades terroristas" y "reclutamiento" de yihadistas.
"Recibía dinero procedente de personas de países árabes. Se trata de cantidades importantes", afirmó durante el juicio el fiscal Dubravko Campara.(8)
Yihadismo en el Cáucaso Tras el proceso de disolución ( tanto del Pacto de Varsovia como de la URSS) entre 1989 y 1991, el yihadismo siguió siendo considerado desde Occidente como un instrumento valido para también desmantelar la Federación Rusa.
En Chechenia,fue proclamada unilateralmente una independencia que pronto derivó en la instauración del Emirato Islámico de Ichkeria, una artificial creación únicamente reconocida por el Emirato Islámico de los talibanes en Afganistán,en una región de tan amplia importancia estratégica para el tránsito de hidrocarburos.
Se desató una primera guerra cuando Rusia trató de retomar el control en Chechenia (1994-95) y donde se pudieron observar los mismos rasgos de violencia extrema que aplica el yihadismo actual,no exentos de una eficacia militar probada habida cuenta de la experiencia de muchos militantes presentes en conflictos como el de Bosnia o incluso Afganistán.Sobra decir que fueron nuevamente respaldados durante todos aquellos años por unas potencias occidentales extraordinariamente animosas a la hora de apoyar cualquier confrontación con Rusia como sucedería durante el conflicto con Georgia en 2008.
Tras la retirada rusa en 1996, una importante estructura yihadista se consolidó en la región albergando campos de entrenamiento para yihadistas llegados de todo el mundo y centros de estudios salafistas subvencionados generosamente por países del Golfo Pérsico. Desde 1996 hasta 1999 ,miles de yihadistas se instalaron en el Cáucaso norte en medio de un caos total y de los desmanes e imposiciones de los yihadistas extranjeros,que terminaron por alzar a los propios chechenos en su contra.
Fue así como el clan Kadírov acordó apoyar a la Federación de Rusia en su operación antiterrorista en Chechenia en 1999.A su vez,una terrorífica campaña terrorista golpeó Moscú y otras ciudades en el verano de 1999 .Estos atentados,junto con la invasión de Daguestán por yihadistas procedentes de la vecina república de Chechenia, terminarían por convencer a Rusia de la urgente necesidad de una intervención militar.
Bajo la presidencia de Vladimir Putin,Rusia decidía finalmente poner fin a la inestabilidad y el recurrente terrorismo que golpeaba sistemáticamente intereses rusos y procedió a una segunda y aún más sangrienta guerra (1999-2000).
Durante este período Rusia sufrió los efectos del terrorismo yihadista en episodios trágicos como la toma del teatro Dubrovka de Moscú (129 rehenes muertos, en 2002), el asalto a la Escuela Número 1 de Beslán (en 2004, con un balance de 330 rehenes muertos) u otro atentado contra el Metro de Moscú también en 2004 que provocó 40 muertos.
Oficialmente,en abril de 2009 el Kremlin ponía fin a las operaciones antiterroristas en la república consolidándose el régimen prorruso de Ramzan Kadirov,en un territorio con mayor estabilidad pero que nunca ha dejado de ser campo de batalla entre Rusia y el yihadismo internacional.
 Akhmed Yevloyev (Magas) 
Otros territorios colindantes como las repúblicas federadas de Daguestán o Ingushetia -pero incluso la propia Chechenia u Osetia del Norte, única república del Cáucaso norte con mayoría cristiana. – tampoco han dejado nunca de ser escenario y campo de batalla predilecto para los yihadistas salafistas.
En estas circunstancias,y ocultados a la opinión pública occidental,durante años los rusos han venido cosechando importantes éxitos en su lucha anti-terrorista.Entre los más significativos contaríamos la eliminación de Sayyed Buryatski, principal ideólogo de los yihadistas en el Cáucaso en 2010,la detención del emir del Frente del Cáucaso, Magas, único líder yihadista de importancia capturado vivo y sucesor del sanguinario Shamil Basayev,después de que éste fuera eliminado en julio de 2006. (9)
Umarov. El último gran éxito es la muerte de Dokku Umarov en 2014.Al frente del Emirato del Cáucaso,asumió la autoría del del atentado con bomba contra el tren de pasajeros 'Nevsky Express' (10) que en 2009 costó la vida a 28 personas,las explosiones en el metro de Moscú en 2010 (37 muertos) o la explosión en el aeropuerto Domodedovo en 2011 (38 muertos).(11)
A la vista de un expediente similar,¿es posible cuestionar la legitimidad y autoridad moral de Rusia para combatir,una vez más,al yihadismo en Siria?
NOTAS: (1)http://www.foreignpolicyjournal.com/2015/04/15/is-the-whole-war-on-terror-a-fraud/ (2)http://www.bibliotecapleyades.net/sociopolitica/esp_sociopol_muslimbrotherhood07.htm (3)http://www.renenaba.com/egypte-les-freres-musulmans-au-seuil-du-pouvoi (4)http://foreignpolicy.com/2011/11/28/the-fp-top-100-global-thinkers-4/ (5)http://www.marxist.com/afghanistan-russian-bureaucracy150180.htm (6)http://www.esglobal.org/el-islam-en-los-balcanes-fin-del-secularismo/ (7)http://www.mirror.co.uk/news/world-news/isis-set-up-stronghold-heart-6094785 (8)http://news.yahoo.com/once-magnet-foreign-mujahedeen-bosnia-now-exports-them-143013257.html (9)http://www.warheat.com/web/noticias/hemeroteca/vigencia-del-terrorismo-yihadista-salafista-dentro-y-fuera-del-transcaucaso-ruso-1a-parte/ (10)http://www.bbc.com/news/world-europe-18162643 (11)http://actualidad.rt.com/actualidad/view/124659-terrorista-doku-umarov-eliminado Publicado por Daniel Trujillo Sanz en 2:26
http://lugrogeopolitica.blogspot.com.es/2015/10/yihadismo-decadas-al-servicio-de.html
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